Los días en el barco van tomando su rutina. Cata nos despierta cada día a las 6:30 por megafonía con la información de la actividad prevista para hacer fuera del barco, siempre que la climatología lo permita. El crepúsculo náutico es sobre las 23:45 y el comienzo de la hora azul, que es cuando se empieza a percibir algo de luz, es sobre las 2:00. Estamos todavía en primavera y no será hasta el solsticio de verano cuando los días pasen a ser de 24 horas. Para cuando ocurre el llamamiento de Cata, normalmente hay ya mucha actividad en el barco. Si hace buen día, desde nuestro camarote de popa se oye a la tripulación trabajando, descargando las zodiacs para el desembarco. Hoy puede que tengamos suerte.
El barco lleva seis zodiacs para permitir realizar los traslados con rapidez. En la Antártida un día despejado puede cambiar en cuestión de pocas horas. De hecho, hace tres días en Bahía Guillermina, el lugar donde hicimos el desembarco se cubrió rápidamente de grandes bloques de hielo y el grupo de Cata tuvo que buscar otra ubicación en la isla donde arribar las zodiacs y poder regresar al barco.
En cuestión de pocos minutos, añado alguna capa de ropa más y bajamos a desayunar al comedor. A continuación, Kate MacMaster, nuestra coordinadora líder, nos reúne en la gran sala para comentar las actividades previstas para el día. Solemos tener distintas actividades de trabajo, dentro del programa, repartidas a lo largo de la jornada. Por la tarde y casi a diario, el grupo de científicos argentinos amenizan el día con charlas sobre los temas antárticos que ellos dominan.
Los días transcurren muy pendientes de los partes meteorológicos de hielo y viento porque esto es lo que nos limita las salidas del barco. Hoy tenemos viento de 25 a 30 nudos y 15 grados bajo cero, nos han dicho que podemos salir.
La Antártida es el continente más frío, más ventoso y uno de los más secos del planeta. La circulación atmosférica presenta un diseño circular. Los fuertes vientos se suelen originar en el centro del continente desde donde se dirigen en dirección norte y noroeste y, por el efecto Coriolis –que es la fuerza que se produce debido a la rotación de la Tierra– adquieren esa componente circular. Los temporales de viento y nieve son frecuentes en esta zona del planeta. Los vientos pueden alcanzar los 200 km/h con rachas de viento incluso superiores. Nosotras ya lo hemos vivido. Hace un par de días, la previsión alertaba ya sobre un empeoramiento de la meteorología: se estaba acercando una gran tormenta de nieve con fuertes vientos que llegaron a alcanzar los 200 km/h. En poco tiempo la nieve cubrió completamente el barco, transformándolo rápidamente en una bella dama cubierta de hielo y nieve.
Cata nos informó que la gran cantidad de hielo en el agua dificultaba la navegación y que estaban tratando de llevar el barco a una bahía del estrecho Mac Farlene para guarecernos esa noche de la tormenta. Como ya ocurrió durante la navegación por el Pasaje de Drake, nos recordaron las medidas de seguridad, repetimos el simulacro de abandono del barco y, de nuevo, la doctora nos suministró la droga para que pudiéramos conciliar el sueño. Algunas noches desde la cama del camarote, se oye con nitidez cómo los hielos rozan lentamente el casco del barco. Es un sonido ronco sostenido en el tiempo y después viene otro y otro más. Algunos golpetean ligeramente el casco. Continuamos navegando, dejándolos atrás.
Aunque no tenemos mucho tiempo libre, cada vez que puedo suelo escaparme al puente. Desde allí, además de las espectaculares vistas, encuentro la respuesta a todas las preguntas que me surgen sobre navegación, las cartas marinas o los hielos. Es fantástico charlar con el capitán. Su nombre es Sergio Osiroff Calle, un argentino con ascendencia rusa que ronda los 60, con gran experiencia en la navegación por este continente. Le escucho atenta contar cómo en 1996 quedaron atrapados en el hielo durante 42 días en el Mar de Weddell. Su historia me lleva a las de los grandes exploradores polares, que también sufrieron el abrazo del hielo, dejando atrapado el barco y obligándoles a pasar el invierno aquí. De una manera o de otra, todos ellos fueron hechizados por la Antártida haciendo que volvieran una y otra vez hasta, en muchos casos, encontrar la muerte.
Estar aquí en este entorno tan hermoso y salvaje al mismo tiempo, te invita a la reflexión, a plantearte cuestiones que en el día a día no tenemos tiempo para hacer. Ese es nuestro trabajo, hablar, compartir, abordar los problemas desde distintos puntos de vista para buscar una solución. La riqueza del grupo está precisamente en su diversidad inherente, con mujeres de todas las partes del mundo y con un objetivo común: trabajar por el bien del planeta. Cada una por separado podemos emprender acciones y luchar por nuestras propias causas, más modestas, pero juntas seremos siempre más fuertes.
La expedición Homeward Bound es un programa mundial de liderazo femenino realizado en la Antártida para que puedan aportar conocimiento a los grandes desafíos del planeta concretados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el que participa la Universidad de León