El síndrome postprocesional

La última de La Nueva Crónica

09/04/2026
 Actualizado a 09/04/2026
El síndrome postprocesional. | SAÚL ARÉN
El síndrome postprocesional. | SAÚL ARÉN

Esta sociedad moderna tiene síndromes para todo, por suerte. Escribo por suerte pues entre soltar la pareja de las vacas y dejar el arado clavado a la tierra para ir a parir en casa y tener el síndrome postparto es mucho mejor lo segundo, sin lugar a dudas, por mucho que haya gente que le cueste entenderlo.

Por suerte, entre estar dos meses en un barco camino de hacer fortuna en Ultramar y desayunar en Madrid y cenar en Buenos Aires, por mucho que haya ‘jet lag’, es mejor pasar ese ‘jet lag’ que incluye la tontura de no llamarle descompensación horaria, no vaya a ser que crean que fuiste en carretillo.

Mucho mejor, en fin, tener el síndrome postvacacional que morirte como tantos de nuestros abuelos sin saber lo que son unas vacaciones más allá de ir un día a las caldas de San Adrián, las de Nocedo o las de Villanueva de la Tercia, por citar las que tengo más a mano, que cada uno de vosotros tendrá las suyas, que hubo balnearios por toda la provincia y ya no queda ninguno; a decir verdad queda uno, en Caldas de Luna; y medio en Getino.

Pues habrá que crear el Síndrome de las Procesiones (para ellos es la foto) pues después de levantarse cada mañana camino de las procesiones y volver cada noche regresando de las procesiones habrá miles de leoneses que habrán despertado desubicados, con descompensación no solo horaria, también humana, y sin saber a dónde ir, sin que haya un sonido de cornetas y trompetas que guíe sus pasos hacia el Camino de Emaus, que así deberían llamar estos días a la Calle Ancha y las cercanas del centro y casco viejo de la ciudad.

Los de Genarín no cuentan, que esos no cuentan con el fervor divino ni el favor legionino. 
 

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