Es sábado santo. El sacerdote sabio, fiel y preparado como pocos, D. Antonio,el “Querido Antonio” de tantos amigos y personas agradecidas que participamos en aquel homenaje, inesperado para él pero muy merecido, ha acudido con presteza y desapego a la llamada del Maestro para entrar en el propio descanso de Cristo en plena noche del Viernes Santo. Hasta en esa circunstancia el cristiano y el sacerdote ha culminado su identificación personal y existencial con el Señor de la vida y de la esperanza.
Cuando la Iglesia calla y medita en el silencio sacrosanto, en espera del anuncio de la resurrección, la Diócesis de León, su presbiterio y su obispo pierden a uno de sus más valiosos y esforzados trabajadores de la viña del Señor. Pero, en realidad, lo recuperamos aunque de otro modo, con la esperanza alimentada en la fe y con la mayor gratitud ante su vida y testimonio. Descanse en paz.
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