Una curación milagrosa y una casualidad intergeneracional para la graduación más emotiva de León

El director del Instituto Claudio Sánchez Albornoz descubrió que su hermano quedó sanado de la polio en 1951 gracias al bisabuelo de un alumno, que fue médico en Castrocalbón

05/07/2026
 Actualizado a 05/07/2026
Las familias de los protagonistas de la historia se reunieron en el acto de graduación de los alumnos de Secundaria. | L.N.C.
Las familias de los protagonistas de la historia se reunieron en el acto de graduación de los alumnos de Secundaria. | L.N.C.

La provincia de León está repleta de historias de lo más singulares que no siempre son conocidas. En ocasiones, incluso, ni siquiera se llegan nunca a revelar y otras solo lo hacen por sorprendentes casualidades. En este último grupo se enmarca la anécdota que protagonizó la reciente graduación de fin de curso de los alumnos de Secundaria del Instituto Claudio Sánchez Albornoz.


El bisabuelo de uno de los estudiantes que finalizaban la ESO, Lucas Riesgo, curó de poliomelitis, enfermedad más conocida como la polio, al hermano del director del instituto. Fue el propio José Antonio Crespo, quien está al frente del Claudio Sánchez Albornoz, quien reveló esta coincidencia, desconocida hasta entonces y ante la sorpresa generalizada, en la ceremonia de graduación del pasado 19 de junio.


Tal y como relata el director de este instituto leonés a este periódico, la recuperación de esta historia surgió de una conversación con la familia de Lucas cuando quería confirmar el apellido del estudiante para una excursión. José Antonio preguntó a la madre del alumno, Ruth La Fuente, por si el primer apellido de su hijo era Riesgo o Riesco. A partir de ahí, en presencia también de la abuela del recién graduado en ESO, se desarrolló una conversación que terminó por unir los caminos de los interlocutores. «Su madre contestó que Riesgo, procedente de Asturias, a lo que yo respondí que por la zona de la Valdería existe el apellido Riesco. Entonces, la abuela materna me preguntó: ¿En qué pueblo? En Nogarejas, contesté yo. Anda, pues en la Valdería estuvo mi padre de médico... Anda, ¿y cómo se llama su padre?, pregunté yo. Luis, contestó ella», recuerda el máximo responsable del Claudio Sánchez Albornoz.


Según compartió en su discurso de la graduación de los alumnos de Secundaria, este intercambio de preguntas y respuestas sirvió para que José Antonio recordase una historia familiar, anterior incluso a su nacimiento, de cuando su hermano fue salvado de la polio de un modo que se podría considerar milagroso. Cuando Santiago, el hermano mayor del director del instituto, tenía poco más de un año habría sido diagnosticado de la enfermedad y solo la rápida intervención del médico de Castrocalbón logró sanar al bebé.

Según José Antonio Crespo, el médico habría curado a su hermano con una mezcla de sangre de sus progenitores


A ese médico en los pueblos de esta zona de la provincia le conocían como don Luis, el mismo al que hizo referencia la abuela de Lucas. «Cuando mi hermano mayor tenía 14 meses, octubre de 1951, la bisabuela Nicolasa avisó a mis padres de que Santiago, al levantarse de la siesta, parece que no movía el brazo derecho. Ese es uno de los síntomas de una enfermedad llamada parálisis infantil o poliomielitis, que estaba causando que muchos niños y niñas quedarán paralíticos de un brazo o de una pierna para toda la vida y para la que todavía no se había descubierto la vacuna. Mis padres actuaron con diligencia y llevaron a mi hermano a un joven y afamado médico que estaba en el cercano pueblo de Castrocalbón. Él, después de observar los síntomas y consciente de que en aquella época todavía no había vacunas ni otros sistemas eficaces, para tratar esta enfermedad le practicó una sencilla intervención médica, consistente en extraer un poco de sangre del dedo índice de mi madre y mezclarla con sangre del dedo índice de mi padre e inoculársela en el cuerpecito de mi hermano», manifestó José Antonio en su intervención en la graduación del Claudio Sánchez Albornoz.


Santiago llevó una vida normal 


No hay evidencia científica alguna de que esta práctica médica a la que se refirió el director del instituto en la graduación sirva para curar la polio; pero, a juzgar por las versiones de las dos familias protagonistas de esta historia, sí que funcionó con Santiago a mediados del siglo pasado. José Antonio también reconoce que no sabe de otros casos de curación de la polio por el sistema de don Luis, pero lo cierto es que su hermano «se curó completamente sin tener síntoma alguno ni repercusión a lo largo de toda su vida, siendo entre otras cosas un excelente guitarrista».


Consciente de que las buenas historias son siempre las que dejan las enseñanzas más valiosas, el director del centro educativo compartió esta casualidad intergeneracional con los alumnos que finalizaban la Secundaria. «A menudo pensamos que las grandes cosas son fruto de grandes acontecimientos, cuando en realidad muchas veces nacen de pequeños detalles, de la atención que prestamos a nuestro trabajo, de la responsabilidad con la que actuamos y del compromiso con los demás. Aquel médico no sabía que décadas después alguien recordaría su nombre en un acto de graduación. Él simplemente hizo lo que debía hacer, pero lo hizo con profesionalidad, con compromiso y poniendo todo su conocimiento al servicio de los demás. Ese buen hacer dejó una huella de gran trascendencia en mi familia», añadió José Antonio.


"Cerrar un círculo"


Cuando el director del instituto preguntó a su madre, Plácida García, por cómo se llamaba aquel médico que curó a Santiago y le respondió «don Luis», sintieron «cerrar un círculo». Cuando las dos familias se encontraron en la emotiva ceremonia del Claudio Sánchez Albornoz, «reunidas por la huella que hizo una persona que hizo bien su trabajo», dejaron una valiosa enseñanza sobre la «dedicación y atención a los pequeños detalles» a toda la promoción, la trigesimosexta del instituto del número uno de la avenida Mariano Andrés, que finalizaba los estudios de Secundaria.


Plácida, a sus 95 años, o el propio Santiago, ya con 76, asistieron a este acto en el que pudieron coincidir y conversar con los descendientes de aquel médico de Castrocalbón. Lucas recibe ahora, décadas después, enseñanzas del hermano de aquel niño a quien don Luis curó y del resto de profesores del instituto que dirige. Una reinterpretación amable de la ley del talión para convertirla, generaciones después, en un ‘favor por favor’ que se materializa cada día en las aulas del Claudio Sánchez Albornoz.
 

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