El empresario tenía vivienda tanto en Madrid como en Bilbao, además de en Málaga. Pero las dos primeras figuraban como domicilio, lo que hizo que cada lo interpretase según sus propios intereses. Por una parte, la Diputación Foral de Bizkaia asumió que Álvarez vivía allí porque así figuraba en su DNI, mientras que el Estado defendió que su domicilio de los últimos años estaba ubicado en Madrid, donde ejercía el grueso de su actividad.
La ley marca que el impuesto de sucesiones debe abonarse en la región en la que más tiempo haya residido el finado en los últimos cinco años, aunque el Supremo se ha extendido unos años más para resolver que Álvarez vivía en Madrid, una decisión que la Sala Tercera de los Contencioso basa fundamentalmente en el domicilio de su cónyuge, Maite Esquizábel, con la que se casó en 2009 después de haber enviudado dos veces.
En la sentencia del Supremo, los magistrados recuerdan que la ley obliga al matrimonio a residir juntos y no aprecia pruebas que concluyan que no lo hacía así. Además, el fallo destaca que de las 15 sociedades que administró Álvarez en la última década solo una tenía su sede social (no fiscal) en Bilbao, el grupo Eulen.
Este fallo concluye que sea Madrid y no Bilbao la región que se beneficie de la herencia, lo que según el medio económico supondría a Madrid (teniendo en cuenta la última fortuna de David Álvarez publicado en la revista Forbes) menos de dos millones, frente a los seis que hubiese dejado en las arcas vascas según la estimación de Cinco Días. La posible rebaja fiscal beneficiará especialmente a la viuda de Álvarez, a la que según publicó El Mundo legó un sueldo vitalicio de 12.000 euros mensuales y tres millones en efectivo, y a sus dos hijos predilectos, María José Álvarez Mezquiriz (hoy al frente de Eulen) y Jesús David. Mientras, sus otros cinco hijos recibieron únicamente la parte legítima de la herencia.
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