“Estamos empezando a ver en nuestras clínicas perros llenos de pulgas y garrapatas en pleno invierno. Tras este cambio en el clima nos vemos en la obligación de recomendar que se mantenga durante todo el año la desparasitación externa, en forma de pipetas, collares o pastillas, y reforzarla en el periodo estival aplicando la combinación de varias medidas”, explican desde el Colegio Oficial.
Los parásitos externos son importantes porque pueden causar lesiones cutáneas de distinta consideración, pueden inducir respuestas inmunitarias anormales en pacientes alérgicos o pueden transmitir agentes patógenos. Por tanto, su control forma parte de la salud y el bienestar de los animales de compañía. Los cambios en el clima, así como la creciente urbanización de áreas rurales ha hecho que las infestaciones por pulgas y garrapatas se hayan convertido en problema de primer orden en las clínicas veterinarias.
Las garrapatas pueden ser responsables de la transmisión de enfermedades como la ehrlichiosis, la babesiosis o la enfermedad de Lyme. Por eso hay que considerar la desparasitación externa como una consulta de medicina preventiva. Los perros, por ejemplo, están muy expuestos a las garrapatas y pueden esconderse en el pelaje y pasar desapercibidas a los ojos del propietario por su tamaño, sobre todo si se encuentran en las fases juveniles de su ciclo biológico. Los indicios clínicos de una enfermedad transmitida por garrapatas en los perros incluyen: fiebre persistente y de origen desconocido, anorexia y decaimiento, cojera, trombocitopenia o anemia.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.