De Argelia a Ceuta y, ahora, pastor en las montañas de Riaño

Tayeb, de 24 años, no olvida el día que llegó nadando, exhausto, a las costas de Ceuta en diciembre de 2025 y, aunque hizo el trayecto de noche, las gaviotas avisaban de su presencia

23/08/2026
 Actualizado a 23/08/2026
Tayeb en las praderas de la majada de Las Pintas, en las que se puede ver la necesidad de un agua que se anuncia tan cercana como necesaria.| F. FERNÁNDEZ
Tayeb en las praderas de la majada de Las Pintas, en las que se puede ver la necesidad de un agua que se anuncia tan cercana como necesaria.| F. FERNÁNDEZ

Cuando Óscar, el pastor principal de la majada de Las Pintas, en el municipio de Crémenes, dice que «estas praderas piden agua» su ayudante, el argelino Tayeb, sonríe porque a él «el agua» le trae otros recuerdos no tan agradables como va a ser el agua que se anuncia para los prados y pastos. 

Tayeb, de 24 años, argelino de la localidad de Batna, recuerda estos días cómo él también llegó a nado a las costas de Ceuta. Lo tiene tan presente que cuando le preguntas si recuerda cuándo y cómo te lo cuenta con pelos y señales: «Llegué a Ceuta (y hace una parada como si quisiera que repares en la ciudad) el 19 de diciembre de 2025. Venía de Morocco (Marruecos), donde había llegado desde mi país, Argelia». 

Y recuerda con más precisión la larga y extenuante travesía a nado. «Estuve cinco horas nadando sin parar, de noche, para recorrer alrededor de 16 kilómetros pues no podíamos venir en linea recta, para que no nos descubrieran». Plan que creyó que se podía ir al traste cuando ya cerca de la playa, con las primeras luces del día, se dio cuenta de que grandes bandadas de gaviotas volaban sobre ellos. «Temimos que su presencia, sus ‘gritos’ se convirtieran en un aviso para la guardia civil... pero todo acabó bien».   

El joven argelino le llama acabar bien a su deambular cargado de miedo hasta que ya en Algeciras «encontré a mi primer gran amigo, un asistente social de Cruz Roja que me llevó a un centro de acogida» e inició una largo proceso en el que aún sigue, ya con contrato de trabajo y esperando que en septiembre finalice todo su proceso de regularización. «Cuando en septiembre todo esté bien yo me quedo para siempre, de pastor, con Óscar, mi jefe bueno», dice en un castellano que parece casi imposible que haya podido aprender en bastante menos de un año que lleva en España.

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Tayeb con dos de los ocho mastines que tienen en el rebaño de Las Pintas, que cuidan el argelino y el leonés Óscar. | FULGENCIO FERNÁNDEZ

- ¿No sabías nada de español cuando llegaste a Ceuta?
- Nada. Bueno, nada de nada. 

Y encontró la posibilidad de trabajar como pastor de un rebaño de ovejas de la Fundación Monte Mediterráneo, con el que ha subido desde la provincia de Huelva hasta la majada de Las Pintas, en Salamón.

- ¿Qué tal se te da lo de ser pastor?

Tayeb mira para ‘su jefe bueno’, Óscar, como si no fuera él quien debe responder a esta pregunta. Y el de Valderrueda asume el reto: «Es  tan listo para ser pastor como para aprender a hablar español. Aprende rápido y bien, es trabajador y muy educado. En el pueblo están encantados con él...».

- Y yo con los del pueblo, me tratan muy bien, todos son muy amables conmigo. 

Una convivencia en la que ayer mismo Óscar impartía un taller de cómo hacer queso. «Por supuesto gratuito, faltaría más, según nos han acogido». Y es que el pastor de Valderrueda dice que «ya tengo muchos tiros pegados, en muchos oficios. Tuvimos el bar junto a la carretera, fui albañil unos cuantos años y pastor de cabras unos cuantos más, esto no me pilla de nuevas. Y hacíamos quesos, artesanos de verdad». 

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Tayeb con Óscar, de Valderrueda, al que llama «el jefe bueno» y que algo sabe de pastor pues tuvo cabras y ovejas durante 25 años. | FULGENCIO FERNÁNDEZ

Tayeb escucha y sonríe mientras juega con los perros, especialmente con los careas: «Tenemos ocho mastines y cuatro careas». Y espera tener todo legalizado, en regla, para poder regresar sin problema a ver a sus padres en Argelia. «Somos cuatro hermanos. En España solo estoy yo, de los otros uno está en Alemania, otro en Canadá... y mis padres en Argelia, nada más que pueda voy a verlos, cuando tenga todo en regla aquí». 

- Yo me quiero quedar aquí para siempre, con mi jefe bueno; repite mirando hacia Óscar.

El llamado ‘jefe bueno’ agradece sus palabras, habla maravillas del chaval, de su educación y buen carácter y, sobre todo, de sumarse a un trabajo cuyo mayor problema es, precisamente, encontrar pastores. 

Y señala ‘el jefe’ cómo el rebaño ha abonado la pradera. «Para el año que viene verás la hierba que sale... Y como verás, aquí de fuego nada, el terreno está limpio».

Con lo que sí hay problema, explica Óscar, «es con los lobos, decidlo por favor, que se nos está metiendo hasta el chozo, es increíble».  

 

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