Uno de los sueños de Fernando (en España, Frank en Estados Unidos) Caldeiro era subirse a su primer viaje a la Estación Espacial Internacional con dos banderas, la de Galicia y la del Bierzo. Otro de sus sueños era contemplar desde el espacio Samos y Toral de los Vados y Argentina. Sueños incumplidos pues este astronautua con sangre berciana después de luchar dos años y medio contra un tumor cerebral, falleció el 3 de octubre de 2009 con tan solo 51 años de edad.
Quien desvelaba estos sueños de Caldeiro era otro berciano, amigo personal de Fernando (así le llaman en Toral de los Vados), Miguel Ángel Magallanes, director de la revista internacional Nasa.net. Y estos sueños tenían mucho que ver con el muchas veces confesado y demostrado apego de Fernand Caldeiro con sus raíces: «un hombre nacido en Argentina, pero de padre berciano de Toral de los Vados y madre gallega de Samos. Mi padre y mi tío trabajaron en las canteras de Cosmos en Toral de los Vados; y yo ya nací en Argentina, donde emigraron».
Un variado cruce de sangres que el propio astronauta definía en sus frecuentes visitas al Bierzo, Galicia y León donde guarda un buen número de amigos. Su presencia en Toral fue habitual hasta el año 2008, un año antes de su muerte, todavía muy joven. "Soy berciano y gallego de alma, argentino de nacimiento y estadounidense por accidente".

En la página web del municipio de Toral de los Vados, de cuyo exalcalde Pedro Fernández fue Caldeiro buen amigo, se habla de su habitual presencia en estas tierras. "Siempre que su trabajo se lo permitía volvía al Bierzo. Fernando solía pasar parte de sus vacaciones estivales en Toral de los Vados donde se encuentra parte de su familia paterna y sus viejos amigos de la infancia, con los cuales pasaba largos ratos en buena compañía, uno de esos amigos era Pedro Fernández, alcalde de Toral de los Vados. Otra tierra que siempre llevó en su corazón fue Galicia, y cuando podía iba a ella a reencontrarse con sus recuerdos. Frank se sentía muy orgulloso de sus raíces españolas".
También de las raíces argentinas, país en el que se multiplican las reseñas y reportajes de prensa sobre "el primer astronauta argentino", que allí nació en 1958, en la ciudad de Ituzaingó, aunque los evidentes altos vuelos de su carrera pronto le llevaron a Estados Unidos, por más que él insistiera en que era "por accidente", para labrar allí una brillante carrera, solo truncada por la prematura muerte. "En 1991 fue contratado por el Centro espacial John F. Kennedy de la NASA como experto en criogenia y sistemas de propulsión en la Oficina de Seguridad y Control de Misiones; fue pisteriormente seleccionado por la NASA como candidato a astronauta en mayo de 1996, Caldeiro se trasladó al Centro Espacial Lyndon B. Johnson en agosto de ese año. Obtuvo la calificación de ‘Especialista de misión’ después de completar dos años de entrenamiento y evaluación. En 1997 fue asignado a la Oficina de Astronautas a la rama de operaciones de la estación.... Son solo unos mínimos pasajes de una espectacular biografía de un astronauta que jamás renunció a su origen berciano y participaba en las actividades que le solicitaban cada vez que visitaba Toral de los Vados, siendo también habitual conferenciante en la Universidad de León, en una de cuyas presencias confesó que incluso había llegado a más de lo que había soñado: "Siempre había querido ser piloto de aviones pero nunca me había imaginado viajando al espacio", algo que entonces tenía muy cerca pero tuncó su muerte.
Por supuesto que nada que ver su biografía leonesa con las de sus colegas "Sara y Pablo" —como se ha popularizado para hablar de nuestros dos astronautas actuales—, leoneses de nacimiento, estudiantes de la Universidad de León y ‘vecinos’ hasta hace cuatro días cuando fueron reclutados para "la carrera espacial". Pero con lo generosos que solemos mostrarnos para ‘adoptar’ como nuestros a numerosos deportistas, escritores, artistas... que tienen alguna vinculación con nuestra tierra extraña que una biografía como la de Frak/Fernando Caldeiro no haya tenido mayor trascendencia entre los leoneses, más allá de los esfuerzos de Toral de los Vados por mantener vivo el recuerdo de este personaje que ya nos dejó hace quince años, en demasiado silencio.
Nunca es tarde.