“La curva de la población reclusa en León ha entrado en una fase de ascenso acelerado que amenaza con quebrar el sistema penitenciario en el centro”. Es la afirmación que hizo este lunes la Agrupación de Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip) tras constatar que en un año se ha pasado de 840 a 1100 internos, en una prisión “en continuas obras de mejora y con dos departamentos cerrados”. “La sobreocupación cada vez es mayor, y el resultado es que la excepción se ha convertido en norma”, señalan en un comunicado.
Acaip detalla que la mayoría de las celdas albergan dos presos, disparando la tensión y dificultando cualquier labor de tratamiento y reinserción. La prisión de León, añaden, “alberga una diversidad étnica, racial, cultural y religiosa sin precedentes, donde la sobreocupación hace muy difícil la convivencia diaria”.
En un contexto de aumento de población reclusa, apuntan, “esta mezcla se convierte en un multiplicador de la conflictividad” y se generan incidentes y peleas continuas, como la ocurrida este viernes pasado en un módulo ordinario de la prisión con 72 plazas y 100 internos, donde hasta 15 presos tuvieron que ser aislados inicialmente, aunque finalmente fueron tres, y dos trabajadores resultaron heridos al intervenir en dicho incidente, si bien fuentes penitenciarias aseguran que solo hubo un trabajador herido.
Acaip León alerta de que “la Administración no está dotando a los trabajadores de las herramientas ni de la restructuración de plantillas necesaria para gestionar esta nueva realidad” y añaden que “la convivencia se ha vuelto mucho más compleja y frágil; los incidentes y las agresiones no son hechos aislados, sino la consecuencia directa de meter a más personas, de perfiles más diversos, en menos espacio”.
A la tensión en los módulos, señalan, se suma una crisis sanitaria que está alcanzando niveles “inasumibles”, ya que solamente se cuenta con tres médicos de los que diez que debería haber según la Relación de Puestos de Trabajo. Sin médicos que supervisen tratamientos y sin una atención primaria real, “la prisión se está convirtiendo en almacenes de patologías mentales desatendidas, lo que deriva en brotes de violencia que sufrimos los trabajadores a diario”, concluyen.
