La Coordinadora en Defensa del Territorio Arba ha emitido un comunicado de prensa en el que alerta sobre el proyecto presentado por el Gobierno Central, dentro del plan de la Red Europea de Operadores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E), para construir una nueva central hidroeléctrica reversible en el Valle del Curueño. Situado en la Montaña Central de León y bautizado literariamente como ‘el río del olvido’, señalan que se trata de "un espacio natural protegido por sus grandes valores entre los que destacan varias especies protegidas, espectaculares hoces calizas, bosques de ribera y pueblos tradicionales que ahora se ven amenazados por la construcción de este injustificado proyecto que tendrá como consecuencia la destrucción de todo el valle. Apoya la lucha por la vida".
Desde Arba matizan que no es solo el Curueño, apuntando que “el Gobierno, a través del MITECO, y dentro del ‘Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía’, ha adjudicado el estudio para el desdoblamiento de cerca de 40 pantanos ya existentes, entre ellos el de Bárcena y el de Riaño, lo que supondrá, de llevarse a cabo, la destrucción de más zonas con alto valor ecológico”.
En este sentido, se pregunta "¿Cuanta energía eléctrica necesitamos y para qué?". En 2025, argumentan, “teníamos instalados 147 GW para un consumo medio de 27,5GW (+1,5 GW de pérdidas en la red) y unos picos de consumo de unos 41 GW. Por tanto, tenemos un exceso de capacidad instalada. ¿Necesitamos más energía eléctrica en un contexto en el que es indiscutible que hay sectores que no se podrán electrificar, por lo menos en las próximas décadas (transporte aéreo, minería, transporte marítimo a grandes distancias, agricultura, etc.), y que el consumo de nuestras sociedades sigue estando basad casi en un 80% en combustibles fósiles?".
La Coordinadora va más allá, y apunta que si estamos produciendo mucha más energía eléctrica de la que podemos consumir, "¿para qué son estos proyectos? ¿Para estabilizar la red eléctrica ante la falta de sistemas de estabilización en los grandes macroparques fotovoltaicos, propiedad de las eléctricas, a las que no se les han exigido implementar estos sistemas?”. Asimismo, cuestionan si “¿Pagaremos nosotros con nuestros impuestos, y el medio ambiente con su destrucción, la factura de estos macroproyectos para beneficio de las grandes empresas de siempre? ¿Como es posible que los mismos que en los últimos años han defendido- con buen criterio- demoler antiguas presas y recuperar la vida de decenas de ríos, ahora planteen lo contrario? ¿Tendrá algo que ver que los dos tercios de los fondos para la transición ecológica han acabado en los bolsillos de las eléctricas, y el tercio restante en los de las constructoras?".
En definitiva, concluyen, "tenemos que salvar el planeta de aquellos que quieren salvar el planeta".
