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A la tercera generación, va la vencida

A la tercera generación, va la vencida

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Toni Rubio, el tendero de Carbajal de Fuentes, en la que ha sido su ‘oficina’ durante 36 años y la que ahora ha cerrado para jubilarse. | T.G. Ampliar imagen Toni Rubio, el tendero de Carbajal de Fuentes, en la que ha sido su ‘oficina’ durante 36 años y la que ahora ha cerrado para jubilarse. | T.G.
T. Giganto | 12/01/2020 A A
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A la tercera generación, va la vencida
Sur de León Toni Rubio se jubila y con el inicio de una nueva etapa en su vida llega otra también nueva para su pueblo, Carbajal de Fuentes, que se queda sin tendero y sin tienda tras tres generaciones de la misma familia tras su mostrador
Suena el timbre. Toni se levanta del sofá de su sala de estar donde, con las piernas cubiertas con las faldas de la mesa camilla al calor del brasero, leía hasta hace un momento un libro cuya historia queda interrumpida. Sale a la puerta y es un vecino:

– Buenas tardes, Toni, hombre... Vengo a por algo de fruta, que llegaron los nietos y no tenía para que merendasen. Ya sabes, vienen y nunca avisan...
– Tranquilo y pasa, sin problema.

Esta escena se ha repetido en casa de Toni Rubio toda la vida como buen tendero que ha sido en Carbajal de Fuentes donde ha regentado durante los últimos 36 años una tienda de ultramarinos. A esas cuatro décadas hay que sumar que cuando Toni nació, la tienda ya estaba y es que el oficio de tendero lo heredó de su padre, a quien él sucedió en el mismo mostrador como su padre hizo también siguiendo los pasos de su madre. Esta es la tercera generación dedicada a la venta minorista en la misma familia, pero a la tercera va la vencida y tras 95 años ha tocado echar el cerrojo. Toni se ha jubilado y no hay relevo.

El 31 de diciembre de 2019 fue el último día que abrió la tienda de Carbajal de Fuentes. En su mostrador se amontonaron los recuerdos y en las baldas apenas quedaba ya género más allá de unas pocas conservas, algún gel de ducha y unos cartones de leche... Muchos barruntaban que por su edad ya tenía que estar cerca de la jubilación y otros lo intuían porque últimamente ya no había tanta mercancía en los estantes. Las despedidas llevan sucediéndose una tras otra en los pueblos durante las últimas décadas, y cuando uno no dice adiós a una vecino joven porque se va en busca de trabajo es porque se lo dice a uno mayor que va camino del cementerio. Aún así uno no se acaba de acostumbrar a ese «hasta siempre» que anuda gargantas y cierra estómagos. Quizá por eso Toni aguardó al último momento para anunciar que cerraba su tienda. «Lo empecé a decir unos diez días antes, no sabía ni cómo decirlo», reconoce en el transcurso de una conversación amena en la que está más que curtido tras tantos años del otro lado del mostrador.

«Extraño un montón la tienda», dice Toni sentado a escasos metros de ella y a pocos días de haberla cerrado. «Ahora de momento me estoy reubicando, cuesta mucho el cambio pero aprovecharé el invierno para leer y después ya veré qué hago pero cuando empiece el buen tiempo habrá que hacer algo de deporte y quizá algún curso», cuenta con unas baldas repletas de libros a su espalda que dan fe de su pasión por la lectura. «No hay como una buena historia para abstraerse de la realidad y de los problemas a veces. Me encanta leer para documentarme y conocer cosas nuevas y ahora aprovecharé para hacerlo más a menudo», afirma. También aprovechará ahora para viajar por León, una provincia que le encanta y que conoce bien gracias a las muchas escapadas que ha hecho por ella al igual que se escapa a la capital leonesa de vez en cuando para ver los partidos de la Cultural.

