"Necesitamos políticas que hagan viable mantener actividad en el territorio"

Entrevista a Fernando Castedo, coordinador del 'Máster Fuego' y experto en incendios forestales

30/08/2026
 Actualizado a 30/08/2026
Fernando Castedo. | L.N.C.
Fernando Castedo. | L.N.C.

Aunque a menudo sea uno de esos temas de los que todos opinan, pocas voces hay tan autorizadas en León para hablar sobre cómo afrontar los incendios forestales como Fernando Castedo. Experto en la materia y coordinador del Máster Universitario en Incendios Forestales, Ciencia y Gestión Forestal de la Universidad de León, popularmente conocido como ‘Máster Fuego’, en esta entrevista hace balance del verano, propone soluciones para enfrentarse a las llamas en el futuro y analiza el papel tanto de la mano del hombre como del cambio climático en uno de los principales retos a los que se enfrenta el medio rural de la provincia.

– ¿Qué balance, a escala provincial, puede hacer de este verano en lo que respecta a los incendios forestales?
– He estado fuera de León estas últimas semanas, por lo que mi valoración no es de primera mano, sino a partir de los datos y de la información que he podido seguir. En cualquier caso, ha sido un verano complicado. Ya a finales de junio tuvimos un episodio muy significativo de tormentas secas: en la noche del 24 al 25 se originaron 18 incendios prácticamente simultáneos en la provincia. Después hemos tenido un julio muy cálido y seco, que ha ido aumentando progresivamente la disponibilidad del combustible. Y a finales de julio volvimos a tener una situación compleja, con numerosos incendios simultáneos y varios de gravedad elevada como los de Murias de Ponjos y San Cipriano del Condado, Castropodame, Veguellina o La Utrera. Por tanto, no podemos hablar de un verano tranquilo. Ahora bien, a fecha de hoy, y teniendo en cuenta que la campaña todavía no ha terminado, la situación en León está siendo claramente menos grave que la vivida en 2025, que fue absolutamente excepcional: solo los grandes incendios de agosto del año pasado afectaron a más de 135.000 hectáreas en la provincia. Así que el balance provisional sería el de un año difícil, con varios episodios importantes y mucha simultaneidad, pero afortunadamente lejos de la dimensión extraordinaria que alcanzaron los incendios de 2025.

– A nivel nacional, los grandes incendios en Madrid y Ávila también han dejado la sensación de que hay fuegos que, una vez iniciados, son incontrolables… ¿Qué se puede aprender de estos casos?
– Una de las principales lecciones de los incendios de Madrid y Ávila es que tenemos que trabajar mucho más antes de que se produzca el fuego. Cuando concurren condiciones meteorológicas extremas, con temperaturas muy altas, baja humedad y, sobre todo, vientos fuertes, racheados y cambiantes, puede llegar un momento en que el incendio supere la capacidad de extinción. Y sobre la meteorología tenemos muy poca capacidad de actuación. Por eso debemos intervenir sobre la otra gran variable: el combustible y la estructura del paisaje. No es solo limpiar el monte. Es gestionar la vegetación y paisajes menos continuos y más diversos, crearlos combinando masas forestales con zonas agrícolas, pastos y otras discontinuidades. La ganadería extensiva, los tratamientos selvícolas, las quemas prescritas o las áreas estratégicas de baja carga de combustible pueden ayudar a frenar la propagación. Tenemos que preparar el territorio para que, cuando llegue un episodio meteorológico extremo, un incendio no encuentre kilómetros y kilómetros de combustible continuo. En definitiva, si sabemos que vamos hacia incendios potencialmente más extremos, necesitamos también paisajes más resistentes y preparados para el fuego.

– La prevención se antoja fundamental, ¿las políticas actuales son, en este sentido, suficientes? ¿Qué medidas consideraría conveniente adoptar?
– Evidentemente, por lo que estamos viendo en los últimos años, no podemos afirmar que las políticas actuales sean suficientes. Necesitamos avanzar mucho más y, sobre todo, entender la prevención de una forma integral. Hay que actuar sobre las igniciones, evitando que los incendios comiencen, pero también sobre el combustible, que es uno de los grandes condicionantes de su propagación. En el noroeste de España, donde seguimos teniendo un número elevado de igniciones de origen humano, es necesario insistir en la concienciación, la vigilancia y la investigación de las causas. Y en todo el territorio debemos apostar mucho más decididamente por la gestión de la vegetación. Algunos expertos plantean que deberíamos tratar preventivamente en torno al cinco por ciento de la superficie cada año, y estamos muy lejos de alcanzar esa escala. Pero tampoco se trata de actuar indiscriminadamente: hay que priorizar zonas estratégicas previamente identificadas en función del comportamiento esperado del fuego. Son áreas en las que reducir y modificar el combustible puede limitar la propagación y, sobre todo, generar oportunidades seguras para que los medios de extinción puedan trabajar cuando se produzca un gran incendio. 

