En las dos primeras jornadas de apertura de este pasado fin de semana, la Cueva ha recibido 313 visitantes distribuidos en 16 grupos: once que realizaron el recorrido normal (245 personas), cuatro el largo (60) y uno el de ‘Valporquero insólito’ (8 personas). La procedencia de los usuarios ha sido fundamentalmente de Castilla y León, Cantabria, Madrid, Galicia y Asturias.
El pasado año, la temporada se cerraba con más de 56.500 visitantes, el doble que en 2020, la más atípica de toda su historia por la pandemia, en la que apenas alcanzaban los 27.800. En todo caso, la media de visitas previa a esta crisis sanitaria rondaba las 73.000. Las reservas para visitar la Cueva pueden realizarse a través de su página web (www.cuevadevalporquero.es) o en taquilla, salvo para el recorrido‚ Valporquero insólito’, que solo se puede adquirirse online.
El recorrido ‘Valporquero insólito’, que se puso en marcha en junio de 2016 incluyendo zonas hasta entonces no transitables y con un trayecto de ida que se realiza prácticamente a oscuras, se ofrece solo los jueves, sábados y domingos. Esta visita dura casi tres horas y recorre tres kilómetros que llevan al visitante hasta la parte alta de la sala de Pequeñas Maravillas, la galería de acceso al Curso de Aguas, la zona baja de la sala de Maravillas, el lago y el final de la cueva.
La visita normal tiene una duración de en torno a una hora y 1,6 kilómetros de recorrido pasando por la Gran Rotonda, las Pequeñas Maravillas, las Hadas, el Cementerio Estalactítico y el inicio de la Gran Vía, mientras que el recorrido largo se adentra hasta la columna solitaria y las Maravillas prolongando el tiempo de duración de la visita hasta la hora y media, y la distancia a 2,5 kilómetros.
Este monumento subterráneo abrió sus puertas al público general en el año 1966. Desde entonces, bajo la gestión de la institución provincial, y siempre acompañados de guías conocedores del medio, ofrece a los visitantes la oportunidad de adentrarse en la profundidad de la montaña caliza y disfrutar de un paisaje de estalactitas, estalagmitas, coladas y columnas que durante más de un millón de años el agua ha ido esculpiendo de una manera lenta pero constante hasta conformar el paisaje único que ofrece este especial recurso turístico subterráneo en el corazón de la montaña leonesa, que tiene una temperatura en el interior de 7ºC todo el año.
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