Homenaje a un paisano: Fulgencio Fernández, el oficio de contar dando en el blanco

Cármenes homenajeó este domingo por la noche a su vecino, en un emotivo acto repleto de compañeros y amigos que quisieron poner en valor la trayectoria brillante, fecunda y, por encima de todo, auténtica del gran contador de historias de esta provincia

10/08/2026
 Actualizado a 10/08/2026
Fulgencio Fernández recibió el reconocimiento de vecinos, familiares y amigos en un emotivo acto que tuvo lugar el domingo por la noche. | REPORTAJE GRÁFICO: MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández recibió el reconocimiento de vecinos, familiares y amigos en un emotivo acto que tuvo lugar el domingo por la noche. | REPORTAJE GRÁFICO: MAURICIO PEÑA

Muchos años después, frente a quienes le rendían homenaje, el tío Ful había de recordar aquella mañana remota en que su abuela lo llevó a conocer la nieve. Cármenes, el Macondo de este contador de historias, era entonces y sigue siendo hasta hoy un pueblo en los que unos y otros se ayudan. Bajo esa forma de ser y estar en el mundo, en esa aurora de finales de los años 50, el niño Fulgencio Fernández tomó ejemplo para el resto de sus días al ver un minero recoger leña y dejarla a la puerta de su casa antes de empezar su larga jornada. Todo para que una anciana no tuviera que hacer lo mismo en tan gélido amanecer. Alrededor de la escena, un blanco sublime. Perfecto. Puro. Un blanco que cualquier palabra, por bella que sea, solo podría ensuciar. El blanco que el más brillante de los periodistas leoneses dice haber buscado sin encontrar a lo largo de su inagotable trayectoria.


Ese recorrido profesional entre dos siglos fue reconocido con el mayor de los merecimientos este domingo por la noche por los vecinos de Cármenes y por compañeros, amigos y personalidades varias que han tenido la suerte de compartir parte de esta trayectoria con Fulgencio Fernández. Un acto emotivo y auténtico, como el paisano al que se homenajeaba.

Compañeros de la prensa, deportistas y amigos de toda una vida se reunieron para un acto sorpresa


Fulgencio había terminado de escribir la crónica del corro de Lucha Leonesa de su pueblo y acudía al Casino de Cármenes a lo que pensaba que sería la presentación de la revista anual, cómo no fruto de su pluma e ingenio, que cuenta las andanzas del paisanaje local. Para su sorpresa, el veterano periodista se encontró un salón a rebosar, repleto de familiares y amigos que se estaban dando cita para mostrarle su afecto y admiración.

"No lo vi venir"


En la pantalla tan solo una foto suya, retrato de su inseparable Mauricio Peña, que provocó que empezase a sospechar que aquello no sería la presentación de los quintos ‘Cuadernos del Casino’. Sin embargo, se sentó al fondo, en una esquina. Puro Ful. «No sabía nada. Estaba todo Dios confabulado. No lo vi venir», bromeaba este lunes.

HomenajeFulgencio
 


Después de proyectarse un vídeo con imágenes de su trayectoria, sus compañeros de ‘Las voces de la semana’ en Radio León-Cadena SER dieron inicio, sumando los reconocimientos de Luis Mateo Diez, Fernando Rubio o Chechu Gómez, al homenaje sorpresa al periodista de La Nueva Crónica. El acto se desarrolló por bloques: amistades, deportes, prensa… Amigos del colegio compartieron algunas batallitas que sobreviven al tiempo, Laia Redondo emocionó a todos recordando a Lolo, mientras que Juanín, Barreñada y varios luchadores también dieron gracias al paisano de Cármenes por contar tanto y tan bien.

Fulgencio reconoció quedarse por primera vez sin palabras y se emocionó con el homenaje de los suyos


Óscar Campillo, Javi Calvo o Mauricio Peña también pusieron en valor ese legado de Fulgencio en la prensa local, en un buen hacer que ha marcado a generaciones de periodistas leoneses. Laura Pastoriza, en representación de toda la plantilla de este periódico, leyó un texto de David Rubio, director, en el que precisamente se destacaba esas clases magistrales que el tío Ful imparte cada día a todos los que nos dedicamos al oficio de juntar letras: «Mientras los demás corremos detrás de la actualidad, siempre con prisas y dejando que lo más importante se nos escurra entre los dedos, a ti te van saliendo al paso, en tu elogio de la lentitud, los temas y los personajes más interesantes y que, como yo, no quieren que sus éxitos o sus derrotas los cuente nadie más que tú».

