El presidente de la asociación que gestiona esta red es precisamente un noble, el actual Conde de Montalvo, Javier Fitz-James Stuart de Soto, que fue quien se encargó ayer de descubrir la placa que integra de manera oficial al castillo de Valencia de Don Juan en esta red apoyada por la Secretaría de Estado de Turismo y a la que el Ayuntamiento coyantino se había adherido hace unos meses. La pandemia no había hecho posible el sencillo acto celebrado ayer junto a la torre del homenaje de la fortaleza. El alcalde de Valencia de Don Juan Juan Pablo Regadera, el concejal de Cultura Javier Revilla y otros miembros de la corporación municipal se encargaron de dar la bienvenido a Fitz-James Stuart de Soto que se mostró "maravillado" por las características del castillo. "Solo hay que verlo", afirmó tras descubrir la placa y recibir de manos del regidor coyantino una miniatura de la fortaleza. "Hay que potenciar el turismo de esa España que quizá es menos conocida pero que cuenta con un patrimonio tan importante como es este castillo", aseguró convencido de la importancia que tiene para el municipio poner en valor este tipo de inmuebles. Además, avanzó que trabajarán junto al Ayuntamiento coyantino para consolidar una apuesta turística "atractiva y de calidad" entorno al castillo como podría ser una audioguía para los visitantes o su señaléctica.
La Casa de Alba y Coyanza
Se da la circunstancia de que Javier Fitz-James Stuart de Soto es propietario del Castillo de Belmonte (Cuenca) que fue construido por Juan Pacheco (Marqués de Villena), nieto de Martín Vázquez de Acuña, I conde de Valencia de Don Juan. Ello hace que ambos castillos muestren similitudes heráldicas, pero además, las dos fortalezas fueron terminadas hacia la misma época (1470), en vísperas de la guerra civil que enfrentó a la futura Isabel I (La Católica) y a Juana de Castilla (La Beltraneja), siendo los nobles de los castillos de Belmonte y Valencia de Don Juan partidarios de la segunda, bando derrotado en el conflicto sucesorio por la corona.
Pero además, Javier Fitz-James Stuart de Soto es primo del actual Duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, que además preside la Fundación Instituto Valencia de Don Juan, con sede en Madrid, actual propietaria del Castillo de Valencia de Don Juan.
600 años, 3 milenios
El castillo de Valencia de Don Juan es una fortaleza de estilo gótico militar construida principalmente a lo largo del siglo XV, aunque es posible que algunas de sus partes ya se correspondan a la etapa en la que el infante portugués Don Juan de Portugal recibiera el título de Duque de Valencia de Campos (año 1387), mandando tras ello erigir, a finales del siglo XIV, ésta la que sería su residencia principal.
El linaje de los Acuña y Portugal fue quien desarrolló y completó las obras del castillo a lo largo del siglo XV. Doña Teresa Enríquez y Don Juan de Acuña (III Conde y II Duque de Valencia de Don Juan) serían los principales impulsores de la actual fortaleza, levantándose entonces la Torre del Homenaje. A partir de la V Duquesa, Doña Luisa de Acuña y Manuel, el castillo quedaría sin uso, iniciando su progresivo abandono y ruina. En 1931 fue declarado Monumento Nacional (actual BIC). Pero, aunque en las décadas de 1950 y 1980 se realizaron obras de restauración y mantenimiento básico, la recuperación del castillo se impulsaría a partir de 1998 en que la Fundación Instituto Valencia de Don Juan, propietaria del castillo, cedió su uso al Ayuntamiento de Valencia de Don Juan por 75 años. En 2008 se inauguró el actual museo dentro de la rehabilitada torre del homenaje.
En poco tiempo el castillo escribirá un nuevo capítulo de su historia con unas obras inminentes que consolidarán su estructura y pondrán remedio a la erosión de los cimientos en su lado oeste, el que se encuentra junto al río Esla. Con estas obras sujetarán las ruinas de uno de los castillos más sorprendentes de España, el más teatral de la corona de Castilla según escribió Edward Cooper aludiendo a que muchas de las torres que se pueden contemplar desde fuera son un ‘mero decorado’ puesto que no tenían estancias en su interior y funcionaban como murallas.
Pero también esta intervención permitirá en años próximos iniciar un programa de excavaciones arqueológicas con las que sacar a la luz la desconocida distribución interior de la fortaleza, que además de sus 6 siglos de antigüedad se asienta sobre un importante yacimiento arqueológico ocupado desde al menos 3.000 años, pues se han documentado en él evidencias desde la Edad de Bronce.