Se dice con frecuencia, y no pocos podrían atestiguarlo, que las mujeres son las que más mandan en el interior del hogar. En cualquier caso, no hay ninguna estadística que pueda acreditar esta afirmación o dejar de hacerlo. Lo que sí que cuenta con datos fiables que avalan la autoridad femenina son los del ámbito educativo, donde una amplia mayoría de las directoras de centros de Primaria en León son mujeres. De hecho, según las estadísticas publicadas recientemente por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, en tres de cada cuatro ‘coles’ de León el mando lo ejercen ellas.
A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de sectores productivos, las mujeres de León sí que están asumiendo un rol de liderazgo en la enseñanza. Ellas son protagonistas de la mayor parte de los equipos directivos, formados por directores, jefes de estudio y secretarios, de la provincia. Sobre todo, en la etapa de Infantil y en la de Primaria. Posteriormente, ya en Secundaria, el porcentaje de directoras se reduce de manera considerable.
De esta manera, según las estadísticas ministeriales a nivel provincial, relativos al pasado curso, en un 72 por ciento de los centros educativos de Primaria tienen al frente a una mujer. El porcentaje de directoras se dispara hasta el 95,2 por ciento en el caso de Infantil, en una etapa en la que la docencia recae de manera mayoritaria en manos femeninas.
Por el contrario, en los centros de ESO y Bachillerato las directoras dejan de ser mayoría. Según los datos oficiales, solo en un 42,9 por ciento de estos colegios e institutos en León tienen a una mujer al frente.
Más adelante, en ESO y Bachillerato, las mujeres dejan de ser mayoría en los despachos de dirección
En cuanto a jefas de estudio, en territorio leonés sí que son mayoría en todas las etapas educativas. Lo mismo ocurre a nivel provincial con las secretarias, que completan los equipos directivos de colegios e institutos.
De hecho, en algunos centros educativos de la provincia todo su equipo directivo está formado por mujeres. Sería el caso, por ejemplo, del Colegio Ponce de León, donde Raquel Serrano ejerce como directora, Silvia Alonso es la jefa de estudios y Lorena Cano ocupa el cargo de secretaria. Lo mismo ocurre en el Colegio San Isidoro, en el que la dirección recae en Lorena González, la jefatura de estudios en Tamara Ares y la secretaría en Paula Portillo.
Tanto Raquel como Lorena, directoras en colegios leoneses, consideran que el hecho de ser una profesión «muy feminizada» influye en que las mujeres ocupen cargos directivos y que esto ayuda a romper los techos de cristal que se mantienen en otros ámbitos. «Si en la enseñanza somos mayoría mujeres, lo más normal es que también en los cargos directivos de los centros educativos seamos mayoría mujeres. Además, no solo asumimos cargos directivos, también observo una mayoría de mujeres en cargos de coordinación de proyectos, coordinación de formación, coordinación de ciclos, coordinación de convivencia... En la educación estamos muy presentes en todo, como es lógico», manifiesta la directora del Ponce de León.
Superando "estereotipos"
En este sentido, Raquel considera que esta presencia femenina en cargos directivos también es un «modelo» para los niños y niñas. Dado que en esas edades se aprende mucho «por observación e imitación», esta directora de un centro educativo cree que la prevalencia de mujeres en estos puestos de responsabilidad ayuda a que se vea de una forma «natural» y que se superen los «estereotipos» que estaban presentes en generaciones anteriores.
Hay equipos directivos, como los del Ponce de León o San Isidoro, compuestos exclusivamente por mujeres
Lorena coincide con su homóloga en que se ha asistido a una evolución importante en este ámbito y que en lo que va de siglo se han sucedido cambios socioculturales que han favorecido el proceso. «En las últimas décadas ha aumentado de forma significativa el número de directoras de centros educativos y pienso que es un reflejo de una transformación social más amplia: mayor igualdad de oportunidades, mayor presencia y continuidad laboral de las mujeres, cambios en las expectativas sobre su liderazgo... Actualmente, la mayor parte de los puestos de dirección en centros educativos los estamos ocupando mujeres», valora la directora del San Isidoro a este periódico.
Esta maestra sostiene que la feminización de la docencia no garantiza que la dirección también lo esté. En este sentido, Lorena recuerda que «hace décadas» los hombres eran mayoría en estos despachos, al igual que ocurría en la Inspección Educativa. Por ello, la responsable del Colegio San Isidoro pone en valor los «factores de tipo cultural» que se han ido sucediendo para una buena aceptación del liderazgo femenino.
Cualidades para liderar
En general, estas directoras que sirven como muestra de las muchas que ejercen el cargo en toda la provincia leonesa, consideran que «las capacidades no tienen género» y que cualidades para coordinar, escuchar, tomar decisiones o asumir responsabilidad no son patrimonio exclusivo ni de hombres ni de mujeres. En cualquier caso, Raquel deja claro que ellas han demostrado en el aula su valía profesional y que, en consecuencia, es lógico que ostenten posiciones de mando en colegios e institutos.
