La credibilidad es la única escala para medir el prestigio en el oficio de periodista. La integridad profesional de la que Luis del Olmo hizo gala ante los micrófonos durante más de medio siglo le ha valido el reconocimiento unánime y ‘ad aeternum’ de todos: sus compañeros, sus competidores y, por encima de todo, sus oyentes.
A sus 89 años, retirado desde finales de 2013 de las ondas, Luis del Olmo recibe a un periodista y a un fotógrafo en un salón situado junto al claustro de la Colegiata de San Isidoro. En su visita a León, tiene a bien en conceder una entrevista a este periódico. Hace tiempo que el ponferradino no habla ante los medios de comunicación, pero esto no significa que los haya olvidado. Sobre todo, a la radio. Su radio. «Sigo escuchando la radio para estar al corriente de lo que está pasando en España. En mi habitación hay tres», comenta en una de sus primeras frases, a medio camino entre el saludo y la advertencia.
Con una mueca apacible en el rostro, el locutor radiofónico tiende la mano al periodista y este dirige sus ojos al apretón, con toda probabilidad deseando que se le esté pegando algo. El fotógrafo ya está a la faena: retrata una figura espigada que camina con bastón, pero con porte sereno. Luis del Olmo pide un poco de agua para aclarar una voz que sigue siendo inimitable. Ni una sola arruga en su inconfundible registro.
"Sigo escuchando la radio para estar al corriente de lo que está pasando en España. En mi habitación hay tres"
Comienzan las preguntas. La primera, casi inevitable, sobre cómo ha resintonizado su vida. «Cuando pedí la baja, sabía lo que me esperaba: la soledad de no tener un micrófono y no tener unos oyentes para dar las buenas tardes o los buenos días. De todas formas, estoy muy feliz por lo que he hecho y por la cantidad de amigos que han quedado en mi historia con los micrófonos y de una cadena a otra cadena», confiesa el comunicador berciano.

Aunque ha sido entrevistado también en cuantiosas ocasiones, parece que Luis del Olmo no se acostumbra del todo a que los papeles se inviertan y que sea él, el de los «buenos días, España», quien tenga que responder a preguntas. No obstante, parece certero en sus contestaciones y en una frase retrospectiva que repite como un mantra: «Mil veces que naciera, mil veces repetiría todo lo que he hecho. Con los errores, también con los aciertos…».
León siempre trae a Luis del Olmo «recuerdos maravillosos». Recolocando la chaqueta de su traje, con la vista puesta en los camareros que preparan las mesas del restaurante del hotel de la Colegiata para dar servicio en la cena, el presentador radiofónico rememora que en esta ciudad pasó «cinco años atendiendo a los oyentes».
"Cuando pedí la baja sabía lo que me esperaba: la soledad de no tener un micrófono y no tener unos oyentes"
Un cariño a León plenamente compatible con la devoción por una Ponferrada a la que tiene que «agradecer muchas cosas». Allí vino a este mundo y también nació a su mundo, el de la radio. Esas primeras incursiones en las ondas las realizó en Radio Juventud, cuando era poco más que un adolescente. «Un día estaba haciendo un comentario en una emisora local» y dos personas de Radio Asturias lo estaban escuchando. Captaron un talento muy por encima de sus 190 centímetros y el joven Luis del Olmo hizo las maletas para trasladarse a Oviedo.
El salto nacional llegó con una de esas misteriosas e inescrutables sacudidas del destino. Momentos que definen trayectorias, vidas enteras, y que solo se pueden narrar en primera persona: «Me fui a Madrid porque tuve que acompañar a mi madre a una operación de vida o muerte. Luego, tuve la posibilidad de, mientras se recuperaba en una clínica, visitar los estudios de Radio Nacional y me encontré con Matías Prats. Le conté que también era locutor y me dijo que al día siguiente fuese a hacer una prueba. Todo fue a raíz de aquella conversación con el ídolo más grande que he tenido. Yo no me creía esa oportunidad a través de ‘Diario hablado’, diciendo lo de ‘son las dos y media de la tarde, Diario hablado de Radio Nacional de España’. No me lo creía. Llamaba a Ponferrada a mis amigos o a mi madre y les decía que pusieran la radio y me escucharan en Radio Nacional».
La lucidez de la que Luis del Olmo hizo gala en décadas de radio se advierte de forma todavía más nítida cuando repasa la trayectoria que vino después: Radio Nacional, Cope, Onda Cero… El locutor se considera «afortunado» por haber dejado su impronta en tantas emisoras. El mayor legado, por el que siempre será recordado: ‘Protagonistas’.
