Las farmacias rurales resisten a la despoblación

"Hay días que entran dos personas", reconocen resistiendo a duras penas pese a la disminución de la población y la reducción de los precios de los fármacos

S.J. / T.G. /. E.N.
12/06/2017
 Actualizado a 18/09/2019
Azucena Tascón, farmacéutica de Urdiales del Páramo, junto a su auxiliar, Begoña. | T.GIGANTO
Azucena Tascón, farmacéutica de Urdiales del Páramo, junto a su auxiliar, Begoña. | T.GIGANTO
Las farmacias rurales se han convertido en los servicios básicos que permanecen casi inalterables desde hace años. Son los únicos que no se han reducido, los que permiten a los mayores o a las familias con niños asegurarse una rápida urgencia si una enfermedad repentina o un accidente necesita de un medicamento. Luchan cada día contra el descenso reiterado del número de habitantes, contra la caída de los precios, contra los decretos gubernamentales que se han sucedido desde que empezó la crisis y, sobre todo, con lo que supone el autoempleo en unos pueblos en los que hay pocos, muy pocos vecinos.

«Hay días que entran dos personas», apunta Isabel García, propietaria de la farmacia de Truchas. Su caso es emblemático de la situación que viven algunos farmacéuticos de la provincia con las guardias, ya que estaba obligada a mantenerlas 24 horas al día 365 días al año pero tras varias denuncias, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León corrigió esta situación y ahora se turna con la de La Baña.

Asegura que este establecimiento, del que vive toda la familia, le ha provocado «mucho sufrimiento», puesto que más allá de «la leyenda de multimillonarios», de buenos ingresos y una gran inversión fácil de rentabilizar está el día a día, el cuadrar las cuentas, pagar todos los gastos, la hipoteca, internet e, incluso, la otra línea de red para la receta electrónica. «A partir de esta época es cuando empieza a haber más gente, aunque cada vez menos, porque antes sí se notaba que desde mayo venían algunos vecinos que viven en León, pero ahora vienen en junio o julio», explica Isabel, que fija en julio y agosto los dos únicos meses en los que la afluencia de visitantes al pueblo y alrededores hace que la caja sea positiva. Y es que entre Truchas y sus 13 pedanías apenas hay 350 vecinos durante el año, en la época en la que La Cabrera queda tan apartada que hace difícil que pueda ser rentable.

Un caso llamativo es el de Isabel García, en Truchas, que llegó a tener guardias todos los días del año Prueba de ello es que en León hay 28 farmacias consideradas VEC (viabilidad económica comprometida), es decir, que ingresan por debajo de 200.000 euros, aunque tan solo el 10 o el 11% va a parar directamente al farmacéutico, por lo que no tienen capacidad para contratar a más personal y, evidentemente, no pueden descansar o coger vacaciones sin perder dinero, tal y como le sucede a la propietaria de la botica de Truchas.

También es complicado que el fondo de fármacos sea grande, ya que se podrían caducar sin que haya una necesidad de ellos, aunque los pedidos llegan de un día para otro a todas las farmacias, como atestigua Isabel.

«Es un gremio al que se tiene manía, porque dicen que tenemos privilegios, pero nada de eso», afirma la propietaria de esta farmacia en la que más de una vez ha tenido que decir que las guardias no las cobra, porque hay gente que así lo piensa. «Los rurales garantizamos el actual modelo de farmacia pero no se nos tiene en cuenta», agrega, ya que si hubiera una liberalización del sector, no tiene duda de que muchas se irían a las grandes ciudades donde es más fácil vivir de una botica».

Muchas farmacias rurales tienen apenas dos mesesal año con un número considerable de clientes Isabel especifica que la farmacia está abierta de 9 a 16 horas si no está de guardia, «un servicio que hay que ofrecer pero que está mal gestionado», ya que obliga a estar abiertos todas las noches pese a que apenas hay vecinos que lo necesiten. Así lo considera el presidente del Colegio de Farmacéuticos de León, Javier Herradón, que ha iniciado un programa para contabilizar todos los servicios que se dan en las guardias de las 326 farmacias de la provincia para así saber exactamente cuáles son las que más y menos personas atienden fuera del horario comercial.

«El único profesional que está todos los días es el farmacéutico», resalta Herradón, quien apunta que la Orden de la Junta les «fastidia» más que ayuda puesto que «antes las cosas estaban mejor», por lo que apela al entendimiento para que se pueda reconducir la situación en algunas zonas, como las del Páramo leonés, donde recientemente se han modificado las guardias a instancias de la Consejería de Sanidad de modo que hasta las farmacias de pueblos pequeños tienen que abrir en turno de noche cuando les corresponde.

