"Me daba miedo que nos convirtiéramos en algo desagradable para el ciudadano"

Luis Antonio del Castillo Ruano, jefe de la XII Zona de la Guardia Civil en Castilla y León

David Rubio / Rosa Álvarez
14/11/2021
 Actualizado a 14/11/2021
Luis Antonio del Castillo Ruano. | MAURICIO PEÑA
Luis Antonio del Castillo Ruano. | MAURICIO PEÑA
El general de brigada Luis Antonio del Castillo Ruano es desde hace unos meses el nuevo jefe de la XII Zona de la Guardia Civil en Castilla y León, un cargo en el que releva al general de división Clemente García Barrios. Desde su llegada –su anterior destino fue en la Zona de Cantabria– se ha mostrado reivindicativo respecto a la necesidad de incrementar las plantillas y de renovar los medios materiales con los que se trabaja en una comunidad "muy grande" y en la que las circunstancias de cada comandancia "no son precisamente homogéneas". Esas carencias, el papel de la Guardia Civil en la pandemia, la relación entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o la "envidiable" tasa de delincuencia de Castilla y León son algunos de los temas de los que habla en esta entrevista

– Tomó posesión del cargo el pasado 15 de septiembre. ¿Cómo han sido estos primeros meses?
– La toma de posesión fue el 15 de septiembre, pero llegué a León a finales de julio, que fue realmente cuando me incorporé. Estos meses han sido un tiempo para ponerme en situación. Castilla y León es una comunidad muy grande, con nueve comandancias que no son precisamente homogéneas. Cada una tiene sus particularidades y estoy tratando poco a poco no solo de tener una visión de conjunto, sino uno poco más en profundidad de cuál es la problemática de cada comandancia, que a rasgos generales es la misma que la de toda la Guardia Civil: la necesidad de personal, de medios y de ir saliendo adelante con lo que tenemos.


En personal hay que hacer un esfuerzo sostenido. Lo  que podemos perder en 1 año puede costar recuperarlo 8– Precisamente esta necesidad de personal fue uno de los puntos en los que centró su discurso de toma de posesión. ¿Cuál es la cifra actual y cuál sería la ideal?
– Lo ideal sería contar con una cobertura del cien por cien y ahora mismo estamos un 11 o un 12 por ciento por debajo de ella. Es cierto, como yo reconocí en el discurso, que en los últimos años se ha hecho un esfuerzo por parte del Gobierno para ir recuperando esa tasa de cobertura ideal del cien por cien. No podemos dar saltos grandes, hay que ir poco a poco, pero tiene que ser un esfuerzo sostenido y sin perder de vista que lo que se puede perder en un año te puede costar recuperarlo fácilmente siete u ocho.

– Las últimas oposiciones se celebraron en el mes de septiembre. ¿Confía en que ese cien por cien de la cobertura pueda llegar pronto?
– Podemos tardar entre diez y quince años fácilmente. Tenemos que ser conscientes de que la Guardia Civil como institución también tiene la obligación de formar adecuadamente a los aspirantes que ingresan en el Cuerpo. No podemos ir a promociones de 5.000 o 6.000 guardias primero porque no tenemos la capacidad ahora mismo para asumir ese número y después porque la calidad del personal que saldría de esas macropromociones probablemente dejaría algo que desear. Por eso creo que tiene que ser un esfuerzo sostenido en el tiempo. Vamos en la buena dirección, pero hay que ser conscientes de que no hay que retroceder y hay que seguir en esa línea.

