Estas dos obras, pese a su extrema sencillez, quedaron paradas por diferentes motivos, relacionados en un principio con subcontratas de las empresas que habían sido en principio adjudicatarias y, posteriormente, por el aumento de costes derivado de la inflación y de la guerra de Ucrania, motivo por el que las empresas pidieron que se aumentara el presupuesto para hacer frente a esos gastos que no se podía predecir cuando se licitaron los contratos.
Al regreso de sus vacaciones del pasado mes de agosto, el presidente de la Diputación, Eduardo Morán, ofreció una rueda de prensa en la que daba un ultimatum a las empresas adjudicatorias para que retomasen las obras «en un plazo de cinco días». Lo cierto es que no sólo pasaron esos cinco días sino que también otros 300, porque las obras siguen paradas. El dinero que las empresas adjudicatarias pedían que se aumentara el presupuesto para poder afrontar las obras con garantías rondaba el 35 % de aumento, y la negativa del equipo de Morán a aceptar esa cantidad resulta ahora incomprensible, puesto que, finalmente, por los parques de Cistierna y Astorga, las arcas provinciales van a tener que desembolsar 1.013.847 eurosmás de lo inicialmente presupuestado (473.343 por el de Astorga y 540.504 euros por el de Cistierna) según consta en la adjudicación aprobada el pasado 24 de abril en junta de gobierno. Y, además, ante la negativa a las empresas (las dos de origen gallego, aunque con polémicas subcontratas en León) tendrá que ser finalmente Tragsa quien asuma los trabajos, ya que al ser la Diputación accionista puede adjudicar la obra sin concurso.
Además, si se siguen acumulando retrasos, Diputación puede perder la subvención para esta infraestructura de la Junta de Castilla y León, que exigía terminar las obras en un plazo de 24 meses a partir de octubre del año 2021.
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