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"Los mismos que robaban el pan en las cuencas mineras lo roban hoy"

"Los mismos que robaban el pan en las cuencas mineras lo roban hoy"

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Fulgencio Fernández | 26/10/2020 A A
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"Los mismos que robaban el pan en las cuencas mineras lo roban hoy"
Cultura Abel Aparicio acaba de publicar ‘Dónde está nuestro pan’, tres novelas cortas de ficción con base real, muy desconocidas y olvidadas y con gran presencia de mujeres en las cuencas mineras del Bierzo en la posguerra
Abel Aparicio había cultivado la poesía, el relato periodístico, el de viajes —en bicicleta, una de sus pasiones— y en alguno de esos paseos fue conociendo pueblos, gentes, historias, que le engancharon. Como las que fue conociendo al recorrer el río Tremor, tan desconocidas como singulares, con tintes épicos y muchas olvidadas mujeres. Decidió contarlas y nacieron tres novelas cortas que agrupó en ‘¿Dónde está nuestro pan’, que es el título a su vez de la primera de las historias.

– Mujer y mina, es el denominador común de los relatos de ‘¿Dónde está nuestro pan?’; ¿qué te lleva a ellas?
–A la mina varias cosas. La primera, el recuerdo de una conversación en la cocina de mis abuelos paternos en 1992 en la que se hablaba de que los mineros habían cortado la N-VI durante las movilizaciones de ese año, cuando la A-6 aún no estaba abierta. La memoria es caprichosa, yo de aquellas tenía 12 años, pero nunca se me olvidó. La segunda, la bicicleta de montaña y cada rincón que con ella recorrí desde Brañuelas y Manzanal hasta Igüeña y Espina, creo que no me quedó ni un punto de la cuenca del Tremor por recorrer.

–¿A la mujer como protagonista?
–creo que pasar muchas horas de muchos días con mi abuela materna me ayudo a conocer la labor silenciosa (e indispensable) que hacen las mujeres, ya sea en el campo o en la mina. Conocer a Aurora, minera de Almagarinos, hizo el resto.

–El primer relato, que da título al libro, recrea el proceso judicial que se sigue contra unas mujeres que reclaman el pan de su cartilla de racionamiento que les ha sido arrebatado, en 1941. Parece una batalla perdida, pero la ganaron, ¿sólo se pierden las batallas que no se luchan?
–De eso no tengo duda, un grupo de treinta y nueve mujeres en 1941 tenían muchas posibilidades de que les raparan la cabeza y les dieran aceite de ricino, pero se atrevieron. Hoy se nos insiste en que no hay nada que hacer, pero no es cierto. Los trabajadores de Alcoa, por poner un ejemplo, siguen con su batalla, de lo contrario, ya podemos ir bajando la persiana.

–¿Quién nos roba hoy nuestro pan?
–Los mismos que lo hacían en las cuencas mineras lo están haciendo ahora. El problema es que, entiendo, aquellas mujeres y hombres tenían conciencia de clase y sabían quiénes les robaban el pan. Hoy, que un trabajador que recibe un salario de 750 euros vea como enemigo a otro trabajador por ser de distinto color o distinto país, vote a partidos que redactaron la brutal reforma laboral o admire a evasores fiscales y a explotadores nos hace más débiles.

–Son historias de ficción con base real ¿En qué o en quién te inspiraste para perfilar los personajes?
–En el primer relato, en las nietas de mi suegra, las veo potentes luchadoras. En el segundo, en un grupo de amigos que se juntan a cenar todos los domingos en el restaurante de Brañuelas, merece la pena conocerlos. En el tercero, en la familia de Aurora y quizá un poco en mí, hay quien dice que yo soy uno de los personajes.

–El segundo rtelato, ‘Tren 485’, recupera el asalto y robo de un tren después de la guerra, en octubre de 1939, a cargo de republicanos huidos.
–Se inspira en el segundo asalto a un tren en España en cuanto a dinero que se intentó sustraer (127.451 pesetas de la época) y es totalmente desconocido, tanto en la zona en la que se produjo como en el resto del país. Si hay algún director en la sala, de ahí bien pudiera salir una película o una serie. Ocurrió aquí, en León, pero como de tantas cosas, no nos enteramos.

– En ‘La línea’, el tercer relato, se intuye la figura de Libertad Aurora, minera de Almagarinos y presente en la fotografía de la portada, ¿qué te llamó la atención de Aurora y de las mujeres mineras de su relato? ¿hay demasiadas biografías olvidadas de manera injusta?
–En un reportaje sobre Aurora ya dije, y lo mantengo ahora, que no todos los héroes llevan capa, que también hay heroínas y mineras, que viene a ser lo mismo. En cada pueblo, en cada barrio, hay decenas de ejemplos. El problema es que pocas veces escuchamos a nuestros y nuestras mayores

–Un relato en el que también aborda la emigración, como la propia Aurora, que se fue a Euskadi.
–Aurora y tantos otros. El llamado tren de La Robla sabe muy bien a cuánta gente llevó. Yo tengo vecinos y amigos del pueblo que se han ido, aquel tren no solo llevaba carbón, abría un camino hacia tierras con más trabajo.

–Un concepto muy presente en tu libro es la dignidad, ¿tanto la echas de menos en la actualidad?
–No hace tantos años la venta de una vaca se firmaba en las ferias dándose un apretón de manos, ahora hace falta un papel firmado y aun así, se intenta trampear. Dirigentes sindicales y políticos de barricada, a los que se les exige más que al resto, son fácilmente sobornables. Sí, hace falta dignidad.

–Has dicho barricada y Barricada, el grupo musical, aparece en las novelas, también Gatillazo, grupos contestatarios. Además de los músicos, ¿qué papel crees que deberíais tener los escritores actuales?, ¿se echa de menos la voz de los poetas en estos tiempos?
–Me decía un amigo que actualmente no hay muchos grupos de música combativa. Barricada, Reincidentes, Boikot, La Raíz, Los Chikos del Maiz, entre otros, son más necesarios que nunca. Con la poesía o la novela, laliteratura en general, pasa lo mismo. Ahora que está tan de moda hablar de «el relato», o lo ganamos, o dentro de unos años nos dirán que ser de ultra derecha es ser antisistema, y eso sería la derrota eterna. Me quedo con una frase, ni paz entre clases ni guerra entre pueblos. Todas las personas, como hizo la familia de Aurora, deben saber cuál es su sitio. Por eso su padre, su madre y su tío no votaron lo mismo que el jefe que los explotaba.
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