Urdiales del Páramo

Junto a la carretera que une Santa María del Páramo con Hospital de Órbigo está la farmacia de Azucena Tascón, en Urdiales del Páramo. Allí dispensa medicamentos a los vecinos de este pueblo desde hace 8 años, tiempo más que suficiente para sentirse como en su propio pueblo. Cada día se desplaza desde León para trabajar en un medio rural que defiende y siente como propio. «Trabajar aquí es muy gratificante por el trato con los vecinos y por la cercanía», cuenta sin perder la sonrisa. Y es que a Azucena y a su auxiliar, Begoña, las ‘miman’ mucho los vecinos y no hay más que ver el ramo de flores que cada semana lleva uno de ellos.

En León hay 28 farmacias VEC (viabilidad económica comprometida), la mayoría situada en el medio rural «Esto no tiene nada que ver con la ciudad», reconoce haciendo hincapié en su buena relación con la gente de Urdiales. «A veces somos médico, psicólogo, farmacéutico y también un vecino más», cuenta en la trastienda, donde tiene una pequeña sala donde pasa las noches de guardia que ha comenzado a hacer desde hace pocas semanas. Porque no todo iban a ser flores.

«No tiene sentido poner guardias nocturnas cuando apenas se atiende en ellas a pacientes», lamenta. «Hasta ahora las farmacias de Santa María del Páramo –epicentro de la Zona Básica de Salud– abrían hasta las 10 de la noche pero ahora cierran a las 8 y rotamos las farmacias de la zona para abrir por la noche», relata. «Con esto lo único que hacemos es perder dinero y perjudicar a los vecinos que al final, si tienen una emergencia tendrán que desplazarse igualmente a otro pueblo en busca de los medicamentos», denuncia. «Somos el primer eslabón de la cadena sanitaria y somos los más accesibles ya que estamos aquí las 24 horas del día y los 365 días del año pero a la farmacia rural la están apretando ya mucho», dice Azucena.

Las farmacias rurales garantizamos el actual modelo, pero no se nos tiene en cuenta En estos ocho años que lleva en Urdiales del Páramo ha tenido que despedirse de muchos pacientes debido al envejecimiento de la población rural y eso ha conllevado una disminución considerable de los ingresos en el negocio. «Ten en cuenta que en esta farmacia apenas se venden papillas y menos aún test de embarazo o píldoras anticonceptivas», cuenta haciendo referencia al tipo de pacientes que acuden a su botica, de avanzada edad en su mayoría. Eso sí, sigue siendo optimista y remata: «A veces por encima de lo económico está el beneficio que te da el trato con las personas y ser farmacéutico en el medio rural siempre es gratificante».

Cabrillanes

Hace diez años que Jaime Espolita regenta la farmacia de Cabrillanes, dos más que la de sus ‘vecinos’ de San Emiliano, la otra farmacia en la comarca de Babia. El día a día en la de Cabrillanes ha cambiado con la entrada en vigor de la receta electrónica, «antes era por las mañanas, cuando venía el médico, cuando tenías follón y por la tarde nada; ahora con la receta electrónica tienes algo más de follón por las tardes, pero aun así son muy tranquilas». Lo que no es rentable son las guardias, ya que el establecimiento debe dar el servicio en una zona con poca población y envejecida en la que no se suelen dar verdaderas urgencias. «Estamos una semana sí y una no», dando un servicio que comparten con la otra farmacia de Babia, ubicada en San Emiliano. Jaime explica que antes las guardias «eran días y noches, las noches nos las quitaron hará unos cuatro años, entonces nos quitaron las noches y los fines de semana, pero la gente protestó y nos volvieron a poner los fines de semana, que hacemos guardia hasta las diez de la noche».

Reside junto a su familia en Cabrillanes, y eso supone que la gente de la zona le llame «y al final acabas bajando a atenderles». Jaime asegura que «lo que peor se lleva son los fines de semana, porque la mitad del año estas pillado, te surgen bodas o te surge cualquier cosa, y encima en la zona rural no encontramos sustitutos, que aunque quieras, aunque pudieras pagarlos, no hay farmacéuticos que vengan a sustituir». Una ronda de guardias que comparten únicamente con la farmacia de San Emiliano a pesar de la cercanía geográfica de Villablino. «Cuando cambió la ley de guardias lo solicitamos, pero aquí no nos dejaron juntarnos a Villablino, porque San Emiliano quedaba muy lejos». Por eso, sigue compartiendo el turno con la otra farmacia de Babia, «y quitando en verano, que tienes algo de follón pero no de urgencias precisamente, te pasas el fin de semana mirando al techo, porque en un fin de semana de guardia en invierno, a lo mejor te vienen tres personas en todo el fin de semana». Un servicio sacrificado, pero que deben prestar.
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