«Yo de mayor quiero ser artista». Lo dice convencida la niña Emily, la pequeña de la familia, y a buen seguro que lo será porque tiene gracia y arte para regalar, siempre con una sonrisa franca en el gesto. Pronto es ella la que toma el protagonismo de la conversación entre la mirada cómplice de Blanca y Raizel, sus padres, mientras Leinsay, de 16 años, sigue atento a su videojuego en el teléfono. «El va a ser informático», dice su hermana.
— Mejor hacker...
— Lo que sea, pero con máquina.
Los cuatro miembros de esta familia de La Habana han sido una ‘bendición’ para Omaña, y mucho más para Oterico, donde se han asentado después de pasar un tiempo en Riello. «Aquella casa se nos quedaba un poco pequeña, y como Oterico también está muy cerca de nuestros trabajos pues estamos muy bien aquí», explican Blanca y Raizel que trabajan en Riello. Ella en la cocina del restaurante El Rincón de Manolo, que no es fácil encontrar trabajadoras en los pueblos, y Raizel García en la residencia de ancianos.
- ¿Cómo fue la llegada desde tan lejos, Cuba, y desde un lugar tan diferente, del calor de La Habana al frío de León?
— La situación económica que vive nuestro país ya es conocida y necesitábamos ofrecerles un futuro mejor, con más ilusión, a los niños. Primero me surgió la posibilidad de venir a trabajar a mi (Blanca) y él vino sin papeles de trabajo, con un visado, y al encontrar trabajo pues ya arreglamos los papeles, se sacó el permiso de conducir ‘el carro’ y ya nos fuimos asentando.
— ¿Cuánto tiempo lleváis aquí?
— Año y medio.

Son la novedad en Oterico, donde en invierno apenas viven seis o siete vecinos... «Hay un vecino aquí en la casa de al lado; y después para la parte de arriba otras tres casas abiertas; pero donde más gente vivimos es en este espacio», explican los padres y la siempre ingeniosa Emily asiente cuando le decimos que con votarse ellos prácticamente podrían ser presidente o presidenta del pueblo.
— Cierto, yo lo seré.
— Tu no puedes, te faltan cuatro años para ser mayor de edad y poder ser la alcaldesa de Oterico.
— Pues ponemos a mamá, pero ella hará lo que yo le diga.
Todos ríen la salida de ‘la artista’, que se va a jugar con los gatos.
Leinsay y Emily van a clase al Instituto Ramiro II de La Robla, en el transporte escolar, y admiten que ya se van acostumbrado pero tuvieron ciertas dificultades para integrarse, curiosamente uno de los escollos fue el idioma aunque, en teoría, hablan el mismo. «Será el acento... al principio nosotros hablábamos y nos preguntábamos qué habíamos dicho; y también por algunas palabras, que son diferentes».
- ¿Y ya os entendéis?
- Sí, ahora ya sí.
- ¿Ya hablan todos los alumnos en ‘cubano’?
- No, ya hablamos nosotros como ustedes; salta como un resorte la artista de la familia.
- ¿Qué quieres ser? En Cuba hay mucha tradición de baile, danza...
- No, yo cantante.
Hablamos del gran cambio en sus vidas. Se extrañan cuando les decimos que no han vivido inviernos fríos, surge el asunto de la despoblación, de su llegada a un pueblo en el que prácticamente han duplicado el censo real pues «en verano vienen más familias, pero no muchas; los niños tienen que ir a Riello para tener amigos. El pueblo está un poco abandonado, se ha ido mucha gente, el otro día se hundió esa casa de aquí al lado; apartaron las piedras que cayeron a la carretera y ya.
- ¿Y cómo es la convivencia?
- Buena, sin ningún problema. Lo que ocurre es que nosotros nos vamos a trabajar y cuando regresamos ya casi es hora de recogerse en invierno, pero los vecinos dicen que es una alegría ver gente por las calles. A ver si regresa el buen tiempo y podemos disfrutar más del pueblo.
- ¿Dejasteis mucha familia en Cuba?
- Sí, claro, allí el concepto de familia es muy amplio; primos, tíos, los padres, por supuesto, pero somos una familia muy larga.
- ¿Y regresar?
- Ahora mismo imposible; estamos atentos a lo que está ocurriendo en el mundo pero regresar a La Habana es muy complicado, es costoso, lo que lleváramos no solucionaría prácticamente nada. Aunque miramos a nuestra tierra nuestro futuro está en León.
No hace muchas décadas que fueron los leoneses quienes cogieron un barco hacia Cuba, a muchos les fue muy bien. Hoy ‘el barco’ ha vuelto, al ‘mar’ de Omaña.