Fallece Tavito el de Vegacervera, padre y embajador de la cecina de chivo

Octavio González era miembro de una larga familia a la que muchos llaman “los del Miserias”, pues regentaron ese bar en León durante años y después regresaron a Vegacervera, donde abrieron La Cocinona

30/10/2026
 Actualizado a 30/10/2026
Fallece Octavio González, Tavito, el de Vegacervera, padre y fundador de la cecina de chivo. | SAÚL ARÉN
Fallece Octavio González, Tavito, el de Vegacervera, padre y fundador de la cecina de chivo. | SAÚL ARÉN

Hace tan solo unos días, en el velatorio y entierro de Alfonso, cuñado de Tavito el de Vegacervera, el comentario general era la delgadez del citado Tavito, su imagen deteriorada, la voz definitivamente rota. “No hay solución, en pocos días será él”, lamentaban en esa larga familia de los González de Vegacervera, los hijos del recordado Octavio, el de la cantina y el encargado del mantenimiento de la red eléctrica de la comarca. Viene bien traerlo a la memoria porque Tavito tenía una frase para seguir adelante cuando su gran sueño, hacer de la cecina de chivo el buque insignia de Vegacervera, parecía que se tambaleaba. “¿Qué es duro? Lo duro era lo de mi padre levantándose a las dos de la mañana a arreglar una avería de la luz en medio de la nieve… y lo hacía, porque los paisanos de verdad siempre tiran para adelante”.

Suficiente para seguir. Y no cejó en su empeño hasta esos 73 años que cumplió el día de las Nieves, la fiesta de Vegacervera. Este viernes nos dejó, se cumplió ese fatal presagio de los suyos. Ya nada será igual. Ni Vegacervera, ni cualquier feria o mercado gastronómico, ni la Feria de ‘su’ Cecina de Chivo de la semana que viene, inimagiable sin la foto de Tavito con su mandil cortando cecina y ofreciendo al personal, contando alguna anécdota… ¿Has visto algún reportaje de cualquier edición de la Feria de la Cecina sin Tavito? No, imposible, tenía imán para las cámaras y gracia para las personas.

Tampoco será igual la carretera del Torío sin la furgoneta cuadrada y blanca de Cárnicas Tavito a paso de burra, que siempre iba dando vueltas a alguna idea, mirando al monte para ver los chivos, pensando en sus cosas. Ni serán lo mismo los partidos del Madrid sin Tavito llevando la contraria al entrenador, al que fuera, que “han pasado por aquí burros que no valen ni para cecina”.

Tavito. Irrepetible. Orondo. Trabajador. Incansable, cabezón hasta llegar a meta. Deja su gran sueño, la cecina de chivo, donde siempre soñó que la pondría, en lo más alto ¿Alguien no la conoce? ¿Alguien no le pone a Vegacervera el apellido de ‘el pueblo de la cecina de chivo’? Pues cuando dices esto, estás diciendo Tavito. Lo estás recordando mirando con los prismáticos a los chivos en los montes cercanos a las Hoces, en el despacho de su hermano Gelo en Vegacervera, en la carnicería de Matallana o en el despacho de Matueca. No paraba, siempre estaba enfrascado en algo, pero siempre tenía tiempo para una conversación, para una discusión, y si era de política aún más larga pues siempre fue fiel a la tradición socialista de la casa, que venía de lejos, con momentos álgidos como el de su cuñado Luis, el eterno alcalde de Vegacervera, hasta su hijo Tavitín, el actual alcalde, que lleva con orgullo ese diminutivo pues sabe que la traducción es “el hijo de Tavito”.

Tavito, Octavio González, era miembro de una larga familia a la que muchos llaman “los del Miserias”, pues regentaron ese bar en León durante años y después regresaron a Vegacervera, donde abrieron La Cocinona. Unos estaban en la mejor gastronomía (y fábrica tienda de embutidos) y Tavito se volcó en la promoción de la Cecina de chivo, la curada y la cocinada. “Nada más volver de la mili me puse a ello, siempre supe que el futuro de Vegacervera estaba ahí y nadie me lo quita de la cabeza… Si cada vez que me dijeron que estaba loco hubiera tenido dudas ya lo habría dejado hace un siglo, pero yo lo que sé lo sé, y si hay que tirar la pared para meter la cabeza… se tira·”, decía sentado en el bar Capitol de Matallana, justo enfrente de donde puso su carnicería, la de Tavito, la de la cecina de chivo, aquella que cargaba en la furgoneta para acudir a ferias en todo el norte de España, de Galicia y Asturias a Extremadura.

- Tavito, a la velocidad que vas ¿llegarás a Santander?

- Sí hombre sí, hay muchas cuestas abajo.

- ¿Y para volver?

- Las mismas, no van a hacer una carretera nueva para mí.

Se veía venir. Su oronda figura se había quebrado, su barba blanca de abuelo de Heidi palidecía, su voz era cada día menos trueno, su risa no rompía la tranquilidad del Capitol, ni siquiera la victoria ante el Barça… Aquella neumonía escondía al bicho traidor que ayer le llevó. Nada será igual.

 

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en
Lo más leído