El gusto por la lectura y la práctica continuada de la conversación convierten a Toni en un buen contador de historias y para hablar de su tienda se remonta a 1925. «Mis abuelos paternos, Catalina y Antonino, eran de Gordoncillo. Él era practicante. Vinieron a vivir a Carbajal de Fuentes y una vez se asentaron aquí abrieron la tienda de la que se encargaba mi abuela como también ella se hacía cargo de labrar la huerta, de atender a los animales y de desempeñar las tareas domésticas», relata el recién jubilado tendero de Carbajal de Fuentes. Al fallecimiento de sus abuelos, fue su padre, también de nombre Antonino, quien se hizo cargo del ultramarinos cuyo relevo cogió él en 1984.

– La mercancía que se ha ido vendiendo ha cambiado mucho a lo largo de los años. Recuerdo ver de pequeño telas, calcetines, galochas, zapatillas... Venía todo a granel, hasta el aceite. Y ahora ya todo viene empaquetado y con fechas de caducidad y la venta ha ido quedando prácticamente reducida a la alimentación y a la droguería. Cuando yo empecé no había supermercados y era otra forma de vida.

Cuando Toni se hizo cargo del negocio familiar acababa de aprobar unas oposiciones para el Cuerpo Civil del Estado pero superar todos los exámenes no le garantizó una plaza de trabajo con que se decantó por hacerse tendero. «Yo creo que las cosas al final pasan por algo en esta vida», dice satisfecho con la decisión que tomó en su día. «Estoy muy agradecido de la gente porque siempre me han respetado y valorado mucho y con su apoyo he podido llegar hasta este momento de la jubilación», asegura anhelando buena salud para afrontar esta nueva etapa de su vida.

El 31 de diciembre cerró la tienda de Carbajal de Fuente por jubilaciónToni sigue echando la vista atrás y se para en el año 2000. Con el cambio de milenio se planteó echar el cerrojo a la tienda. «Por aquellas vivía mi padre y le vi que se puso muy triste con que al final decidí seguir adelante con el negocio para no darle un disgusto. Lo hice por nostalgia y por mi padre», cuenta. Tristeza y pena también ha sentido él estos días al materializar aquella decisión que ya rondó su cabeza hace un par de décadas. «Pero más triste es que tengamos los pueblos como los tenemos», lamenta él, que si quiere tener cobertura en el móvil tiene que salir a buscarla a la puerta de la calle. «O se implican de lleno las administraciones para hacer algo o esto se acaba vaciando, no sé cuándo pasará pero esto se vacía, ¿eh? Mira, leí no sé donde hace no mucho que 257 pueblos iban a tener banda ancha en León y resulta que Carbajal no estaba en la lista. Unos sí y otros no. ¿Con qué criterio?», se pregunta Toni sin entender a qué se debe la condena a muerte de los pequeños pueblos. En Carbajal de Fuentes cuenta que vivirán durante todo el año entre 40 y 50 personas y bastantes menos lo hacen en Fuentes de Carbajal, el otro pueblo con el que conforman el municipio. «A esto le veo mala solución», afirma con rotundidad antes de echar mano ala memoria para dar con el año en el que se cerraron las escuelas. «Nada, no me acuerdo. Yo las conocí abiertas y fui a ellas pero ya hace muchísimo que cerraron», dice. El médico acude a Carbajal una vez a la semana. «Estamos ya dentro de una espiral de cada vez menos, y entre menos hay, menos habrá», lamenta.

Con los 65 años ya cumplidos, Toni tomó la determinación de la jubilación por ser este «el momento oportuno». «Con los cambios de normativas de la Seguridad Social era este el momento. Uno ha sido esclavo de su trabajo y muy responsable y luego resulta que solo te dejan una migaja. El autónomo solo tiene derecho a pagar. Esto es así», dice Toni antes de volver de nuevo a contar cómo fue el último día que tuvo su tienda abierta antes de iniciar la jubilación.

– Vino mucha gente a despedirse el día 31 de diciembre. Muchos se echaban a llorar. Una familia vino entera. El matrimonio, los hijos, los nietos, todos...
– Normal. Muchos años aquí con la puerta abierta todos los días.
– Sí.

Y Toni enmudece. Es el turno de la emoción y cuesta contener las lágrimas. En los estantes casi vacíos de su tienda ahora ya solo queda espacio para los recuerdos.
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