La bandera de Clavijo volverá a ondear este fin de semana en Astorga con motivo de La Zuiza, la procesión histórica que la ciudad maragata celebra cada tres años y que rememora la batalla de la localidad riojana. La cita reunirá música, salvas, castañuelas, tamboril, autoridades, representantes del Ralca 63, damas y maragatos en una celebración que combina devoción, memoria e identidad.
El acto central tendrá lugar el domingo 14 de junio, a partir de las 11:00 horas, con la salida de la procesión desde la Plaza Mayor en dirección a la Catedral. Allí, a las 12:00 horas, se celebrará una misa con la correspondiente ofrenda. Posteriormente, a las 13:00 horas, la comitiva regresará también en procesión hasta la Plaza de Santocildes, donde se rendirá homenaje a los caídos. Tras la eucaristía tendrá lugar, además, el tradicional reparto de pan y vino.
En esta edición, el Pendón de Clavijo estará acompañado por la Imperial Orden del Pendón de San Isidoro, otro estandarte histórico al que, al igual que al de la localidad riojana, se rinden honores militares. Antes de la procesión, a las 10:45 horas, frente a la puerta del Ayuntamiento, se entregarán placas condecorativas a los agentes de la Policía Local que participaron en las labores de auxilio y emergencia durante la Dana de Valencia.
La programación comenzará ya el sábado 13 de junio, con la recepción oficial en el Ayuntamiento de las personas llegadas desde Clavijo, prevista para las 13:00 horas. Por la tarde, a las 19:00 horas, tendrá lugar el pregón de La Zuiza por las calles astorganas. La jornada se cerrará a las 23:00 horas con un concierto de flamenco íntimo a cargo de Carlos Pérez.
Tradición con raíces en el siglo XV
Más allá de la programación festiva y ceremonial, La Zuiza hunde sus raíces en la historia de Astorga. Su origen se remonta al 15 de julio de 1465, cuando el rey Enrique IV creó el Marquesado de Astorga en la persona de Álvaro Pérez Osorio, conde de Villalobos, a quien distinguió como ‘alférez del Pendón de la Divisa’. Esa dignidad lo convertía en portador de la bandera en caso de guerra, siguiendo una tradición familiar vinculada a la custodia del pendón de la batalla de Clavijo.
Según la memoria histórica conservada en la ciudad, el estandarte fue guardado durante siglos en la torre de Astorga como símbolo de la grandeza del linaje y como testimonio de una gesta considerada, dentro de la tradición, uno de los hitos fundacionales de la Reconquista y del vínculo entre el Reino de León y el Camino de Santiago.
Uno de los primeros actos del nuevo marqués fue otorgar a la ciudad su nuevo señorío y encomendar a la ‘Justicia y Regimiento de la Ciudad de Astorga’ la custodia de la bandera. A partir de entonces, el municipio asumió el compromiso de guardarla, venerarla y organizar los ceremoniales correspondientes. El pendón se conservaba en una arqueta cerrada con tres llaves y solo podía salir de ella para los actos de especial solemnidad, siempre con los honores que hoy son propios de los capitanes generales.
La ceremonia incluía el traslado procesional hasta la Catedral, donde el Cabildo recibía la bandera en el atrio. Allí se desarrollaba una liturgia cargada de simbolismo: el portador del pendón ocupaba un lugar destacado y recibía una ración de pan y vino, tradición que ha llegado hasta la celebración actual.

Los honores y la memoria
Para la procesión, el marqués designaba al portador de la bandera y la ciudad organizaba su escolta. La Zuiza estaba integrada por vecinos de la ciudad, cirios encendidos y hombres de los gremios del trabajo vestidos de zuizones, que recorrían las calles con música, salvas de arcabucería y pólvora en honor al pendón. Aquellos alardes llegaron a impresionar tanto a la población que el nombre de Zuiza terminó identificando al conjunto de la ceremonia.
El recorrido seguía la línea de calles del Camino de Santiago hasta la Catedral y, posteriormente, regresaba al espacio civil de la ciudad, en un ceremonial que unía poder municipal, tradición religiosa y memoria histórica.
Con el paso de los siglos, la bandera sufrió un importante deterioro. Entrado el siglo XVI fue necesario elaborar una réplica en cuyo interior se cosieron y conservaron los fragmentos originales. La tradición se mantuvo hasta la Guerra de la Independencia y, posteriormente, el municipio continuó rindiendo honores al pendón. En 1948, en un acto solemne de restauración, los paños originales fueron extraídos de la réplica y depositados entre cristales lacrados y sellados en la histórica arqueta que los había custodiado durante siglos.
Hoy, los restos de la bandera original de la batalla de Clavijo se conservan en Astorga en una arqueta de madera de unos 300 años de antigüedad, junto a documentos y sellos acreditativos.
Hermanamiento con Clavijo
La tradición contemporánea de La Zuiza se recuperó hace cerca de tres décadas gracias a la Cámara de Comercio y al Ayuntamiento de Astorga, de común acuerdo con el Obispado. Aquella recuperación supuso también el inicio del hermanamiento con la localidad riojana de Clavijo, unos lazos que ambas localidades han ido estrechando año tras año.
Actualmente, el acto está organizado por el Ayuntamiento de Astorga y constituye una de las celebraciones históricas más singulares de la ciudad maragata, tanto por su ceremonial como por el peso simbólico de un pendón que, siglos después, sigue saliendo a la calle entre honores, música y memoria.