Premio a los cimientos de la historia del XX

La Panera de Gordoncillo ha recibido un galardón por su restauración. El edificio pudo haber sido escuela, al final guardó trigo y hoy es espacio para el arte

Teresa Giganto
30/11/2015
 Actualizado a 17/09/2019
Fachada externa del edificio de la panera, premiada por el ILC. | TERESA GIGANTO
Fachada externa del edificio de la panera, premiada por el ILC. | TERESA GIGANTO
El tapial de las paredes de la Panera de Gordoncillo parece ahora recién puesto y su cubierta de madera presume en su planta superior como si estuviese estrenada de hace pocos días. Nada excepto las característica de su arquitectura hacen pensar al visitante que se trata de un edificio del pasado siglo hecho para guardar trigo, pero que bien pudo haber guardado saber ya que se proyectó antes hacer en ese mismo solar una escuela. Esa rehabilitación y reconversión del edificio tan meticulosa hace que se respire la historia del siglo XX de Gordoncillo entre sus muros. Y eso tiene premio. En este caso es el primer puesto del concurso que lleva fallando 4 años la Diputación de León a través del Instituto Leonés de Cultura.

Las obras de rehabilitación de la Panera comenzaron en mayo de 2011 y finalizaron el 1 de octubre de 2013. Su inauguración no fue hasta agosto del año siguiente ya que las obras se integraban dentro de un proyecto más amplio y ambicioso en el que se incluía también la restauración de la fábrica de harinas y del resto del entorno. No están tan nítidas las fechas de su construcción aunque según los testimonios orales todo apunta a que fue alrededor de 1937. Sí hay constancia de que previamente y en el mismo solar se proyectó construir unas escuelas públicas en tiempos de la Segunda República. Un pleno reunido el 21 de junio de 1936 dio a conocer la subvención de 20.000 pesetas asignada por el Gobierno para la construcción del nuevo centro escolar y el Ayuntamiento sacó a subasta pública la construcción de las escuelas, un proyecto de Luis Aparicio Guisasola, quien fuese arquitecto municipal de Astorga y que cuenta con varias construcciones en la provincia. Al mes se desencadenó la Guerra Civil y aquello continuó siendo un solar para convertirse poco después en la Panera que es hoy.

Hay datos de que comenzó a funcionar como almacén receptor de grano para el Servicio Nacional del Trigo en diciembre de 1938 y de él se aprovechó también Germán García Luengos, propietario de una harinera ubicada junto al premiado edificio.  

El tapial con el que está construido el edificio tiene nombre propio: Aquilino Peña, maestro del barro y el tapial que junto a una cuadrilla de obreros se encargó de este. Él fue quizá el responsable de que hoy la Panera luzca como nueva después de 80 años gracias al buen apisonado de los muros. En perfecto estado se conserva también la cubierta de madera que por entonces fue colocada por  los carpinteros de los Almacenes Ponga de Valencia de Don Juan, cuyo propietario Julio García Luengos era hermano del dueño de la Panera. Las obras procuraron en todo momento conservar la esencia del edificio y de quienes lo construyeron en su día y por eso se conservaron, en la medida de lo posible, el máximo de elementos originales de la construcción.

La Panera supone hoy para Gordoncillo un motor más del municipio para atraer el turismo y disfrutar de la cultura en el marco del Museo de la Industria Harinera de Castilla y León, pero en su día fue el cimiento de la economía harinera propia de la zona, llena de grandes extensiones de terreno cultivado de cereal. Ahora le llega el reconocimiento a su arquitectura y su recuperación igual que al molino hidráulico de Caboalles de Abajo, que también ha recibido el premio en la modalidad de restauración.
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