Fue ese punto en el que más gente esperó. Se repitió la imagen de sacudida de palmas y ramos al aire, mientras el obispo de la Diócesis de León, Julián López, bendijo a todos los presentes. Los niños volvieron a ser los protagonistas de la mañana, acompañados por palmas de todos los tamaños, algunas auténticas obras de arte que caminaron después hacia la Catedral, donde se celebró la eucaristía.
A la procesión, que salió de San Isidoro hasta San Marcelo, donde paró para luego subir a la Catedral, se unió la corporación municipal.
La felicidad de ramos y palmas deja ahora paso al silencio y a la solemnidad del Cristo del Gran Poder y del Dainos que procesionarán la tarde de este Domingo de Ramos.
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