A tomar las aguas en la calda

La última de La Nueva Crónica

28/09/2026
 Actualizado a 28/09/2026
A tomar las aguas en la calda
A tomar las aguas en la calda

Durante muchos años, décadas, el único lujo que se permitían las mujeres del campo (y no todas), después del duro verano de trabajo era «ir a tomar las aguas a la calda». 

Con el tiempo a la calda le llamaron balneario y sus aguas calientes se convirtieron en fuentes termales, pero no borraron aquellas leyendas de un caballo reumático y viejo que se detenía a beber en el manantial de alguna calda y mejoraba de manera casi milagrosa de aquellos andares tristes. Las aguas de la calda... si sanaban a un caballo qué no harían.

Era un lujo cercano. Había caldas de Cofiñal u Oseja de Sajambre a Ponferrada, Parada Solana, Boñar, Tabuyo, Villanueva de la Tercia, Morgovejo, San Adrián o Getino... hasta ellos llegaban aquellas mujeres destrozadas por el sol, el viento, el arado y ordeñar las vacas a mano para aliviar los dolores de una vida encogida y una espalda doblñada. Creían en aquellos baños impares, hablaban maravillas de sus efectos...

Pero, tal vez por ser terapia de pobres, los dejaron derrumbarse, uno a uno, más de dos docenas que ofrecen estampas de terror, olvido y ortigas.      

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