Si fue una sorpresa en todas las redacciones el nombre de María Lorenzo Valero, la ganadora de la XIX edición del Premio Jordi Sierra i Fabra, lo fue aún más su madurez para ponerse ante los micrófonos y desvelar los entresijos de ‘El muñeco del maestro’, aunque algo se podía intuir cuando el Jurado hablaba de un «relato realista, intenso y bellamente escrito, con una profunda sensibilidad».
Sigue sorprendiendo —«ahora ya con 18 años», dice sonriendo— la lucidez de una universitaria que ya es alumna de aquello que entonces decía que le gustaría estudiar, Filología, y que sigue su carrera literaria, en la que hace unos meses ha sido reconocida con el Premio Arte Joven de Castilla y León —«ya con 17 años»— por su relato ‘Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí’.
María cuenta, con la palabra de quien cultiva la literatura con una prosa bellamente escrita, su proceso natural para llegar a la novela: «El secreto está en la lectura, siempre me ha gustado mucho leer y tuve la suerte de crecer en una familia en la que todos son lectores. Creo que para ser una buena escritora hay que ser una mejor lectora».
La génesis de la novela con la que ganó el premio Sierra i Fabra define también la personalidad de María, sus inquietudes. «La historia nació en una labor de voluntariado en una residencia de ancianos, allí conocí a una mujer con alzheimer que lo único que recordaba era la historia de su maestro, en la montaña leonesa en plena posguerra... de ahí fui tirando del hilo, me documenté sobre aquella etapa de nuestra historia, exploré en el lenguaje del mundo rural...».
Y como la historia hablaba de un maestro encontró la oportunidad de realizar un reconocimiento que le apetecía mucho. «La novela es un homenaje a mis profesores, de todas las etapas, y como soy de una familia de docentes pues aún mejor, extendí el homenaje a todos los maestros, no solo a los míos».
Anoten su nombre. Ya nunca será una sorpresa verlo asociado a un galardón. No hace falta ser adivino para verlo.