Bienvenidos a la Universidad de TikTok

Por Sofía Morán de Paz

14/06/2026
 Actualizado a 14/06/2026
Bienvenidos a la Universidad de TikTok | L.N.C.
Bienvenidos a la Universidad de TikTok | L.N.C.

En este momento de mi vida tengo una relación de amor-odio con las redes sociales. Siempre que hablo de esto con mi marido, él me contesta rotundo: «Sofía, las redes sociales son lo peor», pero me lo dice mientras desliza el dedo por la pantalla de su móvil, pasando de un video a otro sin llegar a ver nada en realidad. Ya saben a lo que me refiero. Las contradicciones del ser humano.


Les confesaré que visito Instagram casi cada noche, fotos y reels de mis grupos de música favoritos, las historias de mis amigos y esas cuentas de humor, creativas e ingeniosas, que me arrancan una carcajada y consiguen vaciarme la mente al menos durante un rato, que buena falta me hace. Soy disciplinada e intento no salirme de ahí, siempre con el firme propósito de educar al algoritmo para que no me enseñe todo lo demás, la cloaca, las mentiras, la basura.
Porque tengo claro que las redes sociales son en realidad lugares inhóspitos donde se multiplican los discursos machistas y de odio, se normalizan muchos tipos de violencia y se viraliza la falsa divulgación. Ese lugar en el que te encuentras, casi sin querer, con un montón de anormales de todo tipo y condición dando lecciones de casi cualquier cosa. ¿No me creen? Prepárense que empezamos.


Un gurú de la nutrición que asegura que es exactamente lo mismo comerse dos donuts que dos plátanos, que no deberíamos comer frutas, ni verduras, ni carbohidratos, ni semillas, sólo proteína, más bien carne y poco cocinada. Otra, antivacunas de libro vendiéndote su receta de vida. Un corte de un podcast donde un iluminado asegura que el 91% de los hombres que se quitan la vida han ido a terapia y que, por tanto, la terapia no funciona para los hombres. Dice él, rotundo, muy convencido.


Pero es que luego me salta otro que explica que las mujeres después de los 40 dejamos de ser útiles biológicamente y que ya servimos para poco. Y lo dice así, sin vergüenza, sin despeinarse si quiera. Vídeos que me ha regalado el algoritmo esta semana y que cuentan con miles y miles de likes. Y la culpa es mía, que abrí la caja de Pandora buscando un vídeo de Marcos Llorente, el deportista de élite con más de dos millones de seguidores en Instagram, el futbolista de las gafas con cristales amarillos que se hace viral cada dos por tres con sus historietas sobre su «particular» estilo de vida. La última, aconsejando no utilizar ningún tipo de crema con protección solar, asegurando que la piel debe acostumbrarse al sol porque así se fortalece y bla bla bla, cuñadismo va, cuñadismo viene, negando además con toda su jeta la directísima relación que existe entre el cáncer de piel y la exposición continuada al sol.


Él, que luce bronceado caribeño todo el año, y que, desde ese lugar de puro privilegio, nos aconseja «exponerte a los amaneceres y las primeras horas de sol cada día para preparar la piel» y no quemarte cuando llegue el verano.
Qué divertida además esta gente que no vive en el mundo real. No sabe este como tengo yo los amaneceres, corriendo como loca para que los niños lleguen a tiempo al colegio, y la jornada maratoniana que viene después.
Qué quieren que les diga, el acceso constante a la información, un poquito de la universidad de TikTok, otro poco de Instagram, y el resto de la licenciatura en YouTube, nos hace creer que sabemos más que nunca, que yo también me he sentido criminóloga y de la policía científica después de ver algún documental sobre el CSI.


Y es que sería hasta divertido si no fuera un puto peligro que personas sin ningún tipo de estudio superior relacionado con las ciencias de la salud, lancen este tipo de discursos que llegan a tantísima gente.

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