Algunos se arrodillaron en posición de súplica, veían inevitable la muerte

Relato desde el corazón del fuego de un momento trágico, salvado in extremis

Carlos Cuenya
19/04/2026
 Actualizado a 19/04/2026
Además de las dantescas escenas que vimos aquellos días hay historias que rozaron la tragedia, como la que nos recuerda Carlos Cuenya en Riaño . | BRIF
Además de las dantescas escenas que vimos aquellos días hay historias que rozaron la tragedia, como la que nos recuerda Carlos Cuenya en Riaño . | BRIF

En Casasuertes se iba a desarrollar una peripecia que no acabó de milagro con la vida de nueve jóvenes ganaderos de la Comarca. En la mañana del día 16 el ganadero Héctor Canal sube con su yegua hasta el alto Casasuertes a buscar sus  vacas. No ve más fuego que muy arriba en las Hoyas del Serrón. Se asoma al collado que separa Valcarque (Casasuertes) de Susiellas (Portilla de la Reina) y no ve ni fuego ni vacas. Cuando baja hasta la caseta de Montó se encuentra con Mario, Víctor y Sergio que habían llegado a ayudar desde Riaño. Poco después llegan desde Acevedo Javi, Juan Carlos, y dos ganaderos asturianos, más Nandi, que se había sumado desde Cuénabres. Nueve personas en total.

Suben todos a la majada de Valcarque y las vacas no aparecen por ninguna parte. Deciden quedarse Héctor y Nandi y seguir buscando las vacas valle arriba por lo que mandan a los demás hacia abajo. Cuando el grupo de los siete sale de la hayeda a la majada de Montó comprueban con horror que no hay salida. Eran las tres y media de la tarde del día  16 de agosto. Todo el alto Casasuertes estaba ardiendo. El fuego había pasado por la collada de la Cruz desde Portilla y en dos horas había invadido el valle entero cruzando de lado a lado por todas partes: están atrapados.

Vuelven para arriba por la vereda del Corralón con el humo ya envol- viendo el valle entero. Salen a la majada de Valcarque y Héctor y Nandi han encontrado un grupo grande de vacas, de las que 38 iban a dejar la vida aquella misma tarde en la Majada de los Cantos, pasto del fuego. 

Arrancan todos valle arriba pero son conscientes de que el fuego ya viene asomando por lo bajero del valle. La idea es cruzar a Valdeón y por el valle de Prada intentar bajar a Posada, pero para pasar a Valdeón les queda un larguísimo camino; y además hay que tirar de 50 vacas y hay que cruzar un collado a casi 1900 metros de altura. En el medio del camino el único punto de seguridad posible es la majada de los Cantos. Se trata de un peñasco calizo rodeado de camperas que quizá les dé la oportunidad que necesitan para dejar las vacas. Van subiendo como pueden, reventa- dos del esfuerzo, muertos de calor, y lo más preocupante, asfixiados por el humo y con el fuego ya pisándoles los talones. Las llamadas constantes al 112 no dan resultado. 

Mientras tanto, abajo, en Casasuertes el pueblo había sido ya evacuado y todo el mundo era consciente de la gravedad de lo que podía estar pasando arriba.
Fernando Moreno, uno de los je-  fes del operativo, intenta subir con el coche pero no puede pasar de Prado Mayor. Solicita un helicóptero de rescate y baja a la Vega para hablar con Juan Manuel, al que encontró reventado en la cama después de haber doblado turnos. Juanma le dice que «si los jóvenes siguen vivos» solo pueden estar en la majada de los Cantos.

Sale desde Vegacerneja el helicóptero con el piloto y Fernando a bordo,  en dirección a esa majada de los Cantos que puede ser el único refugio, pero van volando entre el humo, prácticamente a ciegas. En una aclarada del humo ven a todo el grupo, rodeados ya por el fuego y algunos de rodillas con las manos entrelazadas en posición de súplica, en una escena que me recuerda mucho al rescate de los supervivientes de la Tragedia de los Andes.

El helicóptero baja como puede pero sólo puede cargar a tres personas. Suben uno de los asturianos, Nandi y Sergio. Abajo quedan otras cinco personas, porque Héctor, al oír llegar el helicóptero, había arrancado con la yegua a pasar por los collados hacia Valdeón. El helicóptero deja a los tres salvados en la Vega (Vegacerneja) y vuelve a por los demás. 

Se retoma la búsqueda. En la primera pasada no les ven. Imaginaros la an- gustia de los de abajo, han pasado de largo, es fácil intuir la desesperación en una situación ya de por sí desesoerada. En la segunda pasada del helicóptero se despistan con el humo y se pasan al lado de Valdeón, donde ven a Héctor refrescando la yegua en una poza. Vuelven ya más orientados y encuentran al grupo pero el piloto valora que ya no hay tiempo para hacer dos portes.

 Hay que elegir entre subir todos, sobrepasando la capacidad del helicóptero. o dejar allí a morir a alguien.

Cargan a los cinco en unas condiciones de total inseguridad, incluso Fernando se ofrece a quedar él e intentar pasar a Valdeón andando pero el piloto se niega. Con siete personas a bordo el piloto consigue coger un aire favorable y les saca de allí a todos sanos y salvos hasta los prados de Vegacerneja.

Así fue la peripecia del 16 de agosto de 2025. Cuando nueve personas volvieron a nacer y una comarca entera respiró.
 

Carlos Cuenya, maestro en el colegio de Riaño, firme defensor de su tierra, está publicando en la Revista Comarcal una serie pormenorizada sobre cómo fueron los incendios del verano en la comarca, en los que siempre estuvo en primera linea. Recogemos el relato de un momento especialmente dramático, que pudo convertirse en una verdadera masacre.

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