Hay pocas cosas que León haya exportado al universo con tanta nitidez como sus dos astronautas. Pablo Álvarez y Sara García, los únicos españoles activos en la nómina de la Agencia Espacial Europea, son leoneses. Los dos. Una coincidencia que ya bordea lo estadístico y que este miércoles volvió a tener un escenario apropiado: la Base Aérea de San Javier, en Murcia, donde ambos acompañaron a una treintena de jóvenes en el primer vuelo parabólico escolar organizado en España bajo el programa 'Astronauta por un día'. Entre esos jóvenes, un leonés, Miguel, demostrando que esta tierra parece empeñada en acumular protagonismo espacial por encima de su peso demográfico.
El programa, impulsado por la Agencia Espacial Española a través del Ministerio de Ciencia, seleccionó a 30 estudiantes —25 de Bachillerato y cinco universitarios— de entre cerca de 400 aspirantes de toda la geografía española. El proceso no fue un sorteo: se valoró el expediente académico, un vídeo de motivación y un reconocimiento médico. El resultado fue un grupo de 19 chicas y 11 chicos repartidos por doce comunidades autónomas.
Lo que vivieron a bordo del avión militar en San Javier no tiene fácil traducción terrestre. Los vuelos parabólicos simulan durante breves intervalos las condiciones de microgravedad que experimentan los astronautas en órbita: el aparato asciende bruscamente, alcanza el vértice de la parábola y cae en caída libre controlada, generando entre veinte y treinta segundos de ingravidez por maniobra. Para la mayoría, fue el primer contacto físico —y bastante literal— con la física que hasta entonces solo habían estudiado en un pupitre.

Álvarez y García no estuvieron como meros figurantes. Su presencia demuestra a los jóvenes que estudiar, especializarse, competir en convocatorias internacionales y acabar seleccionado por la ESAb es posible. Que no es una fantasía de película. Y que puede empezar, como en su caso, en una ciudad de provincias del interior de España.
La ministra Diana Morant aprovechó el acto para defender la inversión pública en ciencia espacial, señalando que la aportación española a la ESA se ha triplicado en la legislatura hasta los 450 millones de euros anuales. El argumento es el habitual en estos casos —"las tecnologías del futuro vendrán del espacio"— pero la jornada de San Javier ofrece un ángulo más concreto y menos grandilocuente: treinta chavales que ahora saben, por haberlo sentido en el cuerpo, qué significa flotar.
Los participantes han sido nombrados Embajadores del Espacio de la Agencia Espacial Española durante un año, con el encargo de difundir vocaciones científicas en sus entornos. Es un cargo más simbólico que retribuido, pero no irrelevante. León, que ya tiene dos astronautas y un programa espacial propio en la Universidad, lleva años construyendo sin demasiado ruido una pequeña tradición aeroespacial. Lo de este miércoles en San Javier es, entre otras cosas, la demostración de que esa tradición empieza a tener continuidad.