– Ha asegurado que León, a diferencia de otras provincias de la comunidad, está "bien cubierta". Seguro que hay aspectos en los que se necesita mejorar, ¿cuáles destacaría?
– En cuanto a personal León está muy bien. Ha sido una sorpresa para mí la cantidad de guardias civiles leoneses que hay. En ese aspecto León está en una situación privilegiada respecto al resto de las comandancias. ¿Cuáles son las debilidades? Básicamente las generales. Acuartelamientos que en ocasiones tienen más de 80, 90 o 100 años de antigüedad y que son cuarteles del siglo XIX que tenemos que adaptar para que sean operativos y funcionales en el siglo XXI. Eso no siempre es una cuestión de dinero, porque a veces la propia infraestructura del cuartel no permite hacer la obra que se necesita. Un aspecto que es muy simple, por ejemplo, son las rampas para discapacitados. Nuestra intención sería que todos nuestros cuarteles ofrezcan esa accesibilidad, pero nos encontramos con algunos en los que directamente no podemos darla porque no podemos cumplir con la normativa que regula este tipo de accesos. Más allá de eso, el hecho de tener una plantilla de acuartelamientos tan grande como la que tenemos exige un esfuerzo enorme para su mantenimiento. La Guardia Civil está trabajando en ello y hace unos años nos dotamos de un instrumento que es el Plan de Sostenibilidad de Edificios. Es algo que no habíamos tenido hasta ahora, pero ese tipo de planes, que están muy bien, también necesitan músculo económico para salir adelante, porque si no, no vamos a ser capaces de más que de darnos cuenta de las deficiencias que tenemos.

Lo ideal sería contar con una cobertura del cien por cien y ahora mismo estamos un 11 o un 12% por debajo de ella– Ha incidido también en la necesidad de renovar los recursos materiales, que en muchos casos se van quedando viejos. ¿En cuáles existe más necesidad de cambio?
– Sobre todo en los vehículos. Aquí tienen que recorrer grandes distancias, el clima es riguroso y también tienen que tener ciertas características. Lo ideal sería que no tuvieran una antigüedad mayor de diez años. La institución es consciente de ello y esperamos poder acabar en este ejercicio con una asignación de vehículos que poco a poco nos permita ir subsanando esas deficiencias. No voy a decir que los que tenemos no están en condiciones de circular porque sería una barbaridad y mentira, ya que todos pasan la ITV, pero sí que hay una parte no desdeñable de nuestra flota que tendría que ser cambiada por otra en mejores condiciones. Ese es el objetivo al que tenemos que llegar y la petición que tenemos que hacer. Además, el material informático también es conveniente renovarlo. Ahora estamos asistiendo a una modalidad delictiva que se venía anunciando en los últimos años y para la que la pandemia ha sido la tormenta perfecta, porque no hay nada peor para frenar la ciberdelincuencia que un ciudadano que no puede salir de su casa y que tiene el ordenador delante. En los últimos años ha ido experimentando un aumento progresivo, pero la pandemia ha sido ya el rebote. Somos conscientes de que esto es así y hace poco que presentamos los Equipos @ en las comandancias, que para trabajar necesitan un material informático adecuado. Lo estamos recibiendo, pero el problema es más amplio porque también se necesitan mejoras en nuestras unidades territoriales y en los puestos, que están en ocasiones en zonas donde las telecomunicaciones y la red de fibra óptica llegan de aquella manera.

– En una provincia como la de León donde existe un territorio amplio y población dispersa ha puesto el foco en la necesidad de reforzar la atención en el alfoz y el medio rural. ¿Supone esto un reto extra para la Guardia Civil?
– Sí que lo supone. Aquí esto está potenciado, pero es un problema que existe en más sitios. Nosotros tenemos un despliegue territorial que se nos ha quedado un poco antiguo y que me atrevería a decir que es de hace bastantes años. Hay veces –y aquí enlazo con el alfoz– en las que la propia dinámica de la sociedad ha provocado un movimiento poblacional que hace que en estas periferias de las capitales de provincia haya habido un incremento de población y de actividad económica de todo tipo que hace que estemos un poco sobrepasados. Esto nos está provocando unas ciertas disfunciones que en ocasiones tenemos que resolver con lo que hemos denominado núcleos operativos. Su funcionamiento consiste en que hay unidades que apoyan a esas en las que el nivel de exigencia que tienen ahora es superior al que tenían hace 15, 20 o 25 años, cuando la plantilla se diseñó para esa unidad y para esa circunstancia que había en ese momento.

