Cuentan de una recordada vecina de Cármenes, ya fallecida, Guadalupe la de Justo, madre de seis hijos, que cuando alguien llegaba por su casa preguntando si estaba alguno de los hijos siempre respondía con gracia: «Pues la verdad, ahora mismo en casa no está ninguno, pero si vuelve usted a la hora de comer le aseguro que están todos».
Y así era.
La anécdota la recordaban ayer muchos pues este municipio, de la cabecera del Torío, es de los que viene sufriendo desde hace tiempo esa maldición que llaman «la España Vaciada», hasta el punto de que contando con los 17 pueblos que conforman el municipio el censo oficial se queda en 333 habitantes. Por eso, no podían dejar de recordar ayer —y todos los años, no nos engañemos—la anécdota de Guadalupe al comprobar que para la celebración de La Borregada estaban más de 400 inscritos que acudieron a la cita, ante la invitación del ayuntamiento a recrear esta vieja costumbre, como prólogo de la feria tradicional que se celebrará el próximo fin de semana.
Una rica morcilla, también chorizo entrecallao, caldereta de cordero y un pastel y café y licores fueron suficiente atractivo para hacer viajar a muchos de los que ya habían acabado sus vacaciones... y disfrutar del menú y escuchar la berrea, que lleva unos días (más bien noches) realmente espectacular pudiéndose escuchar el celo de los ciervos con gran nitidez y durante largos periodos. Hasta los hay que se quejan de problemas para poder dormir.
La borregada recrea realmente una vieja tradición de estos pueblos que alquilaban sus puertos a rebaños trashumantes; y cuando éstos se iban a marchar regalaban unas ovejas a los vecinos y los comían todos juntos en hermandad antes de partir camino de Extremadura, primero andando, después en tren o camiones y ahora... en nada. Pero la comida se mantiene y en este municipio está consolidado, es muy esperada y se considera una especie de fiesta de fin del verano pues ya muchos ‘veraneantes’ van cerrando sus casas hasta la primavera.
- Lo del nombre de la borregada, vaya que vaya, suena raro; pero la morcilla y el cordero, estupendos; le dicen al alcalde, que sonríe.