El día que arda Riocamba... ha llegado

El incendio de Canalejas moviliza a los municipios del entorno de Almanza a una velocidad solo superada por la virulencia de las llamas

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17/08/2025
 Actualizado a 17/08/2025
Imagen nocturna del incendio que se desató este sábado en unas tierras de cereal en Canalejas. | LNC
Imagen nocturna del incendio que se desató este sábado en unas tierras de cereal en Canalejas. | LNC

El fuego siempre ha sido el lobo más temido del monte en las inmediaciones de Almanza. Durante generaciones, su nombre fue escuchado en los pueblos de la zona como la mayor de las amenazas latentes, como la batalla del Armagedón que algún mal día, de forma irremediable, esta pequeña comarca leonesa tendría que librar. Ese mal día terminó llegando el 16 de agosto de 2025, día de San Roque.

“El día que arda Riocamba…”, era una frase que cada vez que el paisanaje de la zona pronunciaba solo tenía que suspiros, un dique de miedos, entre sus puntos suspensivos. Este sábado fue el día que ardió Riocamba, un monte de 2.500 hectáreas, en su mayoría de pinares, en que las labores de repoblación posteriores alcanzaron una masa forestal superior a las 25.000 hectáreas en las tierras del Cea y del Carrión, entre las provincias de León y Palencia.

Las llamas, el punto final a esos puntos suspensivos, se iniciaron o las iniciaron en unas tierras de cereal de Canalejas poco después de las cuatro de la tarde. Enseguida, a una velocidad solo superada por la virulencia del fuego, este pueblo y toda la comarca se movilizaron para hacer frente a la eventual catástrofe. En menos de media hora desde la declaración del incendio se activó el nivel dos de alerta y también en menos de media hora aparecieron allí decenas de voluntarios de Almanza, Valderrueda, Prioro y otros muchos municipios de la comarca.

Hasta cinco helicópteros se afanaban en recargar agua y frenar la voracidad de las llamas monte a través, mientras que la red de voluntarios salvaba que la localidad de Canalejas fuese devorada por llamas que penetraban en casas y algunos solares. El pueblo fue evacuado, al igual que Calaveras de Abajo y Calaveras de Arriba, reubicándose los vecinos en instalaciones municipales en Almanza y Puente Almuhey. Una hora después también se desalojó Valcuende y La Espina, en una decisión que a medida que avanzaba la tarde también se tomó para varias localidades de la vertiente palentina.

Los bomberos y los equipos de extinción fueron llegando a Canalejas a cuentagotas ante el colapso provocado por una jornada con más de una veintena de fuegos activos solo en la provincia de León. En esas, con la ayuda de la amplia cadena de voluntarios, el pueblo se salvó a sí mismo a base de cabeza, corazón y cojones. Sí, de las tres. Los agricultores de la comarca improvisaron cortafuegos con sus tractores y la solidaridad vecinal contenía las llamas que un traicionero viento colaba entre las casas. A la par, lenguas de fuego avanzaban hacia Villalba de Guardo y Fresno del Río, ambos en Palencia, y cercaban Calaveras de Arriba.

Al tiempo que oscurecía y que el incendio se adentraba por Riocamba a los caprichos del viento, la llegada de más medios tomaba el control de la extinción y reemplazaba la acción de los voluntarios que inicialmente salvaron Calaveras de Abajo y Canalejas. Con la llegada de la noche, Calaveras de Arriba pasó a ser el principal foco de preocupación junto a la elevada penetración del fuego en la densa masa forestal.

Los desalojados pasaron la noche en el albergue de Almanza, en las escuelas de Puente Almuhey y en casas particulares de familiares o amigos de la comarca. Incluso, la residencia de ancianos de Guardo, con una atención excepcional y un gesto a la altura de las circunstancias, acogió a cuatro vecinos de edad muy avanzada.

La desinformación, como es habitual en momentos de crisis, también se propagó a lo largo de la tarde y de la noche. Bulos y chismes, tal vez ansias de algo más, que ni ayudaban a la extinción de las llamas ni a tranquilizar a los desalojados y que recuerdan por enésima vez que mantener la boca cerrada es a menudo una forma tan buena como cualquier otra de ayudar.

Esta crónica que nadie firma y en la que tampoco se menciona a persona alguna pretende reconocer la acción heroica de los centenares de voluntarios de la comarca que, cada uno a su manera, dieron lo mejor de ellos mismos en la tarde del sábado. Ninguna calle llevará jamás su nombre, ni el de quienes en los días previos hicieron lo mismo en otros muchos pueblos de León, y es probable que más pronto que tarde su actuación sea olvidada. Sin embargo, su lección de compromiso engrandece a una comarca y, de paso, a toda la raza humana. Cualquier gran gesta termina siempre por ser anónima. Que viva el pueblo, lo mejor que tiene España.

El monte es parte de parte del modo de vida de Almanza y sus alrededores, escenario de algunos de los mejores recuerdos de sus gentes, y este sábado, este mal día, fue protegido por sudor de los voluntarios y los profesionales de los equipos de extinción, las lágrimas de sus vecinos y quien sabe si la intersección de San Roque, que tiene una ermita a poco más de un kilómetro del lugar donde se inició el fuego. La jornada de hoy, este domingo, se presenta complicada: otro Armagedón contra el lobo fuego. El día después del día que ardió Riocamba.

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