Así, tanto los electores ya conscientes del cambio de sede electoral como los que acudieron a la habitual y fueron derivados pudieron sumergirse por unos minutos en una atmósfera marcadamente oriental.
Un gran farolillo rojo daba ya la bienvenida a los votantes, mientras accedían al recinto por unas escaleras, en el inmueble que acogió durante décadas la Escuela de Minas de León. Una vez dentro, el hall habilitado como espacio para acoger las cabinas y las mesas con las papeletas electorales ofrecía a los inusuales visitantes un mosaico de objetos y referencias alusivas al gigante asiático, que también se repetían en el interior de las aulas. Libros, jarrones, tacitas de té, esculturas, objetos decorativos y otros elementos alusivos a la cultura china presidían una, cuando menos, vistosa e inusual sede electoral.
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