Nature rinde homenaje a Marta Shahbazi y Tamara González, las científicas leonesas fallecidas en Urda

La prestigiosa revista científica recoge el recuerdo de colegas de Cambridge, Viena, Lovaina y Pasadena, que definen a Shahbazi como "una científica perfecta y una madre perfecta" y una "estrella emergente" de la embriología

04/11/2026
 Actualizado a 04/11/2026
Marta Shahbazi Alonso (izquierda) y Tamara González Costa. | MRC LMB/Michael Thornton e IMBA Graphics Dept./Hannes Tkadletz (vía Nature)
Marta Shahbazi Alonso (izquierda) y Tamara González Costa. | MRC LMB/Michael Thornton e IMBA Graphics Dept./Hannes Tkadletz (vía Nature)

La prestigiosa revista científica Nature ha dedicado un artículo a la memoria de Marta Shahbazi Alonso y Tamara González Costa, las dos científicas leonesas que perdieron la vida en el accidente ferroviario de Urda (Toledo) el pasado 28 de octubre. La publicación recoge el pesar de la comunidad internacional de la biología del desarrollo por la muerte de dos investigadoras que, según subraya, viajaban a un congreso de su especialidad.

Marta Shahbazi Alonso, de 41 años, era bióloga especializada en células madre y desarrollo en el MRC Laboratory of Molecular Biology (LMB) de Cambridge, en Reino Unido. Tamara González Costa, berciana de 31 años, era investigadora posdoctoral en el Instituto de Biotecnología Molecular (IMBA) de Viena, donde estudiaba el desarrollo del corazón. Ambas se dirigían, según detalla Nature, a la XIX reunión de la Sociedad Española de Biología del Desarrollo (SEBD) en El Rompido (Huelva). Shahbazi viajaba además para recoger un premio que reconocía sus aportaciones al estudio del desarrollo del embrión humano.

La revista sitúa el siniestro, en el que murieron 69 personas y más de un centenar resultaron heridas, entre los peores desastres ferroviarios de la historia moderna de Europa.

Nature recoge también las palabras de la secretaria general de Investigación del Ministerio de Ciencia, Eva Ortega-Paino, que en un mensaje publicado en LinkedIn describió a ambas como «dos científicas brillantes, con tanto talento y tanto camino por delante, que dedicaron su vida a ampliar las fronteras del conocimiento». «El dolor y el vacío que siento son inmensos, y nada comparable al dolor que sufren hoy sus familias», añadió.

Una pionera en el estudio del embrión humano

Los investigadores consultados por la revista describen a Shahbazi como una científica excepcional que realizó aportaciones pioneras para prolongar el tiempo que los modelos de embrión humano pueden crecer en cultivo de laboratorio, una tarea que Nature califica de «notoriamente difícil».

La leonesa se incorporó en 2014 a la Universidad de Cambridge como investigadora posdoctoral en el laboratorio de Magdalena Żernicka-Goetz, una de las referencias mundiales en células madre y biología del desarrollo. «Una de las cosas que nunca olvidaré, y que siempre me acompañará, es su entusiasmo», asegura Żernicka-Goetz, que dirige también un laboratorio en el Instituto Tecnológico de California (Caltech). «Amaba la ciencia por la ciencia».

En 2016, según recuerda la revista, Shahbazi desarrolló dentro de ese equipo un método para cultivar embriones humanos en el laboratorio hasta 14 días después de la fecundación, frente a los siete que se habían alcanzado hasta entonces. Aquel trabajo permitió estudiar con un detalle sin precedentes una etapa crucial del desarrollo humano y ofreció una alternativa a los modelos con ratones. «Por primera vez podemos identificar rasgos de la vida del embrión humano en el momento en que fracasan tantos embarazos, y entender qué tiene que ocurrir para que el embrión sobreviva», explica Żernicka-Goetz.

Fue «un auténtico avance», en palabras de Vincent Pasque, biólogo de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) que conocía a la investigadora. Sus estudios en Cambridge identificaron además los llamados «puntos de control moleculares» que coordinan el desarrollo celular y la formación de tejidos en los primeros estadios del embrión.

En 2020, Shahbazi puso en marcha su propio grupo de investigación en el LMB. «Marta no era solo una científica excepcional y una estrella emergente en su campo; era un miembro vibrante y muy valorado de la familia de nuestro instituto y parte del futuro del LMB», afirmó su director, Jan Löwe, en un comunicado difundido el 2 de noviembre. «Estamos devastados por su pérdida, y nuestros corazones están con su familia, sus hijos y todos los que tuvieron el privilegio de trabajar con ella».

«Un modelo para mucha gente»

Sus colegas destacan también, según Nature, cómo esta madre de dos hijos supo compaginar una exigente carrera científica con la maternidad. «Era una científica perfecta y una madre perfecta», resume su amiga y colaboradora Roser Vento-Tormo, genetista del Wellcome Sanger Institute de Cambridge, que la recuerda como una persona generosa y muy querida por sus alumnos. «Cuando me quedé embarazada y necesitaba saberlo todo sobre ser madre, ella lo compartió todo conmigo», desde recetas hasta colegios de la zona.

«Era un modelo para muchas personas en todo el mundo, incluido yo», asegura Pasque. Żernicka-Goetz, por su parte, reconoce que utiliza a Shahbazi como ejemplo ante sus estudiantes, «no solo por su conocimiento científico, sino por su actitud ante el trabajo y su dedicación a la ciencia».

Según Vento-Tormo, los últimos trabajos de la investigadora leonesa han hecho contribuciones importantes a la comprensión de las aneuploidías, alteraciones por las que las células del embrión tienen cromosomas de más o de menos y que se asocian a la pérdida del embarazo y a fallos en la implantación. Parte de esa investigación, avanza, «verá la luz en los próximos meses». «Estaba preparando su expediente para obtener una plaza permanente», lamenta Pasque. «Es una verdadera tragedia para nuestra comunidad».

Tamara tenía "un futuro muy prometedor"

Tamara completó su doctorado en el Centro Nacional Español de Investigaciones Cardiovasculares en Madrid y viajaba a Huelva para presentar parte de su tesis, que versaba sobre las enzimas implicadas en el desarrollo del corazón y que se publicará próximamente.

Hacía apenas unos meses que Tamara se había incorporado, el pasado agosto, al Instituto de Biotecnología Molecular (IMBA), donde trabajó en el desarrollo de la circulación sanguínea en organoides cardíacos. «Era una científica muy meticulosa y, al mismo tiempo, muy ambiciosa (...) Tenía un futuro tan prometedor, todo ese potencial se ha visto truncado», la recuerda Sasha Mendjan, bióloga del desarrollo y su supervisora.

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