"Nadie va a ganar esta guerra pero, sea quien sea, que la termine cuanto antes"

Anastasiya es ucraniana y Vladislav, ruso. Ambos estudian en la Universidad de León y analizan el conflicto entre sus países con la esperanza de que acabe pronto

T.G.
05/03/2022
 Actualizado a 05/03/2022
Anastasiya Soroka, ucrania, y Vladislav Vladimirov, ruso; ambos estudiantes en la ULE. | MAURICIO PEÑA
Anastasiya Soroka, ucrania, y Vladislav Vladimirov, ruso; ambos estudiantes en la ULE. | MAURICIO PEÑA
Saltar al burro era un juego de niños. Una escultura de Javier Robles en la avenida de Ordoño II de la capital leonesa lo recuerda. Pero ahora, esa obra de arte evoca algo más a los leoneses. La figura que hace de ‘burro’ está pintada de amarillo y la de quien salta sobre él, de azul. Son los colores de la bandera de Ucrania que han tomado el ‘Salto del burro’ del escultor Javier Robles para convertirlo en un símbolo de paz en tiempos de guerra. También se ha convertido en una pizarra en apoyo a Ucrania. «Por la paz en el mundo», han escrito en negro sobre amarillo. Y justo allí, al lado de ese juego de niños, Anastasiya Soroka, estudiante de la Universidad de León, relata lo que nunca se imaginó, que su ciudad de origen en Ucrania, Chernígov, está totalmente arrasada tras el paso de las tropas rusas. «Lo han destruido todo, es horrible», reconoce preocupada porque allí viven sus abuelos, entre otros familiares y amigos. Tiene la esperanza puesta en los anunciados corredores humanitarios para que sus abuelos puedan salir del país. «Ojalá pronto», anhela.

La invasión del territorio ucraniano por parte de los rusos era una amenaza, una posibilidad que estaba ahí, pero no era una certeza. Hace ya nueve días que es una realidad a la que también asiste perplejo Vladislav Vladimirov, estudiante de la ULE de origen ruso. «Se veía venir, pero no a este nivel. Cuando me enteré de lo que estaba pasando pensé que era una broma, pero no. De repente vi que estaban cambiado el destino de millones de personas. Ese día lo pasé entero leyendo noticias para saber qué pasaba y para aceptar, supongo, la realidad», explica Vladislav.

En ese desorden que ha traído consigo el conflicto está la huida de los ucranianos que quieren abandonar su país cuanto antes para esquivar las bombas y ponerse a salvo. Tanto Anastasiya como Vladislav coinciden en la buena respuesta de los europeos para acogerles. «Yo creo que, por suerte para Ucrania, la solidaridad del mundo está demostrando milagros», dice el joven ruso que cree que serán muchos los ucranianos que no regresarán a casa tras la guerra. Él visitó Ucrania en agosto de 2021, un viaje del que volvió con una buena visión del país. «Nunca tuve que esconder allí que era ruso, la gente fue muy abierta conmigo y Kiev me pareció un sitio inspirador porque se veían muchos emprendedores. Señalaban a Europa, todo parecía muy prometedor», cuenta en el mismo sentido en el que lo hace Anastasiya. Su última visita a Chernígov fue en septiembre y, aunque reconoce que la situación económica era «inestable», «algo estaba empezando a florecer en Ucrania y había esperanza». Ella ensalza la figura del presidente ucraniano, Zelenski. «Me gustaban sus ideas y ahora está demostrando su valentía más que nunca», dice. Vladislav asiente. «Lo está haciendo sorprendentemente bien, aunque ya se le ve al límite de cansancio», remata.

