“Es la segunda vez que vengo a montar aquí, a las avionetas”, cuenta Susana Vélez desde lo alto de su silla de ruedas, en declaraciones a La Nueva Crónica. “Mi primera vez fue hará año y pico y, aunque al principio me dio un poco de medio, porque la sensación de seguridad es diferente a la de un avión, me gustó. Me gustó mucho”, relataba a media mañana a la espera de una jornada “agradable”.
Como Susana, muchos, en su mayoría en silla de ruedas adaptada a sus diferentes condiciones de movilidad. Como la de Saturnino Robles, que recuerda la primera vez que montó en aeroplano fue acompañado de Jesús Calleja, veinte años atrás. Ahora repite, de una forma muy distinta. “Ya he volado, ya…sí, fuimos a Avilés y fue una experiencia preciosa”, recuerda para agregar que, “con el día tan bueno que hace” la de este jueves probablemente también lo sea.
También está el caso del leonés Luis Alberto, que va todas las veces que puede. Le encanta surcar los cielos y cuenta que es una oportunidad preciosa para aquellas personas que, en su día a día, cuentan con serios problemas de movilidad. “Yo ya he montado unas cuantas veces y ha sido normal, no noto ya la diferencia entre estar de pie y volando”, comenta orgulloso para añadir que es algo muy “gratificante” sobre todo para quienes no pueden andar. “Pero bueno, ya sabes, es la vida y aprendes a levantarte”, zanja sin perder la sonrisa.
Se trata de un evento que cuenta con una gran acogida entre los participantes puesto que, según ha explicado el subdelegado del Gobierno en León, Faustino Sánchez, la mayoría de los presentes ya habían estado en otras ediciones y, por gusto, repiten. “De hecho, ya se ha quedado como actividad permanente del centro”, apunta Sánchez. “Es una de las actividades que más están arraigadas de las que programa el CRE de San Andrés debido a la tremenda ilusión que les hace a los usuarios. Es una actividad altamente demandada y no es sólo lúdica sino también terapéutica”, apunta.
Un viaje que ha encandilado a Anuar, de origen marroquí: “Deseaba subir otra vez porque es la cuarta vez que vuelvo y cuando más vuelvo más ganas tengo de volver”, se ríe recordando que al principio tenía miedo, pero que esta vez no quería bajar del aeroplano.
En definitiva, todo un éxito que, desde la organización, aseguran que quieren convertir en tradición para que los usuarios se olviden, al menos por un ratito, de las barreras a las que se enfrentan en su día a día.
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