El fin de la renta antigua pone en marcha las mudanzas de los comercios históricos

Varios establecimientos emblemáticos de la capital se cambian de ubicación tras la liberalización total del mercado al caducar la moratoria de la ‘Ley Boyer’

D. L. Mirantes
05/01/2015
 Actualizado a 16/09/2019
Con el año nuevo murió la renta antigua. El día 31 de diciembre finalizaron los acuerdos de los inmuebles con contratos de alquiler anteriores a 1985, cuando el por entonces ministro de Economía, Miguel Boyer, decidiera terminar con la norma del 64, que blindaba los alquileres con una prórroga forzosa y de carácter vitalicio al precio entonces estipulado. Más tarde vino la moratoria de casi tres décadas. Ahora con el fin de la prórroga, la totalidad de los locales afectados quedan liberados y vuelven a estar en el mercado si las partes no llegan a un acuerdo para renovarlos contratos.

No obstante, este fin de la moratoria ha llegado "progresivamente", una especie de aterrizaje suave en las ciudades, como señalan desde la Cámara de la Propiedad Urbana de Léon.

La moratoria de la renta antigua afecta a, aproximadamente, un 3% de los locales de la ciudad Muchos inquilinos ya habían renegociado sus contratos a lo largo de estos treinta años, conscientes de que la moratoria tenía fecha de caducidad. No obstante, no todos han podido llegar a acuerdos satisfactorios, comercios que se han visto abocados al traspaso, al cierre o a la desparición. La renta antigua se ha convertido en un nuevo elemento que modifica el paisaje de la ciudad, ya que una gran parte de los establecimientos afectados pertenecen al sector del comercio tradicional. Tiendas con un valor histórico que por su modelo de negocio muchas veces se ven obligadas a desaparecer del casco histórico, a borrarse de la primer línea turística de la ciudad.

Es el caso de Perfumerías Villalón, en la Gran Vía de San Marcos, que tras más de 60 años de actividad en una ubicación "privilegiada" tendrá que reemprender su actividad en la calle Federico Echevarría, fuera del eje San Marcos-Catedral que le ha reportado grandes ventas, como explica la propietaria del negocio, Pilar Villalón, que espera poder abrir de nuevo en marzo, "antes imposible", porque tiene que mover muebles antiguos, macizos, hechos a medida para el local que ahora deja.

Precisamente esos muebles, junto con su trayectoria, fueron uno de los motivos que valoró el jurado del XVI Premio al Comercio Tradicional del Ayuntamiento de León que le fue concedido el pasado mes de octubre. No obstante, a pesar del reconocimiento, Pilar se muda con la sensación de que las administraciones no han "protegido" este tipo de comercio.

La Cámara de la Propiedad explica que el modelo de negocio debe ajustarse al local para que tenga éxito En este sentido, en algunas ciudades como Barcelona, asociaciones de comercios históricos han intentado presionar para que se bloqueen las licencias para algunos tipos de negocios en locales con décadas de actividad detrás de sus mostradores. Desde la Cámara de la Propiedad consideran que el objetivo es salvaguardar la imagen de la ciudad y que donde había una sastrería no se instale una multinacional de hamburguesas.Sin embargo, la injerencia de la Administración con este tipo de prácticas está lejos de la libre competencia y "podría ser tumbada por cualquier tribunal".

Existen otras opciones, señalan desde las organizaciones que defienden los derechos de los propietarios, como la negociación o un traspaso con nuevos empresarios, una especie de acuerdo a tres bandas.

Sin embargo, en el caso de Villalón no se llegó a negociar, la cifra de inicio que pedía el propietario era inasumible para el modelo de negocio de la Perfumería. Un situación a la que también ha tenido que hacer frente Pilar Roberto, de la sastrería Roberto, que siempre estuvo en la Calle Ancha y ahora está en La Rúa, en el emplazamiento que antes ocupaba otro establecimiento histórico: La más bonita. Pero, a pesar de cambiar de local, tendrá que pagar un precio mayor por el alquiler.

Sobre los precios, desde la cámara apuntan que la cuestión relevante es conocer ahora cuán lejos se han quedado los alquileres del valor actual del mercado. En ocasiones el precio se duplica pero sigue siendo viable para el inquilino porque el modelo de negocio es el adecuado. En otras ocasiones, el modelo de negocio no se ajusta por su márgenes de beneficio al local de primera línea y tienen que mudarse. También hay casos donde el alquiler se multiplica por diez, sin posibilidad de negociar.

La liberalización de los alquileres ha provocado que haya más candidatos para un alquiler en el precio de mercado y que el que quiera montar un negocio tendrá más donde escoger, lo que repercutirá en la bajada de las rentas. Sin embargo, lo que no se podrá conseguir ahora son precios de crisis para los próximos años, explican en la Cámara. Al arrendatario le conviene un contrato a largo plazo para tener estabilidad, pero negociar a más de 10 ó 12 años es díficil y normalmente, como mínimo, se contempla una subida en función del Índice de Precios al Consumo (IPC).

Negocios de clientela


Para fortuna de tiendas como Perfumerías Villalón o la Sastería Roberto, su explotación se basa en la clientela, consumidores fieles que vuelven por el "trato personalizado y los géneros", explica Pilar. Sin embargo, tanto los comerciantes como las inmobiliarias apuntan que para quienes quieran emprender un negocio parecido desde cero es imposible sobrevivir en esos locales con precios liberados.

Negocios que poco a poco, pero con un goteo constante han ido desapareciendo del paisaje de la ciudad. Sólo en la calle de La Rúa, entre el convento de las concepcionistas y la encrucijada con la Calle Ancha se cuenta 16 locales sepultados bajo jirones de carteles de todo tipo entre los que resalta el fosforito de "se alquila" o "se vende". La revalorización de los inmuebles, acompañada de la subida de los precios, puede ser el golpe de gracia para un pequeño comercio que la crisis ya había dejado con el agua al cuello.
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