Aparca mal, con todas las justificaciones que tengas, y no tardará en aparecer quien te lo recrimine y amenace con llamar a la autoridad. La autoridad siempre «nos pone».
Al inicio de la pandemia un hombre paseaba habitualmente a su hijo, con problemas de salud que requieren el paseo diario y desde las ventanas le llamaban de todo por lo que tuvo que solicitar amparo de la sensatez.
A veces la vida es como parece. Jetas hay, esa raza y las ortigas no se extinguen jamás. Igual que hay quien toda la vida fue a la compra con su carrito y su perro y no necesita de la mascota para justificar su presencia por las calles en días de sospechosos habituales. Somos muy de maliciar.
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