Sobre el molino
Ubicado en la pradera del Junquillo, el inmueble se levanta sobre la denominada ‘Zaya de los Molinos’, principal canal hidráulico del valle del río Turienzo. Sus orígenes se remontan al siglo XVIII, época en la que la localidad valense llegó a tener hasta 16 molinos. En la actualidad, sin embargo, tan solo sobreviven cuatro.
Abel Lobato, uno de los promotores de la restauración del molino, señala que «después de décadas de desinterés público por conservar el enorme patrimonio hidráulico que existió en el Val, no podemos permitir que nuestro pueblo pierda uno de sus monumentos más importantes, emblema de la tradición molinera en toda la Maragatería y un pedazo de nuestra historia».
Este especialista en historia del arte insiste en que hay «algunos aspectos que hacen de este molino una construcción única, que lo convertirían en una opción turística y patrimonial diferente a las hasta ahora ofrecidas en la localidad». Por un lado, su valor histórico, ya que es el más antiguo de la población maragata y el único que trabajó el aceite de linaza en la comarca. Por otro, representa el reciente pasado harinero de la localidad, ya siguió funcionando hasta finales de los años 80 del pasado siglo. Además, destaca el valor etnográfico y cultural, ya que su maquinaria se encuentra casi intacta. Y en cuanto a su estructura, destacan detalles como el suelo empedrado del zaguán o el enfoscado tradicional de la fachada, donde aparece el grabado en una enigmática mano.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.