Desde que estalló la guerra, ambos viven pendientes de las noticias para saber cómo se desarrolla el conflicto pero no saben cómo puede evolucionar. Comparten la esperanza de que todo pueda acabar pronto. «Teniendo en cuenta quién ha empezado la guerra, yo creo que o hay una derrota de Rusia o esto sigue, porque además Ucrania ha demostrado que es lo suficientemente valiente como para aguantar tiempo», asegura Vladislav. Y Anastasiya sigue: «Nadie esperaba que la defensa de Ucrania fuese tan buena». Pero tampoco esperaban que Putin llegase a invadir Ucrania con milicias «inexpertas» plagadas de «jóvenes que se encuentran haciendo el servicio militar o metiendo a niños en calabozos por llevar flores al Consulado ucraniano», dos aspectos que tanto Anastasiya como Vladislav comentan sin encontrarle una lógica a nada de lo que está sucediendo. «No se le puede buscar lógica a una persona loca como Putin, es buscar lógica a un psicópata, no se puede. Es imposible», dice Vladislav y remata: «Nadie va a ganar esta guerra pero, sea quien sea, que la termine cuanto antes».

"En Rusia la versión oficial es que están liberándolos de los ucranianos rusófobos"Vladislav es de origen ruso, de la zona de los Urales. De allí se fue hace ya años de la mano de su madre, aunque allí quedó el resto de su familia. Tras vivir en Asturias y en el Bierzo, lleva asentado cinco años en La Bañeza y estudia Ingeniería Electrónica en la Universidad de León. Habla español perfectamente y lo de volver a Rusia no es ahora mismo una opción. «Antes sí, ahora ya no», dice apesadumbrado. No está conforme con la decisión de Putin de invadir Ucrania y lamenta la repercusión que el conflicto tendrá para sus paisanos. «La gente en Rusia está dividida porque hay personas que lo apoyan y lo justifican pero hay otros que no y eso daña la relación hasta entre la propia familia», explica. Su familia que reside en Rusia reconoce que no está preocupada, pero él es consciente de que esta guerra «significa lo peor» para ellos. «Ni siquiera pueden opinar libremente. Hay que asimilar que allí hay mucho lavado de cerebro, que Rusia es un estado policial», denuncia. Además, es consciente de que la situación es susceptible de empeorar porque los rusos se van a sentir cada vez «más aislados». «Hay que tener en cuenta que en Rusia la versión oficial es que están liberándoles de los ucranianos que son rusófobos y quieren matarlos a todos», incide. Vladislav conoce bien la historia de su país, es crítico con ella y lamenta sus últimos 20 años. «Putin es un loco y quiere ser un zar», dice preocupado y le culpa de haber «convertido el país más grande en extensión en un país paria». «No puede ser que haya conseguido que dos culturales fraternales se acaben odiando», declara."Cuando hablo con mis abuelos que están en Ucrania les intento evadir de la realidad"


«Todo está destruido, el Ayuntamiento, las  escuelas, los hospitales, el cuartel de policía... todo». Así describe Anastasiya Soroka, una joven de 20 años que estudia Relaciones Laborales en la Universidad de León, la situación en la que se encuentra su ciudad de origen en Ucrania, Chernígov. Allí viven sus abuelos, a quienes espera poder ayudar pronto para sacarles del país del que ella se fue hace ya diez años para poner rumbo a Denia (Valencia). Ahora vive en León, donde estudia Relaciones Laborales en la ULE. Cuenta que no están siendo días fáciles. «Lo estoy pasando muy mal porque esto afecta mucho emocionalmente», explica. Entre sus planes no estaba el volver a Ucrania porque «sería volver a empezar y ya tengo aquí en España mi vida totalmente hecha». Pero sus raíces tiran y su familia que está allí, aún más. Mantiene contacto constante con sus abuelos. «Ellos me transmiten que están bien, que están tranquilos y yo cuando hablo con ellos les intento evadir de aquella realidad», dice la joven ucraniana que teme que Rusia alcance su objetivo de invadir por completo su país. «Si eso pasa, acabará con una historia, con una cultura y con un idioma. Ucrania es un país demasiado joven como para que le esté sucediendo esto. Me sabe muy mal que estén muriendo rusos y que estén muriendo ucranianos por culpa de un político. Éramos países muy unidos», señala. Para que eso no llegue a pasar ve «muy importante» la ayuda europea y apoya que el Gobierno español mande armas para ayudar, pero no se quita de la cabeza la amenaza de que pueda desatarse una guerra mundial con las armas nucleares con las que Putin amenaza.
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