– En el último año y medio la pandemia de Covid-19 nos ha obligado a adaptarnos a una nueva situación. ¿Cree que lo que ha pasado ha servido para poner en valor el trabajo que se realiza desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado?
– Yo creo que sí. Cuando empezó la pandemia tenía cierto miedo a que nos convirtiéramos en algo desagradable para el ciudadano. Se hizo, porque se tenía que hacer, un especial esfuerzo en el control de la movilidad y si no lo hubiéramos manejado adecuadamente hubiéramos podido trasladar a los ciudadanos una impresión tal vez negativa de nuestra actuación. De las cosas de las que estoy más orgulloso de este tiempo es de que creo que actuamos con una necesaria prudencia. Y digo necesaria porque en ocasiones incluso a nosotros nos costaba también tener claro qué era lo que se podía o no hacer en cada momento. Se actuó con mucha moderación, con mucha empatía, porque al final cada ciudadano tenía su historia. Ese es el aspecto del que más orgullos podemos estar como institución, de haber conseguido atravesar este periodo trasladando a la ciudadanía la impresión de que éramos alguien que estaba para ayudar en los innumerables controles y actuaciones. No fue fácil, era un riesgo cierto haber podido caer en el lado oscuro y acabar convirtiéndonos en una especie de Gestapo que estaba detrás de la gente para ver lo que hacía en cada momento. Es algo para estar contentos y lo estamos.

Tenemos cuarteles del siglo XIX que hay que adaptar para que sean operativos y funcionales en el XXI– Tenemos una de las tasas de delincuencia más bajas del país, pero ¿qué tipo de delitos preocupan más por número o por complejidad en León?
– Los ciberdelitos porque es una cuestión que está en incremento constante, aunque en la inmensa mayoría de los casos, en el 80 o 90 por ciento, estemos hablando de la típica estafa de que compras algo y no te llega. Otra preocupación constante para nosotros es todo lo relacionado con la violencia de género y hacia colectivos en estado de desamparo o la trata de seres humanos. Afortunadamente las cifras en Castilla y León en todas las tipologías delictivas son de las mejores de España, y yo en Cantabria las miraba con envidia. Castilla y León, sin caer en la autosatisfacción y relajarnos, es una comunidad que tiene unas cifras de delincuencia que son para estar bastante satisfechos, sobre todo si miramos el entorno más inmediato y lo comparamos con la media de España. Nuestro trabajo es hacer que esta situación se consolide y evitar que se produzcan picos. En eso estamos trabajando, pero realmente en los últimos años la situación de Castilla y León es para envidiarla.

– Algo que se remarca mucho es la importancia de la cooperación entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ¿es fluida?
– Yo diría que en el 99 por ciento de las veces la colaboración es extraordinaria, pero siempre tendemos a magnificar la excepción. Por ejemplo, yo en Cantabria tenía una relación excepcional con la Policía Nacional y aquí el comisario es un amigo. Es cierto que las relaciones personales ayudan mucho a que las relaciones profesionales funcionen, pero tanto la Policía Nacional como la Local como nosotros lo que tenemos claro por encima de todo es que somos servidores públicos y que estamos para servir al ciudadano. Luego en algún momento dado siempre puede surgir el codazo, el quítate tú, que me pongo yo, pero es una excepción. Lo que pasa es que como es tan excepcional se magnifica. Aquí una de las primeras cosas que hice fue ir a ver al jefe superior de Policía, Juan José Campesino, para hablar con él y para ponerme a su entera disposición. No para cambiar nada, porque aquí la situación era ya buena, sino para decirle que nuestra intención, como no podía ser de otra manera, es seguir trabajando en esa línea de confianza y colaboración. Yo creo que todos lo tenemos claro y os garantizo que estos incidentes son la absoluta excepción. En la inmensa mayoría de los casos está claro quién tiene la competencia y en los que no el órgano que coordina nuestras dos direcciones generales ha creado un mecanismo que lo establece. Todos los Cuerpos tenemos la obligación de grabar cualquier operación que esté en marcha para que si salta una coincidencia se vea que se está trabajando en el mismo objetivo y entonces se hace una reunión de coordinación. Se ha avanzado muchísimo. Hace 20 o 25 años todo el mundo era más celoso de sus competencias y seguro que alguna zancadilla hubo, pero eso es ya más parte de una especie de leyenda negra que de la actualidad de hoy en día.
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