El arte del bien escribir

Jesús G. Gigosos ya lleva 25 años dedicado de manera profesional a la caligrafía, ahora en su taller de Fresno de la Vega e impartiendo cursos en la Universidad de León pues, explica, "es cuestión de ir creando la necesidad"

Fulgencio Fernández
23/05/2021
 Actualizado a 23/05/2021
Jesús G. Gigosos en su taller de Fresno de la Vega, situado en las dependencias de la estación del Tren Burra, con algunos de sus trabajos. | MAURICIO PEÑA
Jesús G. Gigosos en su taller de Fresno de la Vega, situado en las dependencias de la estación del Tren Burra, con algunos de sus trabajos. | MAURICIO PEÑA
«¿Qué cómo empezó todo? Pues era todavía un niño y acudí a clase en León a las Anejas. Allí daba clase un maestro que no he olvidado, Elpidio Barriada, que nos dio unas máximas de buena caligrafía y a su vez me encontré con un viejo cuaderno de caligrafía, de aquellos del tipo Rubio, y comencé a practicar con gusto, dibujando las palabras a lápiz, después las perfilaba con un bolígrafo BIC, borraba el lapicero y las rellenaba». Así empezó todo, recuerda Jesús G. Gigosos, quien reconoce que aquella forma de hacer «era muy trabajosa y se hacía eterna». Por eso fue un verdadero hallazgo cuando «descubrí las plumillas de todo tipo y, cómo no, empecé a usarlas y a disfrutar».

Y ahora, muchos años después, Jesús G. Gigosos es un referente en León «en el arte de la buena letra», la caligrafía, a la que lleva 25 años dedicándose de manera profesional en su taller de Fresno de la Vega, en un edificio de la estación del histórico Tren Burra, además de impartir cursos en la Universidad de León, «de donde ya han salido un buen número de alumnos que practican esta técnica, algo que me parece muy importante pues es cuestión de crear necesidades». E ilustra con un ejemplo lo que quiere decir con esta expresión: «En 2019 acudí a Zaragoza a un encuentro de calígrafos, es creo la quinta ciudad más grande de España y no había ningún profesional de la caligrafía por lo que no entendían que se cobrara por ello, que fuéramos profesionales».Y en ese sentido se muestra satisfecho de la situación de este colectivo en León y de haber colaborado aella con los cursos que ha venido impartiendo cada curso en la Universidad de León. «Debo reconocer que sí me siento algo responsable de la afición que hay en León a la caligrafía. Vamos siendo cada día más, también se van incorporando muchos diseñadores a los que les resulta muy práctica esta técnica y vamos consiguiendo lo que te apuntaba, crear necesidades. Con los alumnos del curso incluso hemos realizado ya exposiciones». Jesús G. Gigosos lleva 25 años dedicado profesionalmente a la caligrafía, pero no se quiere olvidar de los que abrieron camino, aquellos que fueron pioneros en la provincia de León. «Hasta dondeyo conozco me parece importante recordar a los dos nombres que abrieron camino en los años 70 y 80, que fueron Rufino Cadenas y José Luis Vázquez, que trabajaba en un banco. Rufino todavía sigue en activo, con 81 años, y Vázquez creo que lo ha dejado y se centra más en seguir la carrera artística de su hija, la soprano Pilar Vázquez». Y extiende el repaso a otros colegas más jóvenes, como «Toño Gordón, el creador de El Escribano desde hace casi 20 años o Ricardo Escobar, que dibuja cómic; también Yolanda Espinosa, que vive por el Curueño y también pinta en piedras».Recuerda Gigosos la sorpresa de encontrarse un día en su curso con el pionero Rufino Cadenas y le dijo «no tengo nada que enseñarte de caligrafía» pero su pionero colega lo que quería era aprender de otro aspecto de esta técnica artesanal, los lazos y otros elementos decorativos.Ya lleva Gigosos 25 años dedicado a esta profesión que, en principio, no iba a ser más que un hobby ya que estudió en León la carrera de Veterinaria y la ejerció durante años como «veterinario de campo. En la facultad además de aprender las materias de la carrera desaprendí otras, como tener buena letra. Y es que salí de la facultad con la misma mala letra de todos los que tenemos que tomar apuntes a toda velocidad, por eso aclaro que la letra que tenga cada cual, la mía sigue siendo mala, nada tiene que ver con la buena caligrafía».

Como también explica que esta artesanía que se ha convertido en su profesión tiene otras bondades a mayores de su propia belleza, y recupera la frase con la que anima a participar en sus cursos de la ULE: «La práctica de la Caligrafía mejora la atención, relaja, fomenta el arte de la paciencia, mejora la autoestima, anima la creatividad... En poco tiempo puedes ver todo lo que eres capaz de hacer. Crearás tus propios diseños».

Gigosos-Moledo

Tiene además Gigosos otra ventaja añadida en su trabajo y es que su mujer, Olga Moledo, también se dedica a la artesanía, en el mismo espacio de las dependencias del tren Burra en Fresno de la Vega. «Olga se dedica fundamentalmente a la joyería artesanal, esmalte al fuego y arte textil, pero al margen de que nuestras técnicas se puedan complementar en determinados trabajos la mayor ayuda que nos ofrecemos es hablar, consultarnos el uno al otro, el valorar nuestros trabajos, verlos con cuatro ojos, que ya sabes el dicho».

Y allí quedan los dos. Cada uno a lo suyo que, curiosamente, es lo de los dos, y con muy buena letra.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído