"En Adamuz no ha habido rifirrafes políticos y eso ha hecho que toda la sociedad haya estado donde tenía que estar"

Entrevista a Jesús Fernández, leonés y obispo de Córdoba

22/01/2026
 Actualizado a 22/01/2026
El leonés Jesús Fernández es obispo de Córdoba desde el pasado mes de mayo. | CÉSAR SÁNCHEZ (ICAL)
El leonés Jesús Fernández es obispo de Córdoba desde el pasado mes de mayo. | CÉSAR SÁNCHEZ (ICAL)

Es leonés y desde el pasado mes de mayo es también el máximo responsable de la Diócesis de Córdoba, por lo que a Jesús Fernández le ha tocado vivir de primera mano la tragedia del accidente ferroviario que se produjo el pasado domingo en la localidad de Adamuz. 

– ¿Cómo ha vivido este suceso?
– Lo hemos vivido con mucho dolor, porque, además de las víctimas mortales, ha habido un tiempo largo de incertidumbre. De hecho, todavía la hay, porque algunos cadáveres no aparecían y se han ido encontrando entre los amasijos del tren. Entonces, toda esa espera de los familiares ha sido muy dura. Sin embargo, la parte buena ha sido ver la reacción de la parroquia y del pueblo de Adamuz, que ha sido muy rápida muy solidaria. Esa ha sido la parte buena, pero la triste es la enorme desgracia de esas 43 personas fallecidas.

– ¿Ha tenido contacto estos días con los heridos o con los familiares de las víctimas mortales? 
– Sí, he visitado el hospital y allí he estado sobre todo con los niños, que tienen fundamentalmente fracturas y estaban aparentemente tranquilos con sus padres, aunque también es cierto que desconocían aún que algún familiar ha fallecido. Por ejemplo, uno de ellos ha perdido a su abuela, pero aún no se lo habían dicho. Y el contacto con los familiares de los desaparecidos ha sido muy duro, tanto el mismo lunes a primera hora de la mañana en Adamuz como después en Córdoba, a donde fueron trasladados posteriormente. He estado con ellos, he hablado con ellos y la situación anímica era muy dura y estaba cargada de lágrimas y también de preguntas sobre qué les pudo pasar e incluso sobre inquietudes religiosas.

– Es fácil que se pregunten por qué Dios permite este tipo de situaciones. ¿Qué mensaje se les transmite?
– Siempre dentro del misterio que supone todo esto, porque ciertamente es un ministerio, intentamos que las personas afectadas vean que la fe es también una ayuda en este momento, porque Jesucristo sufrió más que nadie y de manera injusta en la cruz, pero ha resucitado y él está ahora mismo muy cerca de ellos, porque entiende a su dolor. A veces creemos que Dios tiene que estar para resolver nuestros fallos humanos, nuestras limitaciones, pero esto también nos enseña que somos limitados, que no somos dioses y que por lo tanto la muerte y los accidentes forman parte de nuestra vida. Eso lo tenemos que asumir de forma natural. Sé que no es fácil, pero es el mensaje que les hemos querido dar estos días, que deben tener confianza en Dios, que él no les abandona, que está cerca y que por eso le hemos visto presente, que no ha estado ausente, como algunos creen, porque ha movilizado los corazones de muchísimas personas. Hemos conocido a un joven de 16 años al que el rey haya felicitado por su ejemplo de madurez y su experiencia durante las primeras horas tras la catástrofe, porque estuvo hasta las tres de la mañana ayudando. Pero también ha habido otras muchas personas del pueblo que han colaborado, como ha sido el caso del párroco. Cuando hablé con él, justo después del accidente, ya había abierto las puertas de la Iglesia y ya estaba su Cáritas con alimentación, con bebida, con calefacción para los que tenían frío… Es la parte buena que todos tenemos ahí en el fondo, porque el amor de Dios nos mueve. Y eso se traduce en el consuelo y en la cercanía humana, que no se hace con muchas palabras, sino con cogerles las manos o darles un abrazo cuando has terminado de conversar con ellos. 

– ¿Cómo han colaborado a nivel de intendencia a la hora de atender a los afectados por el accidente?
– Como decíamos anteriormente, quiero destacar el trabajo de la institución más cercana a todos los ciudadanos y a todos los fieles, que es la parroquia, cuyo responsable movilizó desde el primer momento a los voluntarios de Cáritas y empezaron a actuar y llegaron al lugar donde se produjo el accidente. Y luego, en la ciudad de Córdoba, además de mi presencia desde el primer día, hemos movilizado a algunos sacerdotes para que estén cerca por si alguien les necesita y sobre todo para consolar a los familiares de los difuntos o a las personas ingresadas en el hospital. Fuimos a ver a los niños heridos acompañados por el gerente y allí estuvimos con nuestros sacerdotes, que siguen trabajando para todo el que necesite de nosotros o incluso adelantándonos nosotros mismos a consolar a aquellos que vemos en peor situación. Además, hemos estado en el centro cívico de Córdoba y nos hemos coordinado con el alcalde y con sus concejales, pero también hemos puesto todos nuestros medios a disposición de la subdelegada del Gobierno.

– ¿Ha recibido muchos mensajes desde León? Hay dos paisanos nuestros entre los fallecidos…
– Sí, he sentido la cercanía de nuestra tierra y he recibido mensajes de muchos sitios, sobre todo de Astorga, donde estuve de obispo, o de Santiago de Compostela, donde había estado previamente. Pero en general de todas las partes de España, incluso de Palma de Mallorca, desde donde su obispo me ha llamado y me ha comunicado la suspensión de las fiestas patronales, lo cual quiere decir que la repercusión ha sido enorme no solo en la provincia de Córdoba o en Andalucía, sino toda España y yo diría que incluso en el resto del mundo, porque el lunes a primera hora, cuando me acerqué a Adamuz, había periodistas de Francia, de Italia y de China.

– Se le ve especialmente satisfecho con la reacción de la sociedad…
– Sí, por eso quería felicitar a todas esas personas que han he estado tan cerca de los accidentados y también las instituciones, que han estado a una gran altura. La coordinación ha sido buena y todo el mundo lo reconoce. Por una vez, esperemos que sirva de precedente, no ha habido rifirrafes políticos y eso ha hecho que toda la sociedad, también la Iglesia, por supuesto, haya estado donde tenía que estar, que es colaborando con los afectados. 

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