Leer este tipo de libros en tiempos de pandemia es tentar al destino, ya que la historia de la Europa del S. XX, incluyendo nuestra guerra civil y las dos guerras mundiales, es una tarea de titanes, que, al final se ve recompensada por la enorme cantidad de nombres importantes que aparecen, la cantidad de música clásica, y el engranaje de unos hechos que condujeron al mundo hacia la invención de la bomba atómica, poniéndolo al borde de la total destrucción. Sin duda, el autor participa de una idea que Kafka expresa de este modo. «Un escritor que no escribe es un absurdo que desafía a la locura» (p. 195).
Inclasificables, el libro y el autor, y tan solo al alcance de alguien a quien le rebosa la información, la historia, la música, la ciencia, y en general: la cultura. Y que necesita compartirlo con los demás, tal vez como un tributo a la suerte que le ha deparado la vida, al permitirle conocer de cerca tanta maravilla. Un camino que va desde el cebollín al que nos enviaban deniños a ‘escardar’ a Villahibiera, y la dulzaina de Quirico (al tambor Fausto el de Quintanas) hasta la Praga de Alfred Einstein, Malher, Kafka, Mozart y Max Brod. Casi nada. Aunque, a Quirico, de vez en cuando, se le mojaba la ‘payeta’.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.