Sin embargo, sí que pueden existir ciertas aptitudes que sean más próximas al liderazgo femenino. «Hay características como pueden ser el trabajo en equipo, la coordinación, la cercanía y atención a las familias, la gestión emocional, la construcción de consenso... que son importantes en el ámbito educativo y que quizás están presentes más habitualmente en estilos femeninos de liderazgo. Puede influir también la evolución que han vivido los centros educativos, desde modelos más competitivos y en los que se esperaba de la Dirección una autoridad más jerárquica y más marcada a modelos de funcionamiento más colaborativo. De ahí que cualidades que tal vez sean más propias de liderazgos femeninos hayan ganado reconocimiento», añade Lorena.
En cualquier caso, Lorena deja claro que ser hombre o mujer nunca es lo más importante para desempeñar un cargo directivo y que lo que verdaderamente prima es «poseer determinadas competencias y habilidades relacionales, organizativas y de liderazgo». En este sentido, esta docente sugiere que algunas de estas habilidades puedan ser «más frecuentes» entre el género femenino y que esto podría estar detrás de su presencia creciente en los despechos de dirección de los centros educativos.
Raquel también rechaza la idea de que «existan formas masculinas o femeninas de dirigir» y asegura haber conocido «grandes profesionales» de ambos sexos. De esta forma, la máxima responsable del Ponce de León considera que se trata más de cuestiones propias a cada individuo, ya que cada persona aporta su propia manera de entender el liderazgo».
Cercanía y escuchar
Por ejemplo, Raquel intenta ejercer una dirección «muy cercana» y para alcanzarlo solo hay un camino: «escuchar mucho, dialogar y tomar decisiones con sentido común y sensibilidad». «Tradicionalmente a muchas mujeres se nos ha educado para estar muy pendientes de los cuidados, de las relaciones humanas y de las necesidades de quienes nos rodean. Bien entendido, eso puede convertirse en una fortaleza importante a la hora de dirigir un centro educativo. Para mí, liderar no es estar por encima de nadie. Es intentar que cada persona pueda desarrollar bien su trabajo y que los alumnos reciban la mejor educación posible», expone esta leonesa como claves de éxito.
Por su experiencia en cargos directivos, ocupándolos desde 2009, Lorena también pone sobre la mesa «la sensación de que cualquier decisión implica una renuncia» en el plano personal y que eso requiere una gestión emocional por parte de la directora, jefa de estudios o secretaria. Así, esta profesional sí que considera que la mayor barrera con la que se ha encontrado es el «conflicto de roles» con cuestiones como ser madre o pareja de alguien. Un «esfuerzo adicional» por hacer compatibles distintas identidades y responsabilidades, dado que «la dirección de un centro educativo no termina cuando finaliza el horario establecido ni cuando sales por la puerta del colegio».
Barreras que persisten
Más allá de estas cuestiones más próximas al plano personal, Raquel añade que sería «poco realista decir que las cuestiones de género han desaparecido por completo» de su trabajo. «Las mujeres seguimos sintiendo, en muchos casos, una exigencia añadida: demostrar constantemente nuestra capacidad profesional y compatibilizar responsabilidades laborales muy exigentes con las responsabilidades familiares, que todavía recaen de forma desigual en muchas ocasiones. Más que grandes obstáculos concretos, hablaría de pequeñas inercias culturales que aún existen. Por eso es importante seguir avanzando hacia una igualdad real. No solo en las oportunidades para acceder a los cargos, también en las condiciones para ejercerlos», expone la directora del Ponce de León.
Por otra parte, están los compromisos intrínsecos al cargo, entre los que Lorena cita «burocracia, falta de tiempo, gestión de conflictos, relación con familias, escasez de recursos...». En cualquier caso, como su homóloga, la directora del San Isidoro advierte que persisten «algunos condicionantes relacionados con la conciliación y con expectativas sociales» que afectan a ellas más que a ellos.
Aunque quede todavía camino por recorrer, ambas directora ponen en valor estos logros en la enseñanza leonesa. «Recuerdo, por ejemplo, hace años cuando algunas familias preferían hablar las cuestiones relevantes con mi compañero, porque era hombre, antes que conmigo, a pesar de que la directora era yo. Parece increíble a día de hoy, pero son cosas que yo he vivido. Creo que afortunadamente hace décadas no es así, pero durante mucho tiempo la autoridad y el liderazgo estuvieron asociados, incluso inconscientemente, a modelos masculinos en parte de la comunidad educativa», relata Lorena.
Superado todo aquello y con la presencia de mujeres al frente de colegios e institutos ya plenamente normalizada en la sociedad leonesa, cada vez queda más claro que, en las aulas, mandan ellas. Directoras, jefas de estudio y secretarias que, día tras día, dan lo mejor de sí mismas para seguir mejorando el sistema educativo de la provincia.
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