Matanza de las Oteros volvió este sábado a cumplir con la tradición de ese ‘chaparrón’ de avellanas tan único que cae del cielo siempre al inicio de octubre. Unas avellanas que solo ‘llueven’ en sus fiestas patronales, las dedicadas a su patrona La Cañamona, nombre que dan en este localidad a la Virgen del Rosario a la que honran cada año en Matanza de los Oteros con unas fiestas cuya bandera es la tradición.
Unas fiestas que arrancaron el viernes y que se alargarán hasta el martes con una gran variedad de actos organizados por el Ayuntamiento para todas las edades con el objetivo de honrar a La Cañamona como se merece.
El pueblo se reunió a las cinco de la tarde a las puertas de casa del mayordomo de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario –el señor Rodríguez Martínez (Jandrín) este año–, para recoger la colación de avellanas, que es de una ‘mortera’ por cabeza, y un vaso de vino o licor. Pero también es una fiesta en la mirada fijada para todos lados, que además de los puñados que cada uno se lleva de casa del mayordomo, las avellanas empiezan a ‘llover’ por encima de todos los presentes.

Los vecinos de Matanza viven con especial ilusión esta fiesta de la que hay constancia al menos desde 1595 y la cual han ido adaptando a la sociedad abriendo la posibilidad a que el papel de mayordomo pueda ser también femenino, un paso que la Cofradía dio en 2017. Su solera y singularidad han hecho que esta celebración tenga la declaración de Interés Turístico Provincial. Detrás de la tradición está también la historia, en este caso la de la Virgen del Rosario de Matanza, que recibe aquí el nombre de La Cañamona ya que cuentan que la talla que veneran en esta localidad del sur de León apareció entre cañamones o cañaverales.
Otra explicación apunta a que la denominación de la Virgen viene del reparto de cañamones (semilla del cáñamo) aunque en la actualidad sean avellanas lo que se da a los cofrades.
Leyendas a parte y tomando como referencia la documentación de la Cofradía, lo cierto es que desde el siglo XVI aparece regulado el evento así como las sanciones que se imponía a quien no acudiese a las procesiones o a los que no guardasen silencio en el transcurso de las mismas.