No hay actividad humana —la divina no la controlo y el Papa está operado— en la que no aparezca alguien que llega diciendo la matraca del «en mis tiempos» para, a continuación, soltar un sartenazo a quienes por allí andan.
Alguna de las más repetidas matracas por los viejos practicantes de los aluches en la era a los jóvenes luchadores sobre cuidados corros de hierba son aquellos que rematan el «en mis tiempos...» con «luchábamos sobre la nieve o sobre piedras» o «no había todo este cuento de las rodilleras, las tobilleras, los masajes... lo que arreglara Isidro El Curandero de Boñar y a correr», que es tanto como decir y «a luchar».
Hace unos días aparecía en este periódico una entrevista con El Rápido, viendo la imagen de hoy es inevitable recordar aquellas artesanales rodilleras que se hacía el de San Cipriano con las cámaras de ruedas de bicicleta, para espanto de los médicos, que le insistían en que «te va cortar la circulación». Pero él no se apeaba de aquel invento que, por cierto, le llevó a ganar decenas y decenas de corros.
Javi Ponga, Ponguina, también patentó una fórmula para bajar peso cuando se pasaban en la báscula. Con el calor de agosto (o julio) se metía en el coche, ponía la calefacción a tope y a sudar... «Será antihigiénico, antinatural, antisalud... lo que quieras, pero eficaz y cómodo también».
Y otras muchas que os podría contar del «en mis tiempos...», solo con los arbitrajes de Miguelín y El Suave habría para un libro. O una enciclopedia.
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