Hace sesenta años sonó el tercio de varas y el morlaco salió a la carretera. Ante los conductores, un animal de 150 metros cuadrados de estructura y 4.000 kilos de peso. Salpicado, de la ganadería de los
Osborne, aunque con el tiempo se acabaría haciendo zaíno. Pisaba con bravura y sin haber llegado siquiera al tercio de banderillas, su silueta se convertiría en más leyenda que la de otros toros que pasarían después a la historia como Islero, Avispado o Idílico. De ellos le diferencia que en realidad nunca pisó una plaza, porque nunca le hizo falta eso para hacer a la marca que representaba la triunfadora de una tarde soleada que todavía dura y en la que se han indultado ‘90 toros 90’ de los 500 que llegaron a decorar la geografía nacional. De aquellos, cuatro siguen todavía hoy vigías en las carreteras de la provincia de León.
Dos Toros de Osborne en Cuevas de Valderrey, uno en Astorga y otro en Villalobar permanecen junto a la carretera con un quitamiedos por barrera y fusionados con un paisaje que poco tiene que ver con la ganadería dedicada a los toros. Pero esta estampa del campo leonés ya no sería la misma sin estos morlacos de hierro, imponentes y convertidos gracias al paso del tiempo en todo un símbolo dentro del paisaje de la España rural en la que perviven la mayor parte de estas vallas publicitarias. El de Villalobar se instaló hace casi 50 años y desde entonces guarda el pueblo, desde un alto, mirando hacia él y vuelto hacia la carretera nacional 630 por la que ha visto pasar a tantos y tantos y en la que corta el horizonte en un cerro desde el se avista la Vega del Esla.De los 90 toros de Osborne que quedan en España, cuatro están ubicados en las carreteras de León Nació como anuncio de brandy, el Veterano de Osborne, y lo hizo de la mano diestra del diseñador Manolo Prieto, encargado de elaborar una campaña publicitaria en 1956 que resultó de gran éxito y que recorrió el mapa de toda España hasta que en 1988 se prohibieron las vallas publicitarias en las carreteras. Entonces comenzó otra lidia, la de un movimiento popular sin precedentes que acabó con el indulto del Toro de Osborne por el Tribunal Supremo que dictaminó en 1997 que éste «ha superado su inicial sentido publicitario y se ha integrado en el paisaje». Declarado por el Congreso de los Diputados como «patrimonio cultural y artístico de los pueblos de España», es un símbolo a través del que hayuna marca en particular pero que también se ha empleado en muchas ocasiones como representación de una cultura y un país, por encima de polémicas como tauromaquia sí o tauromaquia no. Y es un símbolo, aunque no de manera oficial como ha sentenciado recientemente el Tribunal Supremo. En la provincia están los de Cuevas de Valderrey, el de Astorga, camino del Manzanal, y el de Villalobar «Conviene aclarar que lo que constituye patrimonio cultural de España es la tauromaquia, no el animal toro (...). El toro no constituye ningún símbolo o icono oficial de España, sin perjuicio de que alguna concreta representación gráfica del toro de lidia haya resultado muy conocida», sentenció. Y lo hizo a raíz de una guerra de marcas cuyas representaciones gráficas están protagonizas por el animal, el cual podrán continuar utilizando cada una de ellas a su manera.Zaino de indulto perpetuoLa polémica ha sido siempre la sombra del Toro de Osborne y han servido también a lo largo de su historia como mural en el que protestar. El tema preferido para ello ha sido la reivindicación de que el toro es del campo y no de la plaza y a veces han querido volverlo salpicado (con pintura roja hace no mucho en Villalobar, por ejemplo) como cuando nació con aquellas letras de Osborne en blanco sobre negro, aunque en este caso con mensajes de lucha que también le han convertido en bandera de muchas causas. Pero los propios tribunales le volvieron zaino y de indulto perpetuo.
El primer Toro de Osborne que se instaló en España fue en la localidad de Cabanillas de la Sierra, en la carretera que va de Madrid a Burgos, en 1957. Un año después llegarían a León los de Cuevas de Valderrey, de menor tamaño que los que se instalaron después en Villalobar (1962) y en Astorga (1977). Estos dos últimos son de 4.000 kilos y tienen una altura de 14 metros y una superficie de 150 metros cuadrados. Ambos están formados por setenta chapas de 190 por 90 centímetros, y aunque en origen se colocaban de madera, estos fueron directamente instalados de hierro. Lo hicieron sobre cuatro torretas metálicas con basamento de cuatro zapatas de seis metros cúbicos de hormigón cada una. Estos forman parte de los denominados ‘toros gigantes’ mientras que los de Cuevas de Valderrey son más pequeños y apenas alcanzan los 2.000 kilos.
¿Dónde están los de León?
Los de Cuevas de Valderrey están ubicados en la N-IV, el de Astorga, subiendo ya al Manzanal, y el de Villalobar, en la linde de la N-630 en dirección a Benavente. Éstos son los cuatro toros que siguen en la provincia de León lidiando con el tiempo, indultados gracias a una faena publicitaria cuyo trofeo fueron dos orejas y el rabo, multiplicados por los 90 morlacos que todavía siguen pastando junto a las carreteras, lejos de la tierra batida, de los tercios y los capotes.