No nació en León ni tiene aquí familia directa, pero pocas personas viven el ferrocarril con tanta pasión como David Gómez. Natural de Santurtzi (Vizcaya), decidió recorrer a pie los más de cien kilómetros que separan Guardo de la estación de Padre Isla para sumarse a la marcha organizada en defensa del regreso de Feve al centro de la ciudad. Una reivindicación que, en su caso, tiene mucho de personal y también de familiar.
Gómez es la cuarta generación de ferroviarios de su familia. Su bisabuelo, su abuelo y su padre trabajaron en los antiguos ferrocarriles de vía estrecha que más tarde quedarían integrados en FEVE, un vínculo al que también se suma la familia materna, con raíces en Salinas de Pisuerga, otra de las localidades atravesadas por la histórica línea de La Robla. "Desde pequeño he vivido ese sentimiento ferroviario como si fuera una gran familia", explica.
Ese vínculo terminó convirtiéndose también en su profesión. En 2010 formó parte de la primera tripulación del ’Expreso de La Robla’, el tren turístico que unía Bilbao y León. De aquella etapa guarda un recuerdo muy especial de la capital leonesa. Mientras que muchas noches dormían en pequeñas estaciones del recorrido, llegar a Padre Isla suponía un premio para toda la tripulación. "Era una fantasía", recuerda, por la posibilidad de descansar en pleno centro y disfrutar de la ciudad. Con la supresión de la línea entre La Asunción y Padre Isla, el tren turístico dejó de pernoctar en la histórica estación leonesa y pasó a hacerlo en San Feliz. "Pensábamos que iba a ser algo provisional por el proyecto del tranvía, pero han pasado quince años y sigue igual", lamenta.

Ese recuerdo fue uno de los motivos que le animó a participar en una marcha que, asegura, le ha dejado también otro aprendizaje. Durante los días de camino compartió kilómetros con antiguos ferroviarios ya jubilados que, pese a no tener ninguna obligación, decidieron caminar para defender la línea de FEVE. "Había gente que ya tenía la vida hecha y estaba allí todos los días. En cambio, echo en falta que las generaciones más jóvenes se impliquen más", señala.
La marcha también le permitió comprobar el respaldo encontrado en los pueblos por los que pasó la comitiva. Vecinos que salían a recibirles, ayuntamientos que facilitaron alojamiento o avituallamiento y voluntarios de la plataforma que acompañaron al grupo con vehículos de apoyo hicieron, asegura, que el recorrido fuera mucho más llevadero. A ello se sumó la presencia de la Guardia Civil durante el trayecto y una participación que fue creciendo a medida que la marcha se acercaba a León hasta desembocar en una llegada multitudinaria a Padre Isla. Entre quienes se unieron en el tramo final estuvo el exdirector general de Feve, Ángel Villalba, impulsor en su día del proyecto del tranvía, cuya presencia Gómez valora como un gesto de compromiso con una iniciativa que, a su juicio, quedó inconclusa.
Más allá de la reivindicación, Gómez cree que recuperar la conexión ferroviaria con el centro de León tendría utilidad para la movilidad diaria. Considera que facilitaría los desplazamientos entre la capital y municipios como Villaquilambre, ofrecería una alternativa al coche y mejoraría el acceso a los servicios para muchas personas mayores que viven en el entorno y dependen del transporte público. En esa línea, defiende que el tren-tranvía sería una solución viable, al tratarse de un sistema que ya funciona en otras ciudades y que, a su juicio, permitiría compatibilizar el recorrido ferroviario con la circulación urbana. A su juicio, el proyecto no supondría empezar de cero, sino completar una actuación que quedó a medias hace años. "Sería darle el colofón a un proyecto que ya está iniciado", sostiene.
Su visión parte también de la experiencia personal. Lleva cuatro años viviendo en Bilbao sin coche gracias a la frecuencia del transporte público y sostiene que este debe entenderse como un servicio y no únicamente desde el punto de vista de la rentabilidad económica. "El transporte público nunca tiene que ser algo de beneficio", afirma. En su opinión, favorecería una menor utilización del vehículo privado, contribuiría a reducir la contaminación y facilitaría la movilidad tanto en León como en los municipios del entorno.
Tras más de cien kilómetros caminando, Gómez regresó a casa con la satisfacción de haber contribuido a una reivindicación que considera necesaria. Porque, aunque no sea leonés, asegura que siempre ha sentido la línea de La Robla como parte de su historia y confía en que algún día los trenes vuelvan a entrar en Padre Isla, la estación que durante años fue para él y muchos ferroviarios la puerta de entrada a León.