Sonrisas y lágrimas


Mujeres de toda la provincia, cuyas historias ha puesto palabras como nunca nadie podrá hacerlo, como la montañera Ana Isabel Martínez de Paz, o el propio alcalde de Cármenes, en representación de todos los vecinos, también quisieron subirse al escenario para dedicar unas palabras al bueno de Ful. Unos discursos entre los que merece una mención especial el de Juan, hermano del homenajeado, que consiguió que todos los presentes pasasen de las sonrisas, al recordar la «mala leche» de aquel niño que miraba a la nieve y su buena puntería con las piedras, a las lágrimas, cuando finalizó su intervención con un sentido «gracias por ser mi hermano».


En cualquier caso, quedaba lo más emotivo: las palabras del maestro de maestros, del cronista más grande de los que en León han sido. Fulgencio confesó quedarse por una vez sin ellas y, con la voz rota, dejó escapar alguna lágrima. Un paisano de su envergadura, un hombre que ha vivido lo que él ha vivido. Como para no llorar el resto... Todo el auditorio se emocionó con el tío Ful dando las gracias a corazón abierto por ese homenaje. «Estoy muy agradecido. La verdad es que sigo sin palabras», comentaba todavía este lunes el genial periodista.

La búsqueda del blanco puro


En su discurso compartió ese primer recuerdo con el que comenzó esta crónica: la historia de su abuela despertándolo de sus sueños infantiles sobre un colchón de lana, cargándolo en sus brazos y bajándolo a la cocina para que mirase por la ventana. Nieve. El más inmaculado e inefable de los blancos que Fulgencio confesó no haber presenciado nunca después. Sigue buscándolo. Un blanco realista y mágico, como aquel niño que nunca creció y que tal vez en esa onírica blancura pretendía reconocer al padre del que la vida le privó. De alguna manera lo hizo, intuyendo sus valores en la espectral figura de un hombre que iba a la mina y que, con una tenue luz a modo de farol, se abría paso entre el invierno para ayudar al prójimo.

 


Su abuela no tendría que salir esa gélida mañana a por leña y, décadas después, cuando los años también mermaron la generosa energía del minero, Fulgencio Fernández, el paisano de Cármenes, cerró el círculo. A menudo, el homenajeado de este domingo acompañaba a casa a ese anciano al que contemplaba descansando de los envites de la silicosis apoyado en una escalera. Según expresó Ful con mucha mayor elocuencia que la que pueda quedar aquí por escrito, eso es el pueblo: «ayudarse unos a otros». El verdadero orgullo rural. Una comunidad de iguales que se apoyan entre sí y que este mes de agosto no quiso dejar pasar la oportunidad de mostrar su devoción y respeto por uno de los suyos, por su cronista para siempre.

Una canción en honor al tío Ful


El acto se alargó hasta pasada la una de la madrugada, con la animación musical de Armando y Rodrigo mientras el tío Ful echaba unos tragos a la petaca. En la actuación del minero coplero y el de Tarna hubo hasta una divertida canción dedicada al médico y periodista de Cármenes, la cual concluyó con un alegato que haría suyo todo aquel que pueda presumir de conocer a tan singular personaje: «Que te pongan una calle. Que tengan mil y un detalles. Que te agasajen mil veces. Tu persona lo merece. Que conozcan tu grandeza de Nueva York a Estambul. Que grite la humanidad: ¡El mejor es el Tío Ful!».

 


Poco más que añadir. Bueno sí, venga. Dado que si algo me enseña Fulgencio a diario es que la regla suprema de este oficio es que no hay reglas, hago uso de la primera persona y me salgo un poco de la tarea de cronista que me ha sido encomendada para darte directamente las gracias de parte de toda la redacción de La Nueva Crónica, para mostrar la admiración, cariño y respeto de los que, por mucho que ponga la categoría profesional de nuestros contratos, nunca seremos tus iguales. Te tenemos por referente y, lo que es más importante, por un paisano. En el primer discurso que te escuché dijiste algo así como que solo aspirabas a morirte sin ningún enemigo. Quizás en esa sencilla cita, en esa honestidad, en esa bonhomía y en esa verdad, se esconde el blanco indescriptible que tantas veces buscaste.


Esta crónica no debe terminar sin mencionar a algunos de tus personajes, al Tigre de Villahibiera, a Juan el hojalatero, a Asunción la de Corcos o a tantos y tantos otros. Pero, por encima de todo, el punto final no puede anticiparse a tu mejor obra, esa que siempre se escribe de puertas hacia dentro: la familia que has formado junto a Pepa y tus hijos, Lucía, Paula y Rodrigo. Ellos, Cármenes y toda esta provincia que cuentas a diario estamos orgullosos de ti… ¡Larga vida al tío Ful!
 

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