"No es solo limpiar el monte. Es gestionar la vegetación y paisajes menos continuos"

– También está la ordenación del territorio, desde un punto de vista más tangible, más espacial… ¿Deben ir los montes, incluso el medio rural, hacia otro modelo?
– La ordenación del territorio tiene todavía mucho margen para contribuir a reducir el riesgo de incendios, especialmente en la interfaz urbano-forestal. La expansión de viviendas y urbanizaciones en contacto directo con la vegetación forestal ha multiplicado las situaciones en las que un incendio se convierte también en una emergencia de protección civil. Por eso debemos incorporar mucho mejor el riesgo de incendio a la planificación urbanística: limitar nuevos desarrollos en zonas especialmente peligrosas, garantizar franjas de protección, accesos adecuados y planes de autoprotección. Otra cuestión es pretender ordenar todos los usos del medio rural desde la planificación. Ahí la situación es mucho más compleja: gran parte del territorio es de propiedad privada y hemos perdido población, agricultura, ganadería y otros aprovechamientos que históricamente generaban paisajes más diversos. Más que imponer desde arriba un determinado paisaje, necesitamos políticas que hagan viable mantener actividad en el territorio: apoyar la ganadería extensiva, la agricultura, la selvicultura y otros aprovechamientos forestales. Si queremos paisajes en mosaico y menos vulnerables al fuego, necesitamos también que haya personas que puedan vivir y trabajar en ellos. 

– ¿Hasta qué punto afecta el abandono de los pueblos, la despoblación rural en provincias como León, a la lucha contra los incendios forestales?
– La despoblación rural tiene consecuencias importantes sobre el riesgo de incendios. Cuando se abandonan los pueblos, se abandonan también muchos de los usos que mantenían el territorio: los prados dejan de segarse, desaparecen cultivos, disminuye la ganadería extensiva y se aprovecha mucha menos leña y biomasa. Como consecuencia, antiguos espacios abiertos son colonizados progresivamente por matorral y vegetación forestal, aumenta la cantidad de combustible y, sobre todo, aumenta su continuidad. Donde antes teníamos un paisaje en mosaico, con prados, cultivos, pastos y monte, podemos acabar teniendo grandes superficies continuas de vegetación. En provincias como León esto es especialmente relevante también alrededor de los núcleos rurales, porque incrementa el riesgo en la interfaz urbano-forestal.

"Tenemos que asumir que en la provincia vamos a seguir conviviendo con los incendios forestales"

– En lo que respecta a la extinción, ¿considera que hay medios suficientes? ¿Hay, de hecho, posibilidad de que existan medios suficientes ante un gran incendio?
– No creo que la cuestión pueda reducirse simplemente a si hay muchos o pocos medios. Evidentemente, los dispositivos tienen que estar suficientemente dimensionados y plenamente operativos cuando comienza la campaña, pero también necesitamos avanzar en su profesionalización: personal estable, bien formado, adecuadamente remunerado y con continuidad durante todo el año. La formación, la capacitación y la experiencia son fundamentales cuando se trabaja en incendios de gran complejidad. Ahora bien, tampoco podemos pensar que la actual crisis de incendios se va a solucionar incrementando indefinidamente los medios de extinción. Hay incendios que, bajo determinadas condiciones meteorológicas y de combustible, pueden superar la capacidad de extinción, por muchos recursos que movilicemos. Por eso necesitamos un dispositivo potente y profesionalizado, pero acompañado de mucha más prevención. La extinción es imprescindible, pero no puede ser nuestra única respuesta: tenemos que conseguir que cuando se produzca el incendio existan condiciones en el territorio que permitan combatirlo.

– ¿No queda de otra que resignarse a convivir con los incendios forestales, especialmente durante el verano?
– Sí, tenemos que asumir que en la provincia vamos a seguir conviviendo con los incendios forestales. Estamos en un territorio mediterráneo donde el fuego forma parte de la dinámica de muchos ecosistemas y, además, el cambio climático está haciendo más frecuentes las condiciones meteorológicas que favorecen incendios intensos: temperaturas extremas, sequías prolongadas y baja humedad. Pero convivir con los incendios no significa resignarnos a sus consecuencias. Quizá no podamos evitar que haya fuego, pero sí podemos trabajar para que esos incendios afecten a menos superficie, alcancen menor intensidad y, sobre todo, no se conviertan en catástrofes para las personas, las viviendas o los ecosistemas. Para eso necesitamos territorios más resistentes y resilientes, una buena gestión del combustible, núcleos de población mejor protegidos y una sociedad preparada para responder. El objetivo realista no es conseguir un territorio sin incendios, sino un territorio en el que los incendios produzcan muchos menos daños. 

