Reconozco que los nuevos códigos culturales me descolocan mucho. Estaba disfrutando en la feria medieval con una conversación sobre si el bichejo que nos miraba fijamente era búho o lechuza cuando un chaval, niño más bien, espabilado de los que se le nota a distancia, irrumpió en la escena y terció con opiniones indescifrables para mí: «Es Hedwig, es Hedwig», repetía con entusiasmo.
Ante mi cara de despiste, que lo debía decir todo, me llegó el reproche: «¡Papa! Harry Potter».
Lo entendí todo sin entender nada, pero aquel Harry Potter abrió a la conversación a mundos impensables de aquellos chavales que descartaron que fuera Hedwig porque «la amiga de Harry era una lechuza y éste es un búho».
Y en diez minutos descifraron todos los códigos de los búhos. No era lechuza por los ojos amarillos, que los tienen los búhos.
Y resultó que también de los búhos charlaban los chavales en clave cinematográfica, en este caso a través de una serie,Twin Peaks, en la que el enigma, el secreto de la misma, viaja en las alas de este pájaro y ni siquiera David Lynch lo desvela.
Y nosotros pensando que después de Rodríguez de la Fuente, el amigo Félix, no existía ninguna forma de entender la naturaleza.
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