“El quebrantahuesos estaba extinguido en Picos de Europa y en Gredos desde mediados del siglo XX. Pero ahora somos muy optimistas con las reintroducciones realizadas porque son áreas perfectas para crear poblaciones estables, sobre todo, viendo el comportamiento de los ejemplares que ya crían, y que tienen seguimiento por GPS”. El vicepresidente de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ), Gerardo Báguena, señala a Ical que, lejos ya de ser una utopía, el Gypaetus barbatus, en la parte más elevada de la cadena trófica y conocido por su dieta de huesos y por arrojarlos desde grandes alturas para romperlos, ya ha elegido Castilla y León para quedarse.
La colaboración de los gobiernos de Castilla y León y Aragón, que ha cedido ejemplares pirenaicos en el marco del proyecto Life Quebrantahuesos, junto el esfuerzo de la Fundación, ha permitido que, más de medio siglo después, se puedan observar estas aves rapaces en los cielos limpios de Picos de Europa, en León, Asturias y Cantabria, y de Gredos, en Ávila. Como sucede con la fauna en general, el quebrantahuesos no entiende de fronteras, con lo que el proyecto que gestiona la FCQ busca la interconexión de la población abulense con la de Cazorla y con el centro de Portugal, a través del Duero internacional.
Pero hay otra noticia positiva, lejos de la introducción. “En el Moncayo se produjo un nacimiento natural hace dos o tres años, pero el pollo no salió adelante. Ahora, sin embargo, gracias al GPS, vemos que una pareja se mueve constantemente por la Ibérica, entre Burgos y Soria”, se congratula el jefe de Servicio Central de Espacios Naturales, Flora y Fauna, David Cubero, quien se congratula de la vuelta de este animal a un área de la que desapareció hace más de cien años.
En la actualidad, se contabiliza una población estable de 11 quebrantahuesos reproductores en Gredos, más otros dos que habitualmente llegan del proyecto de Cazorla, “van al norte y regresan”. Estos animales tienen edad suficiente para ser reproductores en dos o tres años.
Mientras, en Picos de Europa la población llega a medio centenar, un contingente “bastante interesante”, según Báguena, con parejas estables, pollos en libertad y “territorios defendidos por machos y hembras”. “Empezamos a ver una población incipiente, la que debió ser hasta el siglo XX”, comenta, para deslizar que la supervivencia tiene futuro, pues “apunta a que los recursos de alimentos son óptimos y suficientes para que los esfuerzos hechos estén justificados”. “Somos optimistas, porque la población se ha podido recuperar en un parque nacional”, espetó.
Báguena detalló que se trata de la única especie del mundo que “solo recurre a huesos” para su alimentación, y los ingiere directamente, algunos de hasta 30 centímetros. Este producto cuenta para este ave con gran contenido proteínico, sobre todo osteína, un nutriente que “atiende todas las necesidades energéticas” del animal. El quebrantahuesos se encuentra en la parte más elevada de la cadena trófica porque “cuando muere un rebeco o una cabra, los buitres lo descarnan” y después este ave se come los huesos, todos menos el cráneo y las vértebras, que son “dificultosos para ellos porque se astillan al partirlos”.
Cubero, por su parte, adelantó que continuarán con las liberaciones en Picos de Europa y Gredos, con el objetivo de alcanzar poblaciones reproductoras, gracias a las cesiones del Gobierno aragonés, que cede los pollos, procedentes de “retiradas de puestas o nidos no viables”. “Agradecimiento total por la cesión de estos huevos, que están permitiendo la recuperación de una población en la Cordillera Cantábrica y en Gredos”, comentó, para explicar que cuando los huevos eclosionan, en mayo se trasladan las crías a una jaula ‘haking’, una solución técnica para lograr la liberación exitosa y segura de las aves, donde permanecen varias semanas para su aclimatación antes de su suelta.
En estos momentos, la Junta de Castilla y León colabora con 70.000 euros para la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, que ha liberado ya 13 ejemplares en Gredos en los últimos cuatro años, de los que han muerto tres, con lo que el porcentaje de supervivencia “es muy bueno”, constató Cubero. En Picos de Europa el proyecto tiene más antigüedad, más de una década.