ExpertoIncendios
 

– Parece que entre cierta parte de la población se han polarizado puntos de vistas entre que esta situación es culpa exclusiva de los pirómanos o del cambio climático… ¿Cómo lo ve usted? ¿Hay un único responsable de lo que está sucediendo en los últimos veranos en provincias como León?
– Sí, esta polarización existe, pero creo que simplifica en exceso un problema mucho más complejo. No hay un único responsable. Tenemos que diferenciar entre las causas que originan los incendios y los factores que favorecen su propagación. La mayoría de los incendios tienen origen humano, ya sea por negligencias, accidentes o de forma intencionada, aunque conviene hablar de incendiarios y no de pirómanos, porque la piromanía explica solo una pequeña parte de estos casos. Por otro lado, el cambio climático está empeorando la meteorología asociada a los incendios, con temperaturas más altas, mayor sequedad y episodios extremos que favorecen fuegos más intensos. Y hay un tercer factor fundamental: la vegetación, es decir, el combustible disponible y su continuidad en el paisaje. Sobre el clima tenemos poca capacidad de actuación a corto plazo; sobre las igniciones podemos reducir muchas, pero nunca eliminarlas por completo; y sobre el combustible sí tenemos una capacidad directa de intervención. Por eso, además de trabajar sobre las causas de los incendios, debemos apostar decididamente por la gestión de la vegetación como una de nuestras principales herramientas de adaptación. 

"La creciente complejidad de los incendios exige profesionales cada vez mejor preparados"

– Usted ha sido coordinador de proyectos dentro del Plan Nacional de Prevención de Incendios ¿Cómo han sido estas aportaciones y cuáles son sus principales conclusiones?
– Soy uno de los coordinadores de Zegi-Adapt, un proyecto del Plan Estatal de Investigación que aborda varios aspectos directamente relacionados con la prevención de grandes incendios. Una de las líneas principales es desarrollar metodologías que nos permitan definir y delimitar mejor las Zonas Estratégicas de Gestión de las que hablábamos antes: lugares donde actuar sobre la vegetación puede reducir la potencialidad del incendio y generar oportunidades para los medios de extinción. Para ello estamos trabajando, entre otros lugares, en una zona piloto en la Sierra del Teleno, en León. Otra línea importante consiste en mejorar la cartografía de los combustibles forestales, porque para gestionar bien la vegetación primero necesitamos conocer con precisión su cantidad, estructura y distribución. Estamos combinando tecnologías como escáneres láser terrestres de mano, Lidar aerotransportado e imágenes de satélite. El objetivo final es disponer de información cada vez más precisa que pueda utilizarse tanto para planificar la prevención como para apoyar la toma de decisiones durante la extinción. El proyecto finalizará a finales del próximo año 2027, por lo que todavía estamos en una fase de adquisición y análisis de datos y sería prematuro hablar de conclusiones definitivas.

– Igualmente, usted coordina un máster en la Universidad de León sobre incendios forestales ¿Cómo se forma a las nuevas generaciones para hacer frente al fuego? ¿Hasta qué punto se está avanzando?
– Soy coordinador en la Universidad de León del Máster Universitario en Incendios Forestales, Ciencia y Gestión Integral, conocido como ‘Máster Fuego’, un máster interuniversitario en el que participamos junto con la Universidad de Lleida, que es la coordinadora, y la Universidad Politécnica de Valencia. Creo que disponer de una formación especializada de este nivel es esencial, porque la creciente complejidad de los incendios exige profesionales cada vez mejor preparados, tanto en prevención como en extinción. En extinción es especialmente importante la formación de los mandos intermedios y superiores: ya no basta con reaccionar ante lo que está haciendo el fuego en ese momento, sino que hay que entender su comportamiento, anticipar cómo puede evolucionar en las próximas horas e incluso días, plantear diferentes escenarios y tomar decisiones estratégicas. Y eso requiere conocimiento, entrenamiento y experiencia. También necesitamos especialistas capaces de integrar nuevas tecnologías, cartografía, meteorología, gestión de combustibles y planificación territorial. Se está avanzando mucho en profesionalización y formación, pero debemos seguir avanzando, porque la problemática de los incendios está evolucionando a una velocidad enorme y la formación tiene que evolucionar, al menos, al mismo ritmo.
 

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