"No digo que todo lo que he hecho es bueno. He tenido muchos éxitos, pero también muchos errores"
Más de 12.000 emisiones convierten a ‘Protagonistas’ en el programa informativo y de entretenimiento matinal más longevo de la radio generalista española. De la mano del locutor, el formato fue mudándose de una cadena radiofónica a otra. Siempre con el aval de los oyentes y la garantía de audiencia. «No sé si ha habido éxito, fracaso o las dos cosas, pero yo cuando daba los ‘buenos días, España’ en Radio Nacional, en la Cope o en Onda Cero lo hacía con el convencimiento de que aquello era la verdad. Si ha habido mentira yo no me he enterado o no he querido hacerlo en mi integridad. Esta es mi vida, esta es mi radio. Estos son mis éxitos y estos mis errores, que los he tenido», valora Luis del Olmo a modo de balance.
El fotógrafo se afana en encontrar el ángulo, tal vez algún contraluz para ilustrar la entrevista. El periodista, sin duda frustrado porque no se le revela la fórmula del éxito, insiste en los asuntos del gremio. A pesar de la omnipresente digitalización, Luis del Olmo considera que «la profesión no ha cambiado» tanto, que el periodismo tuvo «problemas» antes y que los tiene ahora.
En cualquier caso, Luis del Olmo capeó aquellos problemas en su trayectoria a base de compromiso. Una responsabilidad con sus oyentes que llevó lo mismo a que la banda terrorista ETA lo intentase asesinar en varias ocasiones que a convertirse en el embajador por excelencia del botillo, plato de su tierra que con su intercesión alcanzó una popularidad nunca antes pensada y se convirtió en bandera de la gastronomía berciana.

El altavoz mediático de ‘Protagonistas’ siempre fue aprovechado por el locutor berciano para la promoción de su comarca. También, cómo no, para acercar una cultura minera que hoy ya parece perdida en las recónditas galerías del tiempo. «El mundo de la minería a mí me ha dado muchas satisfacciones. Cuando hicimos el programa con todos mis colaboradores en la profundidad de las minas de carbón era consciente de que estaba pasando unos momentos felices. Era consciente del hecho de que me estuvieran escuchando tres o cuatro millones de personas en esa profundidad y con el micrófono», relata.
"Algunos oyentes habrán quedado satisfechos y otros estarán acordándose de mi padre por algún comentario"
El Bierzo siempre le ha agradecido esa presencia a nivel nacional con incontables homenajes. Uno de los más especiales, el Museo de la Radio que Ponferrada le dedicó en la Casa de los Escudos, a la sombra del emblemático Castillo de los Templarios.
De hecho, parece que Luis del Olmo fuese una prolongación más del Bierzo: pausado, hospitalario, telúrico. Las preguntas más complicadas llegan cuando, con un gesto con la barbilla, el locutor despide al camarero que preparaba las mesas. Es entonces cuando el fotógrafo sonríe y guarda la cámara, ha encontrado ya el plano que buscaba, mientras que el periodista se resigna a que no le será revelado ningún dogma ocultísimo de los más grandes del oficio. No obstante, también al redactor se le dibuja una sonrisa en el rostro al recordar con quién se encuentra. «¿El acontecimiento más crucial que me ha tocado narrar? Mi vida ha estado llena de acontecimientos. No podría detenerme en una situación porque han sido muchas. Muchos errores y muchos aciertos. Insisto: mil veces que naciera, mil veces que repetiría todo. No digo que todo lo que he hecho es bueno. He tenido muchos éxitos, pero también muchos errores. Estar cinco horas diarias en todas las cadenas no le pasa a cualquiera. Me pasó a mí y yo intenté que saliera bien. Algunos oyentes habrán quedado satisfechos de mí y otros estarán acordándose de mi padre por algún comentario. Ha sido la radio de mis amores», responde el presentador radiofónico.
Luis del Olmo también lamenta la complejidad de tener que contestar a la pregunta de con cuál de sus entrevistados, por cercanía, por talla intelectual o por lo que sea, se queda dentro de sus décadas en antena. No obstante, su honestidad profesional le lleva a dar una respuesta: Luis Sánchez Polack, más conocido como Tip. El locutor lo define como «el humorista más importante de la historia» y evita dar nombres en el plano de la política, aunque confiesa que «hay hombres que en el mundo de la política han hecho cosas importantes y han desfilado por ‘Protagonistas’».
En este momento de su historia, Luis del Olmo considera que cuando enciende la radio «sintoniza con la vida y con lo que está pasando». Es una devoción mutua, en un medio de comunicación que le tiene reconocido como presidente de honor de la Academia Española de la Radio y que ha otorgado al locutor berciano un inabarcable listado de distinciones. «¡Lo he pasado tan bien! He tenido tantos amigos extraordinarios en Radio Nacional, en la Ser, en la Cope… He dejado muchos amigos y muchos oyentes», finaliza.
Apretones de manos al periodista y al fotógrafo que firman esta entrevista, Luis del Olmo se despide con una leve sonrisa, a media camino entre la de satisfacción y la nostalgia, por haber recordado una vez más que él ha puesto voz a una parte importante de la historia de España para millones y millones de personas. Un legado excelso, el del deber cumplido y el de saber cómo eludir con humildad ese papel que la radio de un país le ha concedido a perpetuidad: el de ‘protagonista’.