Con este sencillo acto, adaptado a las circunstancias impuestas por la pandemia, la ciudad ha renovado el recuerdo del comandante y la condena de la lacra terrorista, que también hirió a otras tres personas que se encontraban cerca del lugar de la explosión. Ante la placa que da fe de esa herida abierta por ETA en León, el alcalde y la hija de Cortizo han depositado una corona de flores, arropados por autoridades y ciudadanos.
A falta de abrazos, un espontáneo aplauso ha llevado hasta las familiares de Cortizo y sus compañeros del Ejército, el calor del pueblo leonés, un cuarto de siglo